Bosquejos Biblicos
Bosquejos Biblicos… Texto de la Predicación: 1 Pedro 2:18-25
Introducción
La autoridad de una persona depende de su moral. Mi grado de sumisión depende de su grado de moralidad; si mis autoridades me tratan bien, son ejemplares, me pagan adecuadamente, me enseñan con amor, y me tienen paciencia, yo los respeto.
En este pequeño párrafo se resume el pensamiento de todos los seres humanos hacia las autoridades malas. El hombre cree que la autoridad de una persona está condicionada por sus méritos; si esta hace bien, me someto; pero si no, la deshonro.
Los hijos, especialmente los adolescentes, se aprovechan de los errores de sus padres para desobedecerlos. Las esposas humillan a sus maridos con el resto de los familiares y amigos, porque no es el esposo ideal que tanto anhelaban. Los empleados hablan mal de su jefe entre sí, porque es tacaño.
Si bien es cierto que todas las autoridades darán cuentas a Dios por sus obras, la autoridad de una persona no depende sus méritos, sino de que Dios las estableció allí. Es por eso que el texto claramente dice:
“Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar” (vers. 18).
Tenemos el deber de someternos a todas las autoridades, aun a aquellas que no nos hacen el trabajo tan fácil.
Desarrollo
I. Contexto
a. ¿Por qué Pedro dice estas cosas?
En el primer siglo, muchas personas llegaron al cristianismo. Desde hombres pobres hasta ricos, desde prostitutas, hasta hombres con gran nombre, como gobernantes. También muchos esclavos llegaron al Señor.
Estos esclavos habían creído en Cristo. Pero aún seguían siendo esclavos, y tenían deber con sus amos. Pero sus amos no siempre eran buenos, y justos. A veces, eran violentos, injustos y malvados. Y estos hermanos, por su condición de esclavos, no podían hacer nada para librarse de esa situación. Solamente les quedaban dos opciones: Ser rebeldes y sufrir; u obedecer, y sufrir también. En ambas situaciones iban a sufrir.
Y Pedro enfatiza que deben obedecerlos, aun cuando eran insoportables y malvados. Estos amos solían ser deshonestos, crueles, contradictorios, perversos, incluso violentos, física y verbalmente.
Eran personas que daban una orden hoy, y mañana otra. Y alguno no obedecía, por su contradicción, Él y su familia eran castigados con golpes, azotes, etc. Y muchas veces los mandaban a hacer cosas que eran contrarias a su fe.
Estas cosas podrían hacer pensar que los esclavos debían ser desobedientes. Pero una vez más, Pedro les dice que estuvieran sujetos a ellos, aun cuando fueran de esa manera.
II. Sufriendo injustamente
a. Esto es aprobado por Dios.
Lo que dice el pasaje es que si sufrimos por hacer el bien eso glorifica a Dios. Cada uno de nosotros tiene una conciencia de lo que le agrada a Dios. Y con las autoridades nos vamos a encontrar con situaciones en que tengamos en que tengamos que desobedecer para hacerle caso a nuestras conciencias.
Por ejemplo, los apóstoles recibieron la orden del sanedrín de no predicar en el nombre de Cristo. Ellos se negaron rotundamente a seguir esa orden. Su alegación fue que: “era necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 2:28-29). El resultado no solamente fueron los azotes de los apóstoles (vers. 40-41), sino el martirio de Esteban, y la persecución en Jerusalén por desobedecer esa orden (Hechos 8:1).
Sin embargo, los apóstoles sabían que esto era agradable delante del Señor. Ellos estaban gozosos porque estaban sufriendo por el nombre de Cristo (vers. 41). Dios glorifica a aquellos que aman tanto a Cristo, que son capaces de sufrir por creer en Él.
En algún momento, todos nosotros tendremos que sufrir por obedecer a Dios. Decir no a la orden de un padre. Apartarnos de ciertas tareas en el trabajo, aunque eso implique ser despedidos.
Ser un rebelde ante las autoridades civiles, aunque conlleve ser encarcelados o penalizados. Y aunque ciertamente suframos, lo importante es que estamos sufriendo por hacer la voluntad de Dios.
b. Sufrir por el pecado es justo.
Ahora, una cosa distinta es sufrir por andar en pecado. En ese caso el castigo de nuestras autoridades es justo. Aprovechamos los pecados de nuestras autoridades para justificar nuestros pecados. Y cuando somos castigados, alegamos que es porque ellos son injustos. En ese caso, quienes estamos haciendo mal somos nosotros, y somos merecedores de ese castigo.
Puede que nuestro jefe sea un tirano, pero si somos flojos, es justo que seamos despedidos. Puede que nuestros padres sean exasperantes, pero sí somos altaneros, merecemos la disciplina que nos dan.
En todo caso, estaríamos sufriendo en vano. Porque con las autoridades malas, siempre sufriremos. Todos nos encontraremos en una situación en que sufriremos, independientemente del camino que escojamos.
Allí no debemos fijarnos en el sufrimiento. Sino, ¿por qué causa sufriremos? ¿Sufriremos por hacer el mal o el bien? No hay nada glorioso en sufrir por portarnos mal. Pero si hacemos lo bueno, y nos castigan, eso es parte de nuestra gloria.
III. Siguiendo el modelo de Cristo
a. Cristo sufrió lo mismo que nosotros.
Jesús sufrió de esta manera. Él no tuvo pecado, ni hubo engaño en su boca. Y aun así, lo crucificaron. Él hizo esto así para dejarnos un ejemplo.
Él no murió por malhechor, ni por contestón, ni por calumniador ni porque era vengativo, ni siquiera sufrió porque hubiera hecho algo malo; nuestro Salvador sufrió injustamente por unas faltas que no eran suyas, sino nuestras.
Las palabras más grandes de sufrimientos alguna vez: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46), fueron pronunciadas por la boca de alguien que sufría injustamente, por los pecados de otro.
Aun así, no pagó mal por mal a sus perpetradores. Cuando Jesús estaba ante Pilato, los ancianos le acusaban de hereje, de alborotador público, de estafador, y de planear una rebelión en contra del César. Pero Jesús no respondió con mal. Fíjense lo que dice Mateo acerca de su respuesta:
“Pero Jesús no respondió ni una sola acusación, por lo que el gobernador se llenó de asombro” (Mateo 27:13-14).
Esta fue la manera en que Jesús enfrentó el sufrimiento. Se mantuvo recto en todo momento, se encomendó al Padre.
b. Jesús sufrió por nuestros pecados.
Y el punto que enfatiza Pedro es que Él lo hizo por nuestros pecados. Porque haciendo esto, llevó nuestros pecados, y sanó nuestras heridas.
Esto nos da un gran ejemplo. Porque si Jesús soportó nuestros pecados, por amor a nosotros, ¿por qué nosotros no podemos soportar el pecado de los demás, mientras que obedecemos a Dios? Haciendo esto, somos semejantes a Cristo.
Conclusión
Todos les debemos sumisión a las autoridades, aun a las más malas. Suframos injustamente, y encomendémonos a nuestro Padre. El Señor nos hará justicia. Entre tanto, soportemos con gozo paciencia el castigo por nuestra fe.
© Francisco Hernández. Todos los derechos reservados.