Estudiar para crecer

Es una manera de acércanos a él y servir su nombre. Siempre qué estudiemos, recordemos que el conocimiento es suyo, no tenemos mérito en lo que podamos aprender.

III. ¿Qué debo estudiar? (Colosenses 3:17)

El mejor tiempo qué podemos dedicar para estudio es la palabra de Dios. Es un camino de pura ganancia que nos aclara todos los demás aspectos de nuestra vida. De su enseñanza parte todo lo demás que podamos llegar a conocer.

De igual manera, sea cual sea nuestro don, debemos sacarle brillo a través del estudio.

Sí vamos a hacer algo qué sea para la honra de Dios y apasionando nuestra vida en una fiel entrega. Sí por ejemplo tenemos un don para la música, procuremos estudiar sobre esa área con el fin de ponerla al servicio de la obra divina.

Todos tenemos dones distintos y particulares que pueden ser usados para alabar a Dios. No es correcto dejarlos en lista de espera. Nos fueron dados para crecer cada día mas en ellos.

IV. Estudiar transforma (Juan 4:14)

Podemos comparar el acto de estudiar con estar sedientos. Cuando somos llenos de conocimiento a través de Dios, somos transformados. Lo qué recibimos como una gota, dentro nuestro se convierte en un manantial. Somos transformados en tanto aceptamos y recibimos ese conocimiento.

Una vez que aceptamos los conocimientos del Padre, no volvemos a ser los qué éramos. Saber nos da libertad para elegir qué decisión tomar. El ignorante no entiende, pero una vez que su vista es aclarada, no hay vuelta atrás.

Nunca debemos olvidar que los conocimientos no los hemos creado nosotros. Jactarnos de saber algo es indicativo de qué no hemos aprendido nada. Somos y entendemos, por y para Jehová.

Conclusión

Nunca dejemos de estudiar la palabra de Dios. En ella crecemos y nos hacemos mas fuerte. Es el conocimiento divino él qué nos permite avanzar en nuestras vidas. Sí nos quedamos estáticos probablemente olvidemos nuestro norte y nuestra misión.

Estudiar es señal de qué Dios nos ha encaminado. Debemos hacerlo con verdad y humildad. La sed de conocimiento es inagotable y el Padre siempre tiene más para nosotros.

¿Por qué estudiar? Por temor. Porque nos reconocemos ignorantes y entendemos qué necesitamos ser transformados. Nunca es tarde, sí no pudiste hacerlo antes, aún estás a tiempo. Pues estudiar no tiene fin, siempre hay algo más por saber. Dios es dueño de un conocimiento infinito y amorosamente lo comparte por gracia para nuestra salvación.

© Julio Torres. Todos los derechos reservados.

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