A la manera de Dios

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Bosquejos Biblicos… Bosquejos para Predicar

Texto Principal: Lucas 22: 42

“diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”

INTRODUCCIÓN

Hablar de VOLUNTAD es hablar de la capacidad que tiene el ser humano para decidir libremente lo que desea hacer o no.

Si una persona hace lo que quiere se dice que está haciendo su voluntad, pero si hace lo que otro dice, entonces está haciendo la voluntad de esa otra persona.

En la vida secular, el concepto de Voluntad está íntimamente relacionado con el de Libertad, porque en teoría, ambas definiciones apuntan hacia lo mismo, hacia el libre albedrío.

Los filósofos enseñan que el Libre Albedrío está referido al poder de elegir y tomar decisiones propias. El historiador romano Tácito (55 – 115 D.C.) escribió al respecto del poder:

“El poder nunca es estable cuando es ilimitado”

La libertad sin límites es Libertinaje, y su fin sólo busca la satisfacción propia. Dicha libertad le permite a la persona hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera. Su concepto se basa en reclamar constantemente para sí, derechos que ya pertenecen a otros individuos. No existe nadie por encima, todos están debajo de su nivel.

Así que, una persona que goza de libertad ilimitada no podrá ser estable en ningún aspecto de su vida, y peor aún, su poder de elegir no le durará para siempre. ¿Ha visto a esos conductores irresponsables que transitan por las calles considerándolas suyas y que los autos no son otra cosa que vehículos de carreras que necesitan correr a toda velocidad?

Bueno, el destino de estos frenéticos de la velocidad termina de 3 formas:

En el hospital con lesiones de graves a irreparables.
• En la cárcel, por destruir propiedad privada al estrellarse o por asesinar personas al atropellarlas o,
• En el cementerio, porque nunca pusieron el freno y para cuando decidieron hacerlo, ya fue demasiado tarde.

Cualquiera de los casos antes mencionados hace referencia a la irresponsabilidad que se desarrolla en aquellas personas que consideran que su libertad es el justificativo y permiso eterno para hacer como quieran sin dar importancia a las consecuencias.

Hacer nuestra voluntad no siempre es sinónimo de correcto ni de bueno. Sólo porque pensamos que somos libres, no significa que podemos hacer todo cuanto queramos.

La libertad según Wikipedia, se refiere a la capacidad que tiene la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad de cada individuo.

Ahora bien, ¿Se puede hablar de Libertad cuando pierdes el derecho a decidir?

De ninguna manera. Porque en el momento que usaste de tu libertad para sobrepasar los límites de lo correcto y lo justo, pasaste a convertirte en esclavo de tus acciones, no de tus decisiones.

DEJA QUE TE CIÑA

En el evangelio de Lucas leímos un pasaje que nos muestra a Jesús orando momentos antes de ser arrestado por la guardia romana. Él sabía lo que estaba por suceder, conocía a donde le llevaría ese arresto y todo el dolor que física, emocional y sicológicamente implicaría para sí mismo. Así que, lo encontramos debatiendo su dualidad: la carnal y la espiritual.

Por un lado, la carnal quería huir de aquella horrenda situación de ser traicionado, arrestado, azotado, insultado, golpeado, burlado, humillado, crucificado y por último, muerto.

Por el otro, tenemos a su Espíritu que estaba consciente de lo que aquel arresto significaba en términos de la salvación de la humanidad.

En tal sentido, Jesús nos presenta una batalla entre el Deber y el Querer; entre su libertad y la orden divina; entre su Voluntad y la Voluntad de Dios.

Si lo vemos desde la lógica humana, entendemos que es comprensible la necesidad de querer huir de aquel destino. ¿Quién querría pasar por todo lo que Jesús vivió al ser arrestado? Como el mismo Satanás respondió a Dios cuando hizo que Job perdiera todo cuanto tenía:

“…Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.” (Job 2:4)

Es un instinto natural del ser humano. Forma parte de la naturaleza del hombre su necesidad de autopreservación. Pero, como ya escribí en La Ilógica Lógica de Dios, nuestros pensamientos y los pensamientos de Dios no caminan en la misma dirección.

Así que claro, tenemos al Espíritu regocijándose porque estaba a punto de cumplir el mandato divino, que a su vez, abriría la puerta para la salvación de los pecadores. Aunque a un precio que implicaba directamente la muerte del cuerpo físico.

Esta situación, no nos resulta del todo ajena ni indiferente; y es que si bien ninguno de nosotros ha sido inmolado en un madero, ciertamente nos hemos enfrentado a situaciones donde nuestra libertad se ha visto en la necesidad de decidir entre lo que queremos y lo que debemos hacer.

En el evangelio de Juan capítulo 21 verso 18 encontramos a Jesús después de su resurrección conversando con Pedro:

“De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.”

Al leer el texto completo sabemos que la referencia directa es a la forma en que Pedro moriría y aquí es donde quiero llamar la atención de varios aspectos:

1) Pedro estaba siendo advertido (no sé con cuánto tiempo de anticipación) sobre cuál sería su forma de morir y que la misma serviría para glorificar a Dios.

2) Se le estaba indicando que mientras no glorificaba a Dios, él estaba ejerciendo su propia voluntad, pero, en el momento en que eligiese darle la gloria a Dios estaría renunciando a su Libre Albedrío.

3) Hacer la voluntad de Dios no se parece en nada a hacer lo que queremos.

Este momento sirvió para que Pedro entendiera que al igual que Jesús en el Getsemaní, él se encontraba en la posición de decidir qué hacer, porque la puerta estaba siendo abierta delante de sí y lo que fuese de allí en adelante definiría su futuro.

Pedro podía elegir seguir haciendo su propia voluntad y no corresponder con el mandato divino que le conduciría a la muerte; o podía elegir hacer la voluntad de Dios, aún y cuando conocía las consecuencias.

Seré honesta en este punto, no siempre la visión sobre lo que viene es tan clara que tenemos la facilidad de considerar nuestras opciones y poder elegir en función del escenario presentado. Hay ocasiones en que nos son enviadas señales para elegir en el camino y corregir la senda pero, como se ven contrarias a los que queremos terminamos por desecharlas; y allí es, donde precisamente viene el meollo de muchos de nuestros fracasos y problemas: en que le damos poder a nuestra carnalidad para que decida por encima de lo espiritual.

Jesús conocía su futuro desde el comienzo, y aunque su carne intentó muchas veces hacerle volver en su decisión, él se mantuvo firme porque sabía que más allá de la muerte física, la salvación del pecador sería posible, y reconciliar al mundo con Dios sería al fin una realidad.

Pedro por su parte, recibió la revelación de su futuro de manos de Jesús y en su libertad, eligió seguir el camino trazado para él.

En ambos casos, la libertad se inclinó a decidir hacer la voluntad de Dios.

Ahora te pregunto, en igualdad de condiciones, ¿también elegirías hacer la voluntad de Dios?

NO ERES TÚ SOY YO

En la epístola a los Gálatas capítulo 2 verso 20, el apóstol Pablo escribió:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”

Cuando aceptamos hacer la voluntad de Dios en lugar de la nuestra, estamos aceptando que Dios tome el control de nuestras vidas. Estamos eligiendo obedecerle. Estamos de acuerdo en escucharle.

Abrimos la puerta para que nuestros pensamientos sean cambiados a tal grado que en lugar de inclinarse a hacer lo que la carne indica apunten primero a hacer lo que el Espíritu diga. Cambiamos nuestros sentidos humanos por sensibilidad espiritual y lo que antes no podíamos ver ni escuchar, ahora se vuelve comprensible gracias a que la mente de Cristo es la que opera en nosotros ahora.

No digo con esto, que a partir de este momento tendremos la habilidad de ver el futuro sino que nos volveremos más sensibles a la voz de Dios, quien Sí sabe todas las cosas y nos guiará en la dirección en que podamos recibir sus bendiciones.

Sólo debemos deponer nuestro carácter, cederle el control de nuestras vidas y obedecerle incondicionalmente. A diferencia de nosotros, el poder ilimitado de Dios no corrompe, no destruye y permanece para siempre.

¿Qué decides? ¿A tu manera o a la manera de Dios? ¿De qué forma llegarás más lejos y más alto?

Dios le bendiga.

Redactado por: Emily Sánchez

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