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Consecuencias de no estar en la guerra

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2 Samuel 11:1

Introducción:

Dios nos llama soldados, así lo dijo el apóstol Pablo en 2 Timoteo 2:1-4, y como soldados, obligatoriamente debemos enfrentarnos a una guerra.

Nuestra guerra es espiritual (Efesios 6:12; 2 Corintios 10:4), y es Dios mismo quien nos equipa para pelear, al darnos una armadura divina para saber con qué defendernos.

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Al aceptar rendir nuestra vida al Señor nos vemos en un continuo combate con la fuerzas infernales que intentarán romper y acabar la íntima amistad que usted esta enlazando con Dios.

Dios nos llama a la guerra en:

1. La doctrina 2 Samuel 23:8-10 la espada simboliza la Palabra.

Filipenses 2:16 dice que debemos estar en la defensa del evangelio.

2. La oración Efesios 6:18

La escritura nos comenta la triste historia de un hombre llamado David, que se quedó descansando en tiempo de guerra. Veamos lo duro que le costó no haber asistido a tal combate:

1) Situación

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a. Llegó el tiempo de la guerra

b. David envía a Joab en su lugar y con él todo el ejercito

c. Pelean contra los amonitas y capturan a Rabá 1 Crónicas 20:1. Note usted que en este texto se le da honores a David, pero allá en 2 Samuel se los dan a Joab y se reprocha la mala actitud de David

d. David se quedó en Jerusalén descansando.  A veces como ministros de Dios queremos darnos vacaciones y descansar un poco de la responsabilidad que tenemos con la obra de Dios, y nunca medimos las consecuencias tan terribles que nos pueden sobrevenir por tomar esta nefasta actitud.

2) Consecuencias

El pecado de adulterio versículos 2-5

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a. Estaba dormido vers. 2 «su lecho»

b. Iba y venía sin saber que hacer: ocioso vers. 2b

c. Empezó a codiciar una mujer hermosa llamada Betsabé verss. 2-3

d. Durmió con ella. Pecado de adulterio vers. 4

e. Ella quedó en cinta vers. 5

f. Le tocó improvisar un plan rápidamente para «tapar» su falta: Mandó a matar a Hurias Heteo, esposo de Betsabé verss. 6-27. Pero entre cielo y tierra no hay nada oculto (Marcos 4:22) Cap 12.

Conclusión:

Amado hermano, no sea como David que dejó su armadura archivada en su baúl y no la puso a servir en un momento tan importante como este. Será que a David se le olvidaron sus inicios de cuando a sus 17 años de edad mató a aquel Goliat? Será que se le olvidó aquel hermoso cántico entonado a viva voz por las doncellas del pueblo: «Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles»?

¡Por favor no deje la guerra! Mire lo duro que le costó tal actitud. Tome su armadura, usted es soldado, y salga a la guerra y enfréntate a tu enemigo, recuerde que Dios peleara por usted como poderoso gigante. Dios les Bendiga.

© Samuel Yepes l.

Acerca de Samuel Yepes l.

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