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Un corazón que escucha

Bosquejos Biblicos…Bosquejos para Predicar

INTRODUCCIÓN

Marcos 4:9 “…Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga…”

Jesús dijo estas palabras 8 veces en los evangelios y otras 9 veces en el libro del Apocalipsis. Jesús compara nuestros oídos con la tierra donde es depositada la buena semilla, que es la palabra de Dios, y en la parábola del sembrador nos explica la importancia que tienen nuestros oídos (Marcos 4:13-20).

Aquí nos enseña Jesús dos cosas muy importantes: Una, que si no entendemos la importancia que tienen nuestros oídos, no entenderemos las demás parábolas. Dos, que son nuestros oídos los que hacen la diferencia, pues es la misma semilla y el mismo sembrador, es decir, el mensaje es el mismo, el predicador es el mismo, lo que hace diferencia es la tierra donde cae, y la tierra son nuestros oídos.

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Entonces, de aquí entendemos que tenemos que tener un corazón que sepa escuchar a Dios, de aquí que este mensaje lleva por título: Un corazón que escucha.

I. LA IMPORTANCIA DE OÍR LA VOZ DE DIOS

Si la proporción de la historia es real, el 75% de la gente no usa sus oídos, ya sea por sus duros corazones, sus vidas superficiales o sus mentes llenas de afán y ansiedad, pero tres cuartas partes no recibe el mensaje de Dios, no sabe escuchar a Dios.

Las Escrituras siempre le han dado importancia a escuchar la voz de Dios (Deuteronomio 6:4).

Cuando Dios comienza a tratar con su pueblo ya liberado, lo primero que les dice es: Oye Israel. Usa tus oídos, no solo para colgarte aretes si eres mujer o para sostener tus anteojos, úsalos para oírme nos dice Dios.

Proverbios 8:34-35 “…Bienaventurado el hombre que me escucha, Velando a mis puertas cada día, Aguardando a los postes de mis puertas. 35 Porque el que me halle, hallará la vida, Y alcanzará el favor de Jehová…”

Jesús dijo también:

Juan 10:27 “…Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen…”

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En el Apocalipsis Jesús dijo:

Apocalipsis 2:7 “…El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”

Nosotros tenemos que oír lo que Dios tiene que decirnos.

Nuestros oídos a diferencia de nuestros ojos y nuestra boca no se notan cuando están cerrados, pero que fácilmente la gente los cierra ante lo que Dios quiere decirles. Muchas veces la gente presta sus oídos a lo que no debe hacerlo y se olvida de prestarlos a lo que Dios tiene que decirle, como le pasó a Poncio Pilato (Lucas 23:23). Así le pasa mucho al cristiano, prevalecen en su vida otras voces distintas a las de Dios.

II. JESÚS PASABA TIEMPO ESCUCHANDO A SU PADRE

Jesús sabía la importancia de oír al Padre, por eso el pasaba largos tiempos oyendo al Padre, orando al Padre (Marcos 1:35; Lucas 5:16).

Si Jesús, el Hijo de Dios, el Salvador sin pecado, dejaba su apretada agenda para pasar tiempo orando a su Padre, ¿No deberíamos hacer nosotros lo mismo?

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Jesús no solo oraba, también leía las Escrituras, lo vemos en la tentación del desierto, sabiendo de memoria versículos para defenderse de la tentación, lo vemos en la sinagoga leyendo la porción de Isaías 61 y diciendo, esta palabra se ha cumplido hoy.

Entonces, si queremos tener un corazón que escucha como el de Jesús, debemos tener estos dos hábitos, pasar tiempo leyendo la Biblia y pasar tiempo orando (Romanos 12:12). Constantes en la oración, dice.

(NVI) Santiago 1:25 “…Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla…”

Un corazón que sabe escuchar a Dios, será un corazón que no se olvidará de lo que ha oído y lo podrá poner en práctica.

III. MUCHOS PREFIEREN PEDIR PRESTADA LA ESPIRITUALIDAD

Tristemente, muchos cristianos, no consideran importante invertir su tiempo en leer la Biblia y orar y prefieren vivir de una espiritualidad prestada, diciendo: Vayamos a ver qué le dijo Dios al predicador.

Pero esta estrategia no la usan en ninguna otra área de su vida, una persona no dice: Hay, quiero salir de vacaciones, pero que fastidio hacer la maleta, mejor voy a mandar a mis vecinos de vacaciones y a su regreso les pediré que me cuenten su experiencia.

O al que se está enamorando de la novia o el novio, pero ¡hay, que flojera, esto de enamorarse!, mejor contrataré a un enamorado sustituto, para que pase tiempo con mi novia y después venga y me cuente su experiencia. O con la comida, usted no contrata a alguien para que le mastique la comida y ya solo usted la trague, no.

Hay cosas que nadie puede hacer por usted, y una de ellas es pasar tiempo escuchando a Dios. Escuchar a Dios debe ser una experiencia de primera mano.

IV. ¿CÓMO HACERLE PARA ABRIR NUESTROS OÍDO?

Le voy a dar dos consejos para que usted tenga un corazón que escucha a Dios.

1. Aparte un tiempo y lugar regulares.

Tenga un lugar previamente diseñado para sus encuentros con Dios. Un lugar para orar, un lugar para leer su Palabra. No lo haga al “Ahí se va“, defina tiempos, horario y lugares.

Empezará tal vez sintiéndose incómodo o cansado, pero poco a poco aprenderá. Como ese matrimonio que a él le gustaba la música pop y a ella la ópera. Cuando iban a la ópera, el terminaba dormido. Él esposo decía que no era cuestión de gustos, sino de preparación, ella había estudiado en el conservatorio de Música, y podía entender el arte que hay en cada parte de una ópera, él no entendía nada. Con el tiempo ella le fue explicando y al menos ya no se dormía, el esposo se estaba preparando para entender la ópera.

Algo así nos pasa con la palabra de Dios, debe ser poco a poco.

Isaías 28:13 “…La palabra, pues, de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos…”

Poco a poco vamos entiendo lo que Dios quiere de nosotros.

Proverbios 2:4-5 “…Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, 5 Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios…”

2. Deje que Dios le ame.

Cuando mi hija era pequeña y yo llegaba de viaje o de un día largo de trabajo, apenas me oía salía corriendo, me estiraba los brazos y nos caíamos al suelo con el idioma del amor, de los chiqueos, no había peticiones y mucho menos formales, ella solo se dejaba querer, le hacía cosquillas que sabía que le encantaba, me la comía a besos, usted sabe. Bueno, pues eso mismo también le gusta a nuestro Padre (Sofonías 3:17).

Note que él es el activo y nosotros somos los pasivos, él es el que canta, el esta encima de nosotros, a veces el calla de amor solo para contemplarte. Pasa tiempo escuchando su palabra y déjate amar (Jeremías 31:3).

© David Meza. Todos los derechos reservados.

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