Los pactos de Dios (Parte III)

Estudios Biblico

Predica de Hoy – Introducción

Nuestro Dios ha hecho pactos con su pueblo y con algunas personas para usarlas en sus propósitos, con el fin de regresar al ser humano a Dios. Pero fue necesario un nuevo pacto para, de una vez por todas, estar cerca de nuestro hacedor con confianza, sabiendo que el precio había sido pagado para siempre. 

Dios mismo tuvo que hacer un sacrificio inigualable para poder darnos esa bendición de ser perdonados y acercados al Creador. Por medio de su amor eterno ahora tenemos la gracia de la salvación.

7) El pacto Davídico (2 Samuel 7:8-19)

Dios escogió a David por rey de Israel en lugar de Saúl, quien le había desobedecido. Cuando Dios escogió a David lo hizo de una manera en que no hubo intervención humana, es decir, no fue puesto ahí por voluntad de nadie sino solo de Dios. No así con Saúl, a quien puso el pueblo de Israel en el reino por su apariencia. Pero Dios vio el corazón, no la apariencia de David.

El profeta Samuel

Dios guió a su siervo, el profeta Samuel, para ir a la casa del padre de David. Fueron presentados delante del profeta todos los hijos de la casa, a excepción de David, pues no pensaron que el más pequeño de la familia fuera el próximo rey de Israel. Pero como los pensamientos de Dios son más altos que nuestros pensamientos, ciertamente Dios escogió a David como el próximo rey de Israel.

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Por voluntad de Dios entonces David se convirtió en el rey de Israel. No era el rey que el pueblo buscó, pero era el rey que Dios les puso. Un rey conforme al corazón de Dios. Y las primeras acciones de David como rey fue traer el arca del pacto a su ciudad, pues sabía que Dios debe ser primero y después todas las cosas.

El pacto de Dios con David

Las acciones de David fueron conforme a la voluntad de Dios, demostrando que era un verdadero adorador que buscaba siempre agradar a su Señor. Dios busca verdaderos adoradores, por eso encontró en David un hombre conforme a su corazón.

Dios entonces hace un pacto con David, que siempre habría un descendiente suyo en el reino y su reino no tendría fin. Dios cumple sus promesas y este pacto con el rey David se hizo realidad, pues del linaje de David nace el salvador del mundo.

Jesucristo mismo viene de esta línea genealógica, del rey David. Y sabemos que su reino no tiene fin, sino que es por la eternidad. Dios cumplio su promesa con David y le dio un hijo que se sentara en el trono y así de generación en generación siempre hubo un hijo de David que estuviera en el trono. De esta misma descendencia vino Jesús a reinar por los siglos de los siglos.

Las promesas de Dios son verdaderas y se cumplen a cabalidad. Así es que el pacto de Dios con David fue cumplido pues Dios no es hombre para mentir.

8) El nuevo pacto (Jeremías 31)

Pero el pacto más significativo y por el que actualmente vivimos en fe, es con el nuevo pacto que Dios trazó para la humanidad. Para este nuevo pacto fue necesario que Dios mismo tomará forma de hombre, y es así como Jesucristo, el hijo de Dios vino a esta tierra en forma de hombre para enseñarnos a vivir, a morir y vivir eternamente en su amor.

Un pacto con la humanidad

Pero este nuevo pacto no sería únicamente con un hombre, como lo fue el pacto con Abraham o con David. Tampoco sería con un pueblo en particular. Aunque se podría decir que este nuevo pacto es exclusivo con la nación de Israel, la verdad es que su palabra dice que alcanza una aplicación a todo aquel que cree. 

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Porque dice también su palabra que nosotros hemos venido a ser injertos en esta planta. Ahora los que creemos somos parte de esta nación santa, de este pueblo adquirido por Dios. Así es que este nuevo pacto ha venido a alcanzar a toda la humanidad, para que por medio de Él podamos ser salvos.

Así es que no importa de la nación que seamos, nuestra edad o condición social, si creemos en Jesucristo somos salvos y partícipes de este nuevo pacto con Dios. El cual ha sido sellado con sangre, con la sangre del unigénito hijo de Dios.

Cristo lo hace real

Pero este nuevo pacto de Dios con los hombres es una realidad gracias a Jesucristo. Quien estando a la diestra de Dios Padre, acepta el venir a esta tierra y durante treinta y tres años estuvo como uno de nosotros, vivió como uno de nosotros. 

Dios se hizo hombre y predicó las buenas nuevas de salvación. Como Él lo dijo, Dios quiere juntarnos como la gallina junta a sus polluelos. Así Dios quiere que estemos bajo su protección. Pero como lo vimos en el pacto edénico, fue necesario un sacrificio para cubrir el pecado. Y más tarde en el pacto Mosaico como Dios establece esas ceremonias que implican el derramamiento de sangre para la redención de pecados. Así Jesucristo hizo un sacrificio para siempre, para que ya no fuera necesario el derramamiento de más sangre. 

Jesucristo murió en la cruz, dice su palabra que como cordero fue llevado al matadero y murió, para que a través de esa sangre podamos tener el perdón de nuestros pecados, así la salvación viene por medio de ese sacrificio.

Pero Jesús no se quedó en la cruz, sino que al tercer día resucitó y subió a la diestra del Padre, donde se encuentra actualmente. Pero dejó a sus discípulos y les envió al Espíritu Santo para que la iglesia de Dios tenga ese poder de lo alto para poder vivir de una manera que agrade a Dios.

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Entonces Jesucristo hizo posible este nuevo pacto firmado con sangre. En él se nos ofrece la vida eterna, la salvación de nuestra alma y el perdón de nuestros pecados por la fe en Jesucristo. Pues su palabra dice que si creemos con el corazón y confesamos con nuestra boca seremos salvos. Salvos de esta perversa generación, salvos de la condenación eterna, salvos de la muerte en el lago de fuego.

Entonces debemos recibir a Jesucristo y creer en Él, arrepentirnos de nuestros pecados y su sangre preciosa nos limpiará y seremos nueva criatura en Él. Así el pecado no tiene autoridad sobre nuestra vida pues ha sido perdonado por Dios. Porque la paga del pecado es muerte, muerte eterna, pero el regalo de Dios es vida, vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador.

Acerca de Ricardo Hernández

Siervo de Jesucristo.

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