¿En dónde encontraré ayuda?

José R. Hernández

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Bosquejos Biblicos... ¿En dónde encontraré ayuda?

Bosquejos Biblicos

Bosquejos Biblicos… Texto de la predicación: Salmo 121:1-8

Introducción

¿Quién de nosotros no se ha sentido abrumado por las situaciones que enfrenta? ¿Quién de nosotros no ha pasado por situaciones en que el corazón explota diciendo: “¡No puedo más!”? ¿Ha sentido alguien el pensamiento angustiante: “de esta nadie puede librarme”?

Hay situaciones que vivimos que exprimen nuestro corazón como un naranja. Nos abruman y nos pesan demasiado. La muerte de un familiar, la pérdida de un trabajo importante, la enfermedad de un conyugue, un hijo entregado al alcohol o a las drogas, la infidelidad, el abandono de una pareja, etc.

En esta adversidad, es necesario que los cristianos no planteemos una pregunta: ¿en dónde podremos encontrar ayuda para superar estas situaciones?

Precisamente el salmista, se hizo la misma pregunta:

Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro?” (vers. 1).

Y el mismo salmista nos responde:

Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra”.

Veamos por qué el salmista y nosotros, podemos poner nuestra confianza en Dios.

I. Confiemos en Dios porque es nuestro ayudador

A la pregunta “¿De dónde vendrá mi socorro?” El salmista responde “Mi socorro viene del Señor. Que hizo los cielos y la tierra” (vers.2).

Nuestra confianza no está en la Creación.

En primer lugar, el salmista dice que su confianza no está en la creación, sino que está en el SEÑOR. El salmista ve a los montes, y contempla la creación. Y dice: ¡Mi socorro no puede venir de las cosas creadas!

Ni el ser humano, ni los avances médicos, ni el dinero, ni el clima, ni ninguna otra cosa que pertenezca a la creación puede darnos una verdadera seguridad. ¡Todos lo hemos sentido! ¡Todos hemos sido defraudados por confiar en las cosas creadas que perecen, y no cumplen con lo que prometen! ¿De dónde vendrá nuestro socorro? ¿De las cosas creadas? ¡Por supuesto que no!

II. Nuestra confianza está en el Creador

En segundo lugar, el SEÑOR es descrito como “El que hizo los cielos y la tierra” (vers. 2b). Cuando se habla de Dios como Creador, se refiere al poder de Dios para hacer lo que está bajo su voluntad. El profeta Jeremías dice

¡Señor mi Dios! Tú, con tu gran fuerza y tu brazo poderoso, has hecho los cielos y la tierra. Para ti no hay nada imposible” (Jeremías 32:17).

La capacidad para hacer todo lo que existe (la inmensidad abrumadora del cielo; la profundidad del mar; la firmeza y grandeza de las montañas; y la belleza y la complejidad de que cada cosa creada) demuestra el poder ilimitado que Dios tiene.

Como el salmista, debemos ver que el único que tiene poder ilimitado para cuidarnos, sustentarnos, y guiar nuestra vida, indiferentemente de lo que estemos viviendo, es Dios, Creador del cielo y de la tierra.

III. Confiemos en Dios porque es nuestro guardador

Ahora, el salmista comienza a explicar qué significa para él, que el Dios Todopoderoso sea su guardador.
Te guardará de caídas.

El texto dice “No dará tu pie al resbaladero” (vers. 3a). Este era un cántico que los peregrinos judíos cantaban, cuando iban a Jerusalén a adorar en el templo. En esos momentos, tenían que pasar por caminos no fáciles de transitar: lugares angostos, terrenos empinados, con propicios a los lados, y rocosos y desnivelados.

En esos momentos, su salud física estaba en riesgo. Es más, muchos de estos caminos podrían ser mortales. Así que Dios está prometiendo cuidar de nuestras vidas.

Esto no significa que no vayamos a sufrir ninguna cosa. Dios nunca promete que no sufriremos o pasaremos por adversidades. Lo que esto significa es que Dios nos ayudará a levantarnos, cuando caigamos.

Dios nos cuidará de los peligros que se acercan; y no dejará que estas cosas nos afecten mortalmente, pero no lo menos no en nuestra alma.

IV. Está siempre atento

Otra cosa que confiesa el salmista es que Dios siempre está atento de él:  “No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel” (verss. 3b-4).

Los seres humanos tendemos a debilitarnos. Después de cierto tiempo de trabajo, nuestro cuerpo no puede más, y necesita descanso. Todo en la creación es así. La creación está sujeta a la corrupción y al deterioro.

Las economías más prosperas empobrecen; las empresas más adineradas quiebran; las cosas materiales se dañan con el tiempo; y nuestros conyugues, familiares e hijos envejecen y mueren.

Pero Dios no es así. Dios es Eterno y Omnisciente. Siempre está atento. Todo lo sabe. Nunca se cansa. Nunca se deteriora. Jamás parpadea su vista. Dios no está sujeto a las debilidades y corrupciones de la creación.

V. El Guardador

Dios es presentado como “el Guardador”. Él es un vigilante, que siempre mira y cuida. Es un gran guardaespaldas que cuida del peligro. Dios es un médico eterno que evalúa nuestra salud, para ayudarnos en momentos adecuados. El Señor es como la sombra que está a nuestra mano derecha. ¡Por más que corramos no se aparta de nosotros! ¡Con qué gran Guardador contamos!

A. Dios nos cuidado de los peligros externos.

El cuidado de Dios también abarcaba las inclemencias del clima que tenían que soportar los peregrinos. Nuestro texto dice: “El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora. De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche” (verss. 5-6).

Los peregrinos tenían que caminar mayoritariamente de día y eso generaba insolación y desgastaba físicamente, pero el Señor es presentado como su sombra protectora. Pero no tan solamente del sol sino también de la luna, puesto que la exposición constante a los rayos de la luna también causa efectos terribles sobre la salud. Actualmente existen estudios sobre los efectos de los rayos lunares a nivel microcelular.

Así como Dios guío a Israel por el desierto, dándole sombra con su nube en el día, y luz con fuego en la noche, así, Dios será nuestro guía y nos guardará de cualquier mal externo.

VI. Confiemos en Dios porque es nuestro preservador

El Señor nos protege del mal, y a esto es lo que nos referimos con preservar. Nuestro texto dice “Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma” (vers. 7).

A. El Señor preserva nuestra alma.

Para los hebreos no había diferencia entre alma y cuerpo como lo hay en nuestros sistemas de pensamiento heredados de los griegos. Para los hebreos el hombre era íntegro, uno sólo en cuerpo y alma. De esta manera, la protección de Dios al “alma” se refiere a la totalidad del ser humano. Pero con un énfasis especial en el ser interior.

Anteriormente vimos que Dios nos cuida externamente. Pero hay un cuidado que es más importante: el de nuestra alma. El Señor no permite que las situaciones que vivimos afecten nuestro corazón de tal manera, que nos apartemos de Él.

Todos sabemos cuán frágiles somos, e inconstantes para apartarnos del Señor, cuando estamos en aflicción. ¡Pero Dios preservará nuestra lama en estas situaciones! De modo que, aunque nuestro cuerpo se dañado, perdamos propiedades, y otros maten nuestro cuerpo, ¡nuestra alma quedará intacta!

Conclusión

El Señor guardará tu salida y tu entrada. Es decir, guardará tu todo ser, en todo momento, durante toda tu vida. ¡El Señor nunca te abandona! ¡El Señor siempre está contigo! Por tanto, confía en el Señor. Y declara como el salmista: “Me niego a confiar en la creación, Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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José R. Hernández
Autor

José R. Hernández

Pastor jubilado de la iglesia El Nuevo Pacto, en Hialeah, FL. Graduado de Summit Bible College. Licenciatura en Estudios Pastorales, y Maestría en Teología.

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