Que mi mente escuche

Julio Torres

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Bosquejos Bíblicos

Bosquejos Bíblicos Prédica de Hoy: Que mi mente escuche

Bosquejos para Predicar Texto principal: Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.Filipenses 4:8

INTRODUCCIÓN

En una oportunidad, hace ya algún tiempo, durante una predicación le pedí a una persona que me acompañara como voluntario en el altar para probar un punto. Le pedí que se parase junto a mí con los ojos cerrados.

Cuando lo hubo hecho, saqué una aguja de coser de mi bolsillo y la mostré al resto de los asistentes en el salón sin decir una palabra; todos comenzaron a murmurar por lo bajo, algunos con risitas, otros con cierta preocupación, pero mi voluntario sólo sonreía tranquilamente.

Acto seguido le piqué el cuello con la punta de la aguja y mi voluntario reaccionó sobresaltado, abriendo los ojos y llevándose la mano a la zona del cuello que había recibido el piquete. Pero lo que quise probar en ese momento, es lo poderosa que puede ser nuestra mente cuando se deja guiar por los ojos.

Biológicamente, estamos diseñados para percibir el dolor a través de la médula espinal. Esta es el tejido nervioso que se encarga en el cuerpo de enviarle el mensaje al cerebro de que acaba de recibir un pinchazo.

Ahora bien, se preguntarán ¿por qué hablar de los ojos ante el dolor que provoca un piquete, cuando está claro que el voluntario percibió ese dolor de primera mano en su piel?

Porque en mi pequeño experimento, yo no miraba a mi voluntario. Yo ya sabía cuál sería su reacción, lo que yo estaba mirando era la reacción de todos los asistentes en la sala cuando les mostré lo que iba a hacer.

Todos reaccionaron antes de pinchar a mi voluntario, incluso algunos se encogieron de hombros y apretaron los labios en señal de dolor. Otros apretaron los dientes. Unos se sujetaron las manos entre sí como si ellos mismos fueran a recibir el piquete y necesitaban la fortaleza del compañero junto a ellos para poder resistir.

El solo hecho de mirar les permitió comprender la magnitud del dolor y casi sentirlo en carne propia aunque en verdad, ninguno hubiera recibido el piquete.

La mente tiene poder

Para aquellos que afirman que Dios no existe, sería bueno practicarles este pequeño experimento. Ya que en su mayoría reclaman la presencia de Dios como un elemento que deber ser visto, cuando de hecho su existencia puede probarse al Sentirlo.

El viento no se ve, pero existe y la prueba está en que lo sentimos. El piquete de la aguja lo percibieron sin recibirlo por el hecho de verlo, sin embargo mi voluntario sin verlo lo sintió. El piquete fue real, lo que cambió fue la experiencia.

El que no pueda ser visto, no significa que no exista; y el que no puedas sentirlo no implica que sea irreal.

Existe en el mundo un raro desorden genético llamado Analgesia Congénita, que solo afecta a una persona de entre un millón. Este desorden impide sentir ningún tipo de dolor físico. Quienes lo padecen experimentan todo tipo de sensaciones excepto el dolor. Si se fracturan una pierna perciben la rotura, pero no el dolor. Si les sube la fiebre a 40° no se darían cuenta hasta que cayeran al suelo convulsionando.

Las personas con Analgesia Congénita padecen y pueden sufrir accidentes reales pero no lo sienten. En mi pequeño experimento, los asistentes padecieron el dolor con solo verlo y no sentirlo.

Lo que quiere decir que nuestra mente tiene la última palabra a la hora de decidir si algo es real o no; si se siente o no.

Cuando se interrumpe el proceso por medio del cual el dolor es notificado al cerebro para que éste reaccione en consecuencia, se abre el compás para que la mente rellene los espacios vacíos con toda clase de interpretaciones.

En una oportunidad, un joven de casi 14 años que padecía de Analgesia Congénita y que se ganaba la vida exhibiendo su insensibilidad al dolor, brincó de un edificio de 5 pisos porque le pareció que así le demostraba a todos que no sólo no percibía dolor sino que era inmune a la muerte. Obviamente, se equivocó, porque murió.

Así sucede, con los que no ven a Dios y lo demandan. Ante la falta de una visión material, asumen como cierto el hecho de que No Está Allí.

No ver no es igual a no sentir, y no sentir no es igual a no existir.

La mente ordena al cuerpo:

En el libro de Proverbios capítulo 23 verso 7 encontramos lo siguiente:

“Porque cual es el pensamiento del hombre en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; mas su corazón no está contigo.”

Si en la mente de una persona, ésta se ve como un monstruo, no importará que esté vestido por los mejores diseñadores del mundo o que haya sido arreglado por el estilista número uno ni que le impongan una corona en la cabeza como resultado de un concurso de belleza porque, siempre se verá como un monstruo.

Una persona cuya mente está orientada al fracaso terminará por elegir el peor camino y tomar las peores decisiones que ratifiquen inconscientemente esa postura.

Cuando una persona se convence a sí misma de que no puede ejecutar una determinada acción, aún y cuando el mundo entero le diga que SÍ SE PUEDE, ella no lo hará, porque su verdad es la que le dice su mente no el resto del mundo.

De manera que, somos lo que creemos que somos. Del modo en que nos veamos a nosotros mismos, así nos verá el resto del mundo.

Adoradores en Espíritu y en Verdad

Leamos el siguiente texto:

“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” Juan 4: 23-24

Dios es selectivo. No gusta de cualquier alabanza, como tampoco le gustaba todo tipo de fuego e incienso extraño sobre su altar en los tiempos del tabernáculo. El que quiera alabar a Dios debe tener presente lo siguiente:

1) Dios es Espíritu. Es decir, que no se ve, así que nuestra alabanza parte de lo invisible, de lo que sólo se siente. Ese contacto íntimo, personal, espiritual que no necesita de evidencias materiales porque se encuentra desnudo ante la presencia de Dios.

2) Adorar al Padre en verdad, en otras palabras, dirigir la alabanza con nuestra mente hacia lo que se ve, pero no se siente.

Aquí las acciones tienen mucho peso, porque “afuera se mira lo que adentro está”. Si somos verdaderos adoradores, el mundo entero podrá verlo, aunque no lo sientan porque nuestros hechos hablarán por sí solos.

Una mente cautiva para Cristo:

En 1 Corintios capítulo 10 verso 5 está escrito:

“derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”

Los vacíos con que se rellena nuestra mente cuando no se conecta a Dios, dan a luz múltiples versiones de la verdad y cada una de ellas desarrolla conceptos y teorías propios que intentan probar que son correctas o lo que es lo mismo, que Dios no Está.

Así como la mente puede inventarse una idea sólida de un concepto erróneo que se adopta como propio, por ejemplo: “soy feo por eso nadie me quiere” o “soy malo y por eso me pasan cosas malas”; así también, la mente puede concebir una idea que se oponga a toda forma de Dios.

Antes de abordar a un alma con el mensaje divino de salvación, indaga primero que idea está sembrada en su cabeza porque si no está llena de Dios, debe estar llena con algo más y eso, es precisamente lo que se necesita derribar para que la mente desnuda de ese individuo sea presentada al fin ante Su Creador.

CONCLUSIÓN

Ten mucho cuidado con lo que piensas porque si no es bueno o edifica tu vida en alguna forma, provocará en ti el efecto contrario.

Mi padre me dijo una vez que cuando las aves revolotean tu cabeza no hay problema, sino cuando hacen nido.

Las aves son las ideas, pensamientos, conceptos, teorías y muchas cosas más a las que les dedicamos tiempo y atención.

El nido es nuestra mente. Si le damos espacio a esas ideas para que se queden en nuestra cabeza, no pasará mucho tiempo antes de que también influyan en nuestro modo de actuar.

Ahora bien, ¿de dónde provienen esas ideas? De lo que vemos, oímos o sentimos. Nuestros cinco sentidos y espíritu están dispuestos en nosotros como portales de entrada y salida de información; y al igual que Dios, debemos ser selectivos, en qué queremos que entre o salga de nuestras vidas.

Vamos a permitirle a nuestra mente que escuche y vea lo que le conviene para su sana edificación, porque eso mismo se traducirá en nuestras acciones futuras.

Dios le bendiga.

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Julio Torres

Nacido en hogar cristiano, me gusta estudiar la biblia y predicar el evangelio de Jesucristo.

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