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De la amargura a la libertad del espíritu

Estudios Biblicos | Predicas Cristianas

Por nuestra limitada interpretación de los planes divinos, los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan, que los seres humanos tendemos a buscar el cumplimiento inmediato y milagroso de las promesas de Dios, sin embargo en ocasiones Dios actúa en procesos largos que permiten fermentar sectores amplios.

Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que los períodos de transición son por lo regular períodos repletos de dificultades, porque se trata de tiempos de transformación, y por lo tanto de lucha entre lo viejo que se niega a morir, y lo nuevo que apenas toma fuerza. Por esta razón, es necesario preparar bien el equipaje para la travesía de renovación, pues esta travesía es muy diferente a un viaje de placer.

En esta predicación nos acercamos a uno de estos períodos que aparecen en La Biblia, la transición del reino de Saúl al reino de David, que contiene grandes riquezas espirituales y sirve de guía para todo movimiento de resistencia y transformación en la historia.

Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos revelan que la unción del profeta Samuel sobre David, y la victoria sobre el gigante filisteo Goliat, fueron el inicio de una serie de acontecimientos muy difíciles en la vida de David.

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Algunos de estos hechos no son los que algunos podrían esperar como la evidencia de la unción divina, sin embargo en estos acontecimientos de conflicto se empezó a gestar la nueva realidad en Israel que llevaría a David al trono.

Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que David tenía apenas 15 años cuando fue ungido en el seno de su hogar como rey por el profeta Samuel, pero es hasta la edad de 30 años que, en Hebrón, llega a ser el rey de todo Israel.

Tan difícil llegó a ponerse la situación durante este período que David se vio en la necesidad de esconderse en varios lugares. Uno de ellos ha pasado a la posteridad como «LA CUEVA DE ADULAM» lugar donde se empezó a gestar la fuerza armada que acompañaría a David para establecer el nuevo orden.

Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que, aparte de los familiares, se empezaron a unir a David: los afligidos, los endeudados y los que tenían amargura de espíritu (Reina Valera). Los oprimidos, los que tenían deudas, y los descontentos (de Estudio) El que se encontraba en apuros, los entrampados y desesperados (de Jerusalén) perseguidos, endeudados y descontentos (Felix Puzo) afligidos, endeudados y amargos de ánimo (del Oso).

Lo primero que necesitamos aprender es que para iniciar un movimiento de reforma, se necesita el respaldo de Dios, en otras palabras la unción, un llamamiento genuino de parte de Dios para realizar algo en su nombre y un carácter a prueba de toda adversidad, porque la persecución, el exilio, y el desierto son parte de el peregrinar hacia una nueva dimensión del Espíritu y los que son llamados deben aferrarse a Dios para pasar por estos caminos tortuosos en los que deambulan los lobos de la amargura, la duda, la fatalidad que querrán hacer presa de estos que llevan el fuego de Espíritu.

Lo segundo es que cuando Dios empieza algo grande toma lo más pequeño. Ni siquiera en su casa se imaginaban que David pudiera ser el Rey de Israel. Las personas que se empezaron a congregar en Adulam no poseían el mejor perfil psicológico para iniciar un movimiento exitoso, sin poder económico, oprimidos y con amargura de espíritu. ¡Vaya inicio del nuevo orden!, parecería no tener futuro, pero contrario a toda expectativa humana son ellos los escogidos desde donde Dios empieza a realizar sus obras.

«…sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es…» 1ª Corintios 1:27, 28

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Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que ciertamente en la cueva de Adulam se unieron a David un buen número de personas, pero el denominador de todos ellos era su situación de desventaja socioeconómica frente al sistema dirigido por Saúl, pero no solo eso sino un descontento que los había amargado hasta los huesos.

Estas personas seguramente deseaban encontrar en David un líder para realizar sus más bajos deseos de venganza por el resentimiento que albergaban, sin embargo David pudo entender que el camino no era alimentar el odio y el deseo de venganza sino el inculcar en ellos valores espirituales que en la práctica llevarían a actitudes éticas que funcionarían como fundamentos de la nueva sociedad.

La habilidad para guiar y motivar a este grupo de hombres nos muestra la unción de Dios sobre David. Es bastante difícil formar un ejército de buenos hombres, pero se requiere de un gran líder para moldear juntos a la clase de hombres que siguieron a David. A la larga, este grupo constituyó el corazón de su liderazgo militar y llegó a conocerse como «los valientes de David».

Uno de los mayores problemas de los que son ungidos por Dios es que esperan el reconocimiento de los que están dirigiendo las Instituciones y pretenden medir su éxito por el beneplácito de ellos, pero muchas veces ocurre todo lo contrario.

Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que David tocaba su arpa en la presencia de Saúl con el mejor deseo de ayudarlo y caerle bien, a veces Saúl se quedaba dormido tranquilamente, pero otras veces le tiraba lanzadas mortales en respuesta a su ministración.

David peleaba con toda su fuerza contra los enemigos de Israel con la firme convicción que esto implicaba un apoyo a Saúl, pero éste no miraba los hechos de la misma manera que David, sino como una forma en que le estaba quitando su lugar.

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Los líderes institucionales miran con celo a los portadores del cambio y se sienten amenazados por el carisma que hay en ellos. Esto puede dar pie para muchas cosas, en primer lugar puede ocurrir que los reformadores, al no sentirse respaldados por los que ellos consideran las instancias humanas puestas por Dios que deberían hacerlo, se apodere de ellos la duda si es legítimamente divino el llamamiento que están experimentando, dado que este incómoda la realidad institucional.

Otra posibilidad es que el rechazo provoque una amargura que poco a poco llevara a los portadores de lo nuevo al abandono de la causa o una lucha carnal a muerte contra los que no los aceptan y tal vez, sin darse cuenta, destruirán mas de lo que Dios le llama a edificar, perdiendo la posibilidad de ser fermento del Espíritu.

Esta situación es muy sutil y se desarrolla como algo natural, pero cuando se detecta puede ser demasiado tarde a semejanza de un cáncer avanzado que no tiene cura. ¡Cuidado con la raíz de amargura¡ la manera de controlarla es poniéndola en las manos de Dios.

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; Hebreos 12:15 Quítense de vosotros toda amargura, Efesios 4: 31

Mientras los reformadores esperan la apertura al Espíritu que permita el cambio, el sistema busca la manera de coaptarlos, neutralizarlos, es decir mantenerlos controlados, o en el peor de los casos deshacerse de los que considera pueden provocar un desorden de lo establecido. En nuestra historia observamos como Saúl tramó varias formas para no dejar que David siguiera avanzando.

Los estudios bíblicos y predicas cristianas nos enseñan que la primera forma fue menospreciándolo y mostrando a sus allegados las bondades que su poder prodigaba al que trabajaba con él. Y dijo Saúl a sus siervos que estaban alrededor de él: Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas?. En otras palabras, el sistema tratará a toda costa de convencer que no hay nada mejor fuera de el y quien se sale solo va a la aventura y al fracaso.

Segundo usa el chantaje de la «lealtad»: para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy? El sistema declara traidores y desleales a los que no se ponen en contra del nuevo movimiento, elabora un discurso de amor a la institución para seguir controlando.

Acerca de Adoniram Ibarra Silguero

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