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La victoria en la derrota

Bosquejos Biblicos… Bosquejos para Predicar

Texto Principal: 2 Corintios 4:8 y 9

“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos…”

INTRODUCCIÓN

Thomas Alva Edison, nacido en Milán, Italia en 1847 y que vivió en los Estados Unidos hasta 1931, es conocido mundialmente como el inventor de la bombilla eléctrica. Su genio fue considerado como el más valioso y rentable para el pueblo norteamericano, al punto de nombrarlo miembro de la Academia de Ciencias Naturales y recibir de parte del presidente de la época, una medalla de oro hecha exclusivamente para él. Su fama y popularidad se extendió por todos lados y sus inventos formaron parte de la llamada “Revolución Industrial”. Su manera de trabajar le valió resultados más que positivos, ya que en lugar de pagar por horas o jornadas laborales, él pagaba a sus obreros en calidad de destajo; lo cual promovió de manera significativa, la motivación por parte de sus empleados.

Ahora bien, este hombre que se convirtió en el consentido de la primera potencia del mundo, gracias a que él sólo aportó un promedio de treinta millones de dólares anuales a la riqueza de dicho país por cerca de cincuenta (50) años, no nació siendo rico ni tampoco, tenía el toque del Rey Midas para que todo lo que tocase se convirtiese en oro o en el mejor de los casos, para que cada cosa que hiciera le saliese siempre bien.

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Lo más notable de este hombre no fueron sus inventos, su fama, su genio, su capacidad para fabricarle dinero al gobierno o mejorar la vida de las personas gracias a sus inventos, lo que convirtió a este hombre en un ser inolvidable y digno de mencionar en cualquier taller de motivación o superación personal, es sin duda, su asombrosa capacidad para No Desanimarse.

Thomas A. Edison era inmune al desaliento. ¿Sabe usted qué significa eso?

Pues, déjeme explicárselo de la forma más sencilla posible:

Antes de fabricar, patentar y vender su bombilla en cantidades industriales que lo harían inmensamente rico y famoso, Edison tuvo mil (1000) intentos fallidos previos para dar con el modelo correcto de bombilla; y luego de haberlo logrado, comenzó a vender su producto puerta a puerta como un vendedor cualquiera para probar que la bombilla eléctrica resultaba mejor que las lámparas de gas, aunque con ello tuvo que aceptar también, la pérdida en términos monetarios en dichas ventas, porque fabricar cada bombilla le costaba más de un dólar ($1) pero para lograr comercializarla y aumentar su demanda, él tan sólo cobraba cuarenta centavos de dólar ($0,40) a cada comprador.

Así que, este hombre cuya vida parece de ensueño difícilmente ha encontrado imitadores en el transcurrir de los años, porque ¿Quién estaría dispuesto a perder mil veces para poder alcanzar la victoria? ¿Quién soportaría perder mil veces antes de conquistar el triunfo?

La mayoría de las personas se deprimen después del fracaso número tres; comienzan a pensar que deben desistir en sus intentos porque a todas luces, lo que persiguen o no es bueno para ellos o sencillamente, no funciona y es una reverenda pérdida de tiempo.

¿Cuántas veces has desistido en tu lucha por ver realizado tu sueño o tu proyecto porque te encontraste en el camino con algunos tropiezos (unos más dolorosos y grandes que otros)?

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Con error hemos llegado a pensar que quien tiene éxito en su vida, no conoce el fracaso; y que quien gana, jamás ha perdido. Sin embargo, la realidad es algo por completo diferente. Se necesita perder para poder ganar, hay que vivir en la oscuridad para poder brillar.

EL EJEMPLO DE JOB

Por todos es conocida la historia de Job: uno de los personajes más sufridos y castigados en la biblia y también, quien más recompensas recibió. ¿Contradictorio? No. Tan sólo probatorio. ¿De qué? Preguntará usted. Pues, de que las más grandes victorias del hombre vienen detrás de sus peores caídas.

Cuando Job estuvo en la cima, lo perdió todo. Pasó de hombre rico, respetado e importante a sarnoso, pobre, despreciado, humillado, indigente, y sin apoyo moral, porque su propia esposa le deseó que se muriera y los “Supuestos amigos” que vinieron a consolarlo, en realidad no hicieron otra cosa más que pisotear su dignidad y calificarlo de malvado y enemigo de Dios.

Sólo imaginé por un momento el cuadro:

Perdió hijos, salud, casa, sirvientes, dinero, reputación, ganado, propiedades y quién se supone debería darle apoyo para sobrellevar su dolor y su pérdida, o bien le pide que se muera o que se sienta peor de lo que ya se siente, porque a su parecer, usted es tan terrible persona que sólo se merece que le pasen cosas malas.

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¿Verdad que dan ganas de echarse a llorar? Como dice el refrán popular:

“Con amigos como esos no hacen falta enemigos”

Por lo cual, estoy segura que en más de una ocasión, cuando ha fallado alguien (quizás un ser amado o de confianza) se ha acercado a usted para decirle:

“¿Hasta cuándo fracasas? ¿No te cansas de meter la pata?”

Es comprensible que su primera reacción sean la tristeza, el enojo, y la depresión, pero no deje que esos sentimientos pasajeros se conviertan en decisiones definitivas en su vida.

Job recuperó al doble lo que perdió, pero no fue sino hasta después de humillarse ante Dios.

¿Acaso el sufrimiento de Job se debió a su arrogancia? No.

En la primera epístola del apóstol Pedro capítulo 1 verso 7 encontramos lo siguiente:

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”

Antes que Dios se manifieste en tu vida con poder majestuoso para restaurar todo lo que perdiste o te fue arrebatado, primero debes ser probado duramente.

Sólo los que superan la dura prueba se convierten en dignos de recibir de manos de Dios la victoria y mucho más. Tal como se expresa en el evangelio de Mateo capítulo 6 verso 33:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”

Para quienes anhelan la victoria en el camino con Cristo es necesario que sepan que, Dios no otorgará el galardón a los flojos, holgazanes, y desanimados. Ninguno que no se esfuerce será beneficiado por la diestra salvadora de Dios. Está muy claro en el primer capítulo del libro de Josué, cuando Dios le indicó tres (3) veces a Josué que debía Esforzarse y Ser Valiente.

Quien se esfuerza sobrepasa los límites de su propia resistencia y los valientes son aquellos que superan sus propios miedos. Obtener la victoria no es de sabios y fuertes, de ricos y hermosos. La victoria se le concede si y sólo si a quienes no se dejan vencer por el desánimo, a quienes no pierden la fe, a quienes insisten una y otra vez, a quienes se sobreponen al fracaso.

Un creyente que quiera cantar victoria debe saber que tendrá que enfrentar muchos obstáculos y sufrir muchas derrotas para gozar el premio. Si alguien te ofrece un camino diferente en el que sólo verás triunfos y más triunfos sin derramar una sola lágrima o gota de esfuerzo, apártate del tal porque no quiere lo mejor para ti. Se trata de Satanás disfrazado. Él es el único quien primero te ofrece los manjares y luego, te brinda los sinsabores. Primero te dará el trofeo y al final del camino te lo arrebatará y te dejará solo y desnudo.

CONCLUSIÓN

Hay mucho por aprender en los fracasos. Thomas Alva Edison comentó respecto de sus mil intentos fallidos que no se trataban de fracasos en sí mismos sino de mil diferentes formas de hacer mal las cosas, por lo cual, ahora podía gozar de mayor información y sabiduría en comparación con el resto de las personas sobre cómo meter la pata.

Como dijo alguien una vez: “el fracaso es tan sólo una oportunidad de repetirlo todo pero sin errores”

Ciertamente, la actitud y el carácter de cada persona pueden ayudarle o hundirle frente a situaciones nada favorables. Sin embargo, es necesario acotar que algunos de los fracasos personales (sobretodo, en la vida de un creyente) vienen por causa de la soberbia y el orgullo personales.

En el libro de Proverbios capítulo 16 verso 18 podemos leer:

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.”

Si nos hacemos sordos a la voz de Dios y no reconocemos sus mandamientos en nuestras vidas, nos convertimos en desobedientes. Su Palabra siempre estará allí para nosotros guiando nuestros pasos para llevarnos hasta puerto seguro, pero cuando anteponemos nuestros intereses a los suyos, o cuando le damos más fuerza a nuestra voz que a la suya en nuestra mente, bloqueamos el paso de sus enseñanzas y le permitimos a la maestra experiencia que tome su lugar en nuestras vidas. Lo que la mayoría de nosotros ignora es que la experiencia nunca enseñará amablemente, siempre vendrá con el amargo rejo del fracaso entre las manos para hacernos comprender lo que en su momento, Dios intentó de diferentes maneras y en repetidas ocasiones.

Dios le bendiga.

Redactado por: Emily Sánchez

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