No podemos vivir en Dios y en la mentira

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Lectura Biblica: Efesios 4:25

Introducción

Dios no acepta al mentiroso en su Reino. La mentira es un pecado muy grande que nos aleja irremediablemente del camino de Dios y de los hermanos. Porque Él es la Verdad misma que vino a revelarnos al Padre.

Por esto debemos esforzarnos en vivir en la verdad, a imitación de Cristo nuestro Maestro. De hecho, si nos llamamos a nosotros cristianos y no cumplimos los mandamientos, ya estamos en la mentira.

I. Unidos en la verdad (vers. 25)

Si no desechamos la mentira, y caminamos en la verdad, nos estamos haciendo mal a nosotros mismos. Porque si le mentimos al hermano, que es miembro nuestro por el bautismo, nos estamos mintiendo a nosotros mismos. Tan fuerte es la unión que nos da la fe, que nuestros pecados afectan a toda la comunidad. Pero especialmente la mentira debe ser desechada, porque nos aleja de Dios que es la única Verdad.

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II. Salmo 101:7

El Señor abomina del que profiere mentiras. No permitirá que habitemos en su morada si nuestra lengua tiene doblez. Por esto, buscar refugio en el engaño es privarnos del refugio de Dios. Muchas veces mentimos para salvar nuestra imagen, pero a Dios que todo lo ve no podemos mentirle.

Cuando mentimos intentamos quedar bien ante los demás. Puede ser por aparentar lo que no somos, como también por resguardar nuestra imagen de una humillación. Otras veces mentimos con una malicia mayor, para confundir al prójimo y hacerlo errar.

Si obramos así, en lugar de parecernos a Dios, nos parecemos al enemigo (Juan 8:44). Estamos obrando como obra el diablo, que es mentiroso desde el principio. Por esto es tan contrario a Dios, que se halle el engaño en nuestros labios. Es un vicio muy fuerte, que debemos arrancar de raíz para que no nos lleve a la perdición.

III. La Verdad es Cristo (Juan 14:6)

Cuando nos alejamos de la verdad, nos estamos alejando de Cristo mismo. Es similar a alejarse del amor, ya que Dios también es amor (1 Juan 4:8). Por eso es un pecado tan grave la mentira, porque nos aleja de la esencia divina y expulsa al Espíritu Santo de nuestra alma.

Nuestro gozo como cristianos debe ser vivir en la verdad.

Juan 10:32 Cristo nos revela al Padre. Ésta es la máxima verdad, opuesta a la máxima mentira que es la negación de la existencia de Dios. Como seguidores de Jesús, en Él debemos hallar el antídoto contra el veneno del engaño. En la medida en que nos acerquemos más a nuestro Señor, estaremos más alejados del padre de la mentira.

Si dejamos que la mentira se adueñe de nuestro corazón, cada vez nos será más difícil reconocer el rostro de la verdad. Incluso se tergiversa la visión que tenemos de nosotros mismos. Nos creemos discípulos de Jesús, pero en realidad estamos viviendo un discipulado del engaño.

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III. No cumplir los mandamientos es mentirnos como cristianos (1 Juan 2:4)

Si afirmamos que Jesús es nuestro Maestro y que somos hijos de Dios, debemos cumplir la ley que nos muestran los mandamientos. Si no lo hacemos, no estamos siendo fieles, y la infidelidad es mentira. No conocemos verdaderamente al Señor si no observamos la Ley que da vida. El Espíritu Santo no puede habitar en nuestra alma y por lo tanto estamos lejos de la verdad.

El vivir de manera deshonesta nos desacredita como seguidores de Jesús. Por lo que no sólo nos hacemos mal a nosotros mismos, sino que además somos piedra de escándalo para los que no tienen fe. De esta manera nos comportamos como asesinos de la fe que quiere brotar en los que no creen. Es un pecado muy grave, porque acarrea la perdición de los demás que dejan de creer por nuestra causa.

El verdadero cristiano se regocija en vivir en la verdad, abandonando toda obra que lo aleje de ella. (Colosenses 3:9-10) Abandonando al hombre viejo y revistiéndonos del nuevo, debemos buscar que la verdad brille en nuestra vida. De esta manera seremos testimonio del cambio que obró Jesús en nosotros y que crece día a día en su conocimiento.

Conclusión

Los primeros dañados con la mentira, somos nosotros mismos. Pero es un pecado tan grave, que se esparce por todos lados y afecta a los hermanos. Como somos todos miembros de un mismo Cuerpo, este mal vuelve a nosotros y se acumula en nuestras cabezas.

Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Si somos sus discípulos, debemos andar como Él anduvo. Si no lo hacemos, somos mentirosos al querer considerarnos cristianos. Nos estamos mintiendo a nosotros y estamos escandalizando a los que todavía no conocen al Señor.

Pero no debemos desesperar, Dios es más grande que la mentira. Y perdona nuestros pecados, no dejándonos en la perdición. «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad» (1 Juan 1:9)

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© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Ricardo Hernández

Siervo de Jesucristo.

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