Con Cristo venceremos la muerte

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos Texto Biblico: «Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26)

Introducción

No debemos temer a la muerte. No es el fin de la existencia según nuestra fe en las enseñanzas de Jesús. Es un paso de esta vida mortal a una vida eterna. Pero por eso mismo debemos aprovechar la vida y consagrarla al servicio de Dios, para no temer la muerte del cuerpo. Al contrario, junto a Dios esperemos la resurrección de la carne para una nueva vida en Cristo.

I. La muerte no es el fin de la vida (vers. 25)

a. Muchísimas veces meditamos sobre cómo llevar una vida de acuerdo con el Evangelio. Pero no siempre meditamos sobre cómo afrontar la muerte de acuerdo con las enseñanzas de Cristo.

Tenemos en las palabras de Jesús la certeza de que no se termina todo con la muerte. Al contrario, la muerte es sólo un paso a la verdadera vida en Dios, donde no sufriremos más las consecuencias del pecado (vers. 25).

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b. Lo que debemos tener en cuenta es que de acuerdo con nuestra fe, no nos pertenecemos a nosotros mismos. Somos del Señor, a Él encauzamos todos nuestros actos y el acto último de la muerte no queda fuera de la vida.

La muerte no es un fin, sino un paso más de nuestra existencia. Si consagramos nuestra vida a Dios por el bautismo, que es una muerte al pecado, de la misma manera nos uniremos a Él a través de la muerte corporal (Romanos 14:8).

c. No tenemos que temer a la muerte, porque tenemos la esperanza de la resurrección en Cristo. Dios permitió que su Hijo se entregara por nosotros, para ganarnos para la eternidad.

Hemos recibido la promesa de una nueva vida, no sólo en el cielo, sino también en tierra nueva que surgirá al fin de los tiempos. Por eso nuestra vida debe estar entregada totalmente a Jesús, y la muerte debe ser afrontada sin temor y con gozo (Filipenses 1:21).

d. La vida aquí en el mundo es el tiempo que tenemos para ganarnos la vida eterna. Toda nuestra existencia terrenal debe ser una preparación para el encuentro con Dios en el cielo. Por lo que la principal ocupación de nuestra vida debe ser estar unidos a Él mediante el cumplimiento de los mandamientos y la meditación de la Palabra.

Entonces tendremos la certeza de que nuestra unión con Jesús, que comenzó aquí, perdurará en la eternidad de la nueva vida (2 Timoteo 2:11).

II. Tengamos fe en que resucitaremos el último día (Juan 11:26)

a. El Señor nos pide que creamos en su Palabra. Si Él nos dijo que la muerte no será el fin sino que iremos al cielo junto al Padre y luego resucitaremos para una vida nueva, debemos creerlo con seguridad.

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La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe en nuestra propia resurrección. Que Él haya vencido a la muerte nos da la esperanza y la confianza para creer que nosotros seguiremos el camino que abrió con su sacrificio (vers. 26).

b. Cuándo será el último día no lo sabemos. Pero sí sabemos que posiblemente ocurra primero nuestra muerte que el fin de los tiempos. Por eso debemos vivir nuestra vida como si fuéramos a morir mañana. Para no dejar nada pendiente en cuanto al servicio a Dios y al arrepentimiento por nuestros pecados (Ezequiel 18:32).

c. La única razón por la que vale la pena vivir es el servicio a Dios. El amor a Dios debe ser el fundamento de todas nuestras acciones y la base de todas nuestras relaciones. Del mismo modo, la muerte también debe ser ofrecida a Dios.

De manera que podamos presentarnos ante Él sin habernos reservado nada para nosotros, sino habiéndole entregado todo nuestro ser (Mateo 16:25).

Conclusión

No debemos temer a la muerte, porque sabemos por la fe que no es el fin de la vida sino el comienzo de una existencia eterna. Así como se termina esta vida terrenal con la muerte del cuerpo, también habrá un día final donde resucitaremos todos.

Algunos resucitarán para la muerte y otros para la vida. Todo depende de cómo hayamos entregado nuestra existencia a Dios o malgastado la vida en el pecado (Mateo 10:28).

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Cristo vendrá con poder a juzgar a los vivos y a los muertos. Luego, todos resucitarán a una nueva existencia, donde algunos irán al tormento eterno y otros a una nueva tierra. Éste es el momento que tenemos para decidir nuestro fin, y la muerte será el paso. Debemos aprovechar esta vida para estar junto a Dios, haciendo su obra y cumpliendo sus mandamientos (1 Tesalonicenses 4:16-17).

El amor a Dios debe ser la razón de nuestras acciones. Con amor, no tendremos temor en el corazón. La muerte no tendrá poder sobre nosotros, porque estaremos con la vista puesta en el Padre que nos espera con los brazos abiertos como a hijos muy queridos.

Vivamos esta vida en santidad, para gozar en la eterna, sin temor a la muerte de la carne (Romanos 8:38-39).

© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.

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