Herencia por guiso

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Herencia por guiso

Herencia por guiso | Bosquejos Bíblicos

Bosquejos Bíblicos Texto Bíblico: Génesis 25:27-34

Introducción

Vivimos en tiempos donde lo inmediato tiene más valor que lo eterno. Se busca la satisfacción personal en el presente sin medir las consecuencias espirituales a largo plazo. La historia de Esaú y Jacob no es solo un relato antiguo, es una advertencia viva para cada creyente hoy.

La Biblia nos muestra cómo Esaú, siendo el primogénito, tenía derecho a la herencia, pero la menospreció y la entregó por un plato de lentejas. ¿Qué tan fuerte puede ser el hambre como para entregar algo tan valioso?

La pregunta no es retórica, porque muchos hoy, dentro y fuera de la iglesia, siguen cediendo lo eterno por lo temporal. Cambian la bendición por comodidad, la intimidad con Dios por placeres pasajeros. Este mensaje es para recordarnos que no fuimos llamados a ser sólo siervos, ni sólo amigos, sino hijos —y los hijos son herederos.

I. AMBOS ERAN HERMANOS.

    Tanto Esaú como Jacob eran hermanos hijos de un mismo padre. Ahora creo que todos sabemos que procedemos de un mismo Padre tenemos un mismo origen y nuestro origen esta en Dios. Él nos creo y no nosotros a nosotros mismos. Pero antes el que recibía la herencia era el primogénito en este caso era Esaú.

    Todos podemos ser hijos de Dios, en el sentido de que todos hemos sido creados por DIOS, pero en el sentido espiritual los que reciben la herencia son todos aquellos que han decidido nacer de la voluntad de Dios en otras palabras nacer de nuevo, los que han nacido de nuevo son los que reciben la herencia del Padre.

    II. ESAÚ TOMO EN POCO LA HERENCIA.

      Esaú cambio su primogenitura por un plato de guiso, dentro de nuestras Iglesias hay muchas personas que están cambiando su herencia o su bendición por un plato de guiso, en otras palabras están cambiando su herencia por un momento de satisfacción en el mundo. Muchos cambian su herencia por un momento de sexo fuera del matrimonio, por un momento de embriagues, por una mentira, dejan de hacer lo bueno para hacer lo malo.

      La palabra de Dios dice todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace le es pecado (Santiago 4:17). El pecado lo que hace es que nos separa de la herencia que Dios como Padre tiene para nosotros sus hijos.

      III. LA HERENCIA NO ES PARA EL SIERVO, NI PARA EL AMIGO, ES PARA EL HIJO.

        Siervo: Es aquel que hace lo que se le dice en otras palabras es el que es obediente, su trabajo solamente es servir. El que quiera ser grande en el Reino de los cielos primero deberá ser un siervo.

        Jesús dijo: Ya no los llamare siervos sino que ahora los llamare mis amigos (Juan 15:15). Un amigo es un confidente alguien en quien se puede confiar.

        Hijo: Es el que recibe la herencia del padre – Un hijo antes de recibir su herencia en el transcurso de su vida sirve a su padre, le obedece y confía en él.

        CONCLUSIÓN:

        Jesús fue claro y directo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor… y entonces les declararé: Nunca os conocí…” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué? Porque eran siervos en apariencia, pero no eran hijos en relación. Cambiaron su herencia por otra cosa. Quizás no fue un guiso literal, pero fue fama, fue dinero, fue orgullo, fue placer. Cambiaron lo eterno por lo pasajero.

        Hoy Dios te recuerda que no fuiste creado para negociar tu herencia. Fuiste creado para heredar. La herencia del Padre es vida eterna, es propósito, es paz, es autoridad espiritual, es un llamado santo. No dejes que nada —ni el hambre, ni el cansancio, ni la presión, ni el deseo— te robe eso.

        Cada vez que eliges la carne por encima del espíritu, estás intercambiando tu guiso por herencia. Cada vez que cedes ante la tentación sin resistir, estás firmando el mismo trato que Esaú. Pero todavía hay tiempo. Mientras hay vida, hay oportunidad de volver a valorar lo que Dios ha puesto en tus manos.

        Recuerda quién eres: un hijo. No un simple espectador del Reino, sino un heredero de las promesas de Dios. Y si eres hijo, entonces también coheredero con Cristo (Romanos 8:17). El plato de guiso puede oler bien ahora, pero pasará. La herencia permanece para siempre.

        ¿Qué tienes hoy en tus manos? ¿Un plato de guiso… o la herencia de Dios?

        No entregues lo eterno por lo temporal. No pierdas lo que vale más por lo que satisface menos. Es tiempo de recuperar el valor de tu primogenitura.

        © Yonis Rivera. Todos los derechos reservados.

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