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La gloria de Cristo en el milenio

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Introducción:

El milenio es una edad en el programa de Dios, en la cual Cristo Reinará como Rey davídico. Durante este periodo de tiempo se cumplirán todos los pactos, en especial el pacto abrahámico y davídico. Será entonces cuando la gloria humana y divina de Cristo se manifestara en la tierra en pleno fulgor. La persona gloriosa del Mesías se manifestara de un extremo al otro de la creación, pero particularmente en la tierra. Cuando vino por primera vez, lo hizo como el manso y humilde Cordero de Dios con el propósito de ofrecerse como sacrificio expiatorio por el pecado del hombre. Vivió en absoluta pobreza, se asocio con los despreciados de su pueblo, fue entregado en manos de inicuos, fue humillado de manera despiadada, fue crucificado y murió como el mas despreciado de los criminales (Jn. 19:1-19)

La historia de la vida terrenal de Cristo, esta plasmada en los evangelios, que constituye la fuente más confiable, a la que se puede apelar respecto a la vida de Cristo. El Nuevo Testamento comienza con el relato de la encarnación del Mesías. Su origen humano como simiente de Abraham y de David, se encarno para revelar a Dios entre los hombres y para ocupar el lugar del pecador en la cruz, pero vino también como El Mesías prometido por las escrituras del Antiguo Testamento y como el heredero legal del trono de David (Hch. 2:29-31)

La Biblia puntualiza la segunda venida de Cristo, que será el punto culminante de la historia, en que la persona humana de Cristo y su deidad, manifestaran gloria cuando aparezca en las nubes del cielo (Mt. 24:30), ocupara el lugar central en su reino y recibirá adoración universal, toda la tierra será llena del conocimiento de Dios (Hab 2:14; Is. 11:9) y toda criatura viviente vera su reino. Cuando vino por primera vez, la humanidad de ese entonces no vio mas en el que el hijo de Jose el carpintero y de María, cuando regrese por segunda vez se cumplirá las palabras del profeta Isaías “Tus ojos verán al Rey en su hermosura” (Is. 33:17). Su persona gloriosa llenara de luz toda la tierra y El será el centro de atracción de su reino de paz, justicia y santidad.

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En el Mesías habita corporalmente toda la plenitud de la deidad de Dios (Col. 2:9), manifestará la gloria de Dios entre los hombres. El Mesías es por el lado humano, Hijo de David (Is. 11:1; Mt. 22:41-45;), pero por lado divino, es Dios Todopoderoso. En algunos casos es anunciado como la cimiente de la mujer (Gn. 3:15) el Hijo del Hombre (Dn. 7:13), un niño que es nacido (Is. 9:6), la concepción de una virgen (Is. 7:14) la vara del tronco de Isaí (Is. 11:1), el Hijo de David (Mt. 1:1)

El milenio es un termino teológico que hace referencia al pasaje de Apocalipsis 20:27, indicando el periodo de tiempo de mil años de duración del reinado futuro de Cristo en la tierra (Salmo 72: 7-9) que es diferente al estado eterno, que tendrá lugar al final del milenio .La persona de Cristo es el eje central en el desarrollo y la consumación del plan eterno de Dios, cuando Cristo se siente en el trono de su gloria (Mt. 19:28)

La manifestación de la gloria divina de Cristo en la historia de la humanidad, dentro de los límites del tiempo será exhibida en la era del milenio. Uno de los propósitos del reino milenario, es la manifestación de la gloria de Dios y la gloria del Hijo de Dios. En su primera venida Cristo se sometió voluntariamente a los límites propios de la encarnación y sus atributos divinos fueron en gran manera velados. En su segunda venida aparecerá en la plenitud de su majestad y cada uno de sus atributos divinos, serán gloriosamente manifestados, exhibirá los atributos de su humanidad como los de su absoluta deidad en la era del reino mesiánico futuro

La gloria de Dios brillo alrededor de los pastores en el nacimiento de Cristo (Lc.2:9), la gloria de la transfiguración (Lc. 9:31), Jesus revela y es mediador de la gloria de Dios, el conocimiento de gloria se descubre en Jesus (2ª Co. 4:6). La obra salvadora de Cristo revela el misterio de gloria escondido desde las edades pasadas (Ro. 9:23, Col. 1:27). El evangelio que Pablo predico, esta centrado en la muerte, resurrección y segunda venida de Cristo (2ª Co. 4:4; 1ª Ti. 1:11)

La Gloria Humana de Cristo en el Milenio

La humanidad de Cristo, puesto que nunca fue afectada por el pecado, esta perfectamente adaptada para mostrar el peso completo y el volumen de la gloria con lo que Dios dotó la constitución del hombre en el principio. El carácter humano de Cristo estará presente en el milenio, quien vendrá de la misma manera como ascendió a la gloria, para gobernar como el hombre según el corazón de Dios (Hch. 1:11). Un ejemplo de la gloria humana de Cristo la tenemos en el monte de transfiguración (Mt. 17:1-8)

La gloria humana de Cristo ocurrió en la ascensión cuando su cuerpo después de resucitado entro en el cielo y se le otorgo autoridad al Cristo encarnado (Mt. 28:18) y “Dios le exalto hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesus se doble toda rodilla, de los que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para Gloria de Dios Padre” (Fil. 2:9-11)

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La persona humana y divina de Cristo, radiara un ambiente glorioso en el milenio, por lo tanto cuando el Hijo del Hombre regrese en gloria “vendrá en su gloria” y se sentara en su trono de Gloria (Mt. 25:31), el mundo vera y sentirá los efectos de su gloria, tal como lo prometió “La gloria del Líbano vendrá a ti y yo honrare el lugar de mis pies” (Is. 60:13). La gloria de la presencia de Cristo se hará manifiesta en todo su esplendor. Tanto la gloria de su perfecta humanidad como la de su infinita deidad coronaran las bendiciones de la era milenial.

Cristo en su carácter humano como el Cordero inmolado, regresara y reinara en la tierra con su iglesia (Ap. 5:1-10) y cuando Israel contemple a su Mesías que viene en su gloria humana le vera como aquel que ha sido traspasado por los pecados de la nación (Zac. 12:10). La Iglesia ha sido llamada por Dios a “su reino de gloria” (1ª Ts. 2:12), se regocije “en la esperanza de la gloria de Dios” (Ro. 5:2) y cuando Cristo se manifieste, la iglesia aparecerá con el en gloria (Col. 3:3-4). Aunque el milenio será principalmente una declaración publica de realidades, que ya son verdad en la iglesia, como la transformación del cuerpo del creyente, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (Fil. 3:21). Ahora vemos por espejo oscuramente, mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido (1ª Co. 13:12; 1ª Jn. 3:2, 3), estas transformaciones guardan la revelación, hasta que Cristo regrese para ser admirado en sus santos (2ª Ts. 1:10)

Es de enfatizar que Cristo vendrá no solo con poder, si no “con gran poder gloria” (Mr. 13:26), viene acompañado de un despliegue visible de gran poder y gloria, ejercitando autoridad divina, vestido con gloria celestial exhibiendo su ropaje glorioso (Is. 63:1-4)

Cristo vino a la tierra y tomo naturaleza humana, sin sufrir la perdida de ninguno de sus atributos de deidad. En su persona existen las dos naturalezas, la divina y la humana, sin mezclarse ni confundirse. En el reino del milenio, Cristo ocupara el trono de David (Lc. 1:32; Hch. 2:30), gobernara sobre Israel y las naciones de la tierra, un reino visible nacionalmente universal, el evangelio de Lucas, traza la humanidad de Cristo directamente hasta Adán (Lc. 3:38) y en (1ª Co. 15:45) se le llama el ultimo Adán. Cristo ejecutara el dominio perdido por Adán (He. 2:8-9), debe observarse que en la parte final del 2:8 dice: “pero aún no vemos que todas las cosas le sean sujetas” La soberanía original de dominio dada a Adán en la creación (Ge. 1:28) y perdida a causa del pecado, es restaurada por el segundo Adán (Sal. 8:6; He. 2:8), que será visible esa soberanía en toda la tierra cuando el Mesías inaugure su reino de gloria y su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo, entonces se vera que todas las cosas le son sujetas (Ef. 1:22), aunque hay rebelión en el mundo de hoy, este pasaje revela que Cristo tiene poder y autoridad para terminarla, solamente espera el tiempo apropiado para la consumación de ese propósito de Dios.

Acerca de Francisco Antonio Martinez

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