Esperemos confiados en Dios

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Texto Biblico: Romanos 8:18-26

Tema: Esperemos confiados en Dios

Introducción

Muchas veces oímos que debemos tener esperanza. ¿Pero qué significa para el cristiano? Las tribulaciones que debemos sufrir, las viviríamos de modo muy distinto si nuestra vida está fundada en la esperanza.

Pero existe una esperanza verdadera y una esperanza falsa. Es necesario distinguir ambas, para no cimentar nuestra vida en algo que no tiene firmeza. Cuando descubramos el gozo que nos proporciona vivir unidos a Dios, encontraremos el cimiento fuerte que no nos dejará caer en la desesperanza.

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I. Si ahora sufrimos, busquemos consuelo en la esperanza (vers. 18-24)

Es inevitable que suframos en este mundo. Porque el mundo quedó sujeto al pecado y a sus consecuencias. Toda la creación está esperando la liberación que vendrá con la manifestación del reino de Dios en el último día. La certeza que nos da la fidelidad de Dios es lo que produce en nuestro espíritu la esperanza (Romanos 8:18).

La esperanza

La esperanza está definida como el “estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea” (Diccionario de la Real Academia Española). Para los cristianos, el mayor deseo es estar junto a Dios en el cielo, gozando de su presencia por toda la eternidad. Sabemos que el Señor preparó un lugar a aquéllos que guardan sus mandatos y lo aman (Juan 14:2-3). Ésta es la verdadera esperanza, que por pura gracia de Dios, el cielo está abierto para los que creen.

Todo el universo está sujeto a la corrupción, hasta que el poder de Dios lo redima en el fin de los tiempos. Mientras tanto, todos nos apoyamos en la esperanza de lo que vendrá. En ella encontramos el pilar que sostiene nuestro caminar por el mundo si la cultivamos realmente (Romanos 8:19-22).

No solo la Creación, sino nosotros mismos sufrimos porque aún no llega la redención de nuestro cuerpo. Sufrimos las debilidades que ha dejado el pecado en nuestra naturaleza. Pero la esperanza de la salvación que nos da el Espíritu Santo nos llena de gozo y consuelo. Esperamos lo que no vemos, hasta que lo veamos y lo presenciemos, gozando de estar cara a cara con el Señor (Romanos 8:23-24).

II. Existe una verdadera y una falsa esperanza (Salmo 73:28)

El hombre muchas veces pone su esperanza en las cosas de la tierra. Porque primeramente desea las cosas de la tierra, termina dejando en ellas el corazón. Es por esto que se cometen los robos, hurtos, fraudes. Porque el hombre viejo tiene por objeto de su esperanza las cosas materiales. (Job 27:8)

En cambio, la verdadera esperanza es la que propone el Salmo, cuando dice: “El acercarme a Dios es el bien; he puesto en el Señor Jehová mi esperanza” (Salmo 73:28). Allí encontraremos el sosiego y la alegría. En saber que lo único que esperamos es la presencia de Dios. Y que podemos alcanzarla si no le ponemos obstáculos al Espíritu Santo.

Lo que distingue ambas esperanzas es el fruto que producen en el que la tiene. Para el impío, la esperanza puesta en las cosas terrenales produce desasosiego, intranquilidad, penas. En cambio, en el creyente, la esperanza tiene por fruto la alegría, la paz interior, el gozo espiritual. No cabe duda entonces dónde tenemos que poner nuestra esperanza para terminar con el sufrimiento. (Proverbios 10:28)

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Conclusión

No podemos evitar sufrir aquí en la tierra. Porque no es la tierra el lugar donde debe estar puesto nuestro deseo. Los cristianos debemos anhelar el encuentro con Dios en el cielo, allí está nuestra esperanza. Porque por la Palabra de Dios, sabemos que podemos llegar a Él si nos mantenemos en su amor. (Romanos 15:4)

Los hombres terrenales ponen su esperanza en los bienes que se corrompen, nosotros la ponemos en Dios que nos quiere junto a Él (Mateo 6:1-21). Por eso no aferramos nuestro deseo a lo mundano, sino a lo celestial.

Hay una falsa y una verdadera esperanza. La falsa esperanza produce tristeza, intranquilidad, porque no está fundada en Dios. La verdadera esperanza nos da la alegría que debe ser el consuelo del cristiano.

Busquemos cimentar nuestra vida en la esperanza que no defrauda, porque es promesa verdadera (Colosenses 1:5). Dios nos llama a vivir en el gozo del que se sabe amado por Él, todos los días de nuestra vida y en la eternidad.

© Ricardo Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Ricardo Hernández

Siervo de Jesucristo.

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