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Nuevo Pacto

Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Propósito: Entender el propósito del Nuevo Pacto y su enlace con el Antiguo Pacto, mediante el análisis de textos bíblicos que nos llevan a comprender la perfección del gran Diseñador de Pactos a través de las Escrituras.

I. ANTIGUO PACTO

Muchas personas creen que el Antiguo Pacto fue anulado con la venida de Cristo, o que el Antiguo Testamento tan sólo es para conocer la historia del pueblo de Israel, o más aún, que lo que está en el Antiguo Pacto no es Palabra de Dios. Nada más alejado de lo verdadero. Dios es Dios de propósitos y Él todo lo hace bajo un plan. Él no actúa por ensayo y error, su diseño es completo y perfecto.

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La misma Biblia nos enseña algunos aspectos importantes que debemos considerar al hablar de Antiguo Pacto o Antiguo Testamento, como comúnmente se le conoce:

Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre: Santiago 1:17; Hebreos 13:8. Él no cambia ni anula sus pactos. Él no cambia de parecer.

El Antiguo Pacto “era sombra y figura de lo que había de venir”: Colosenses 2:17. Era una representación de lo que se iba a cumplir perfectamente en Cristo. Aquellos sacrificios que se hacían continuamente, luego en Cristo se ejecutaría el sacrificio eterno.

Jesucristo no vino a anular la ley: Mateo 5:17. Cristo no vino a anular el pacto antiguo, en Cristo el pacto se selló y fue completado. En Él se estableció una mejor esperanza y un mejor pacto (Hebreos 7:19,22). Un Nuevo Pacto mejorado o sea en Cristo se cumplió la ley y la justicia, y el pacto se hizo suficiente, efectivo y permanente.

Gracia y justicia siempre estuvieron presentes en ambos pactos: Tanto en el Antiguo Pacto como en el Nuevo Pacto siempre estuvo presente la gracia y la justicia de Dios. Si en el Antiguo Pacto no hubiese gracia era imposible que la humanidad permaneciera y si en el Nuevo Pacto no hubiese justicia, Dios estaría dejando de lado uno de sus atributos eternos. En el Nuevo Pacto se cumplió en Cristo toda justicia.

II. LA ESENCIA DEL NUEVO PACTO (Jeremías 31:33; Hebreos 8:10; 10:16)

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Desde la antigüedad ya Dios anunciaba un nuevo pacto, un pacto mejorado cuya esencia consiste en que Dios mismo por medio del Espíritu Santo tallaría Su Palabra en las mentes y los corazones de su pueblo, y en tal sentido, el mismo Espíritu se encargaría de enseñar a cada creyente directamente dándole la capacidad para obedecerle (Juan 14:26; Filipenses 2:13).

El antiguo pacto fue invalidado nuevamente por la desobediencia del hombre: “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová” (Jeremías 31:32), sin embargo Dios que es fiel a sus pactos continuo en su propósito, es así como en el nuevo pacto, Dios mismo se asegura de crear las condiciones para que toda justicia se cumpla en Jesucristo y de esta manera garantizar a la humanidad “Acercarse confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia…” (Hebreos 4:16).

Nada tan maravilloso y perfecto, nuestro Dios Altísimo poniendo todo de sí por amor a la humanidad, el gran Soberano diciendo Yo mismo “… seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Hebreos 8:12).

La esencia del Nuevo Pacto es que Dios establece todas las condiciones creándolas y cumpliéndolas Él mismo, para así asegurar que no fuera nuevamente invalidado y añade a nuestra humanidad una fuerza mayor: la sobrenaturalidad del Espíritu morando en nosotros para darnos testimonio de Su presencia, recordarnos Su paternidad y ayudarnos en todas nuestras debilidades.

El Nuevo Pacto es perfecto, es suficiente y es eficiente, además es eterno y accesible a todos. Ya todo fue dispuesto y a cada persona sólo le corresponde creer y tomar este regalo maravilloso, porque al final, es eso: Un gran regalo de amor inmerecido, eso es más que gracia.

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III. MINISTROS COMPETENTES DEL NUEVO PACTO

“El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” (2 Corintios 3:6)

Así como en el Antiguo Pacto Dios estableció sacerdotes para ministrar, en el Nuevo Pacto ha establecido ministros competentes: A cada uno de sus hijos Él nos ha hecho ministros preparados para servirle. Tenemos competencias, capacidades para servir a nuestro Dios, no por nosotros mismos, sino porque nuestra competencia proviene de Dios (v.4). Estas competencias incluyen la autoridad para movernos en la sobrenaturalidad de Su Espíritu, para que las señales nos acompañen (Marcos 16:17), es Dios usándonos para bendecir más vidas obrando con poder y gloria por medio de nosotros. Por eso nos llama:

Sus embajadores (2 Corintios 5:20): Representamos el Reino de Dios aquí en la tierra, por esa razón debemos mostrar una conducta en consonancia al llamado de nuestra profesión.

Reyes y sacerdotes (Apocalipsis 1:6; 5:10): Nos ha concedido recuperar nuestro estado inicial para gobernar y sojuzgar, para multiplicarnos y reinar sobre toda la creación.

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Hijos (2 Corintios 6:18): Como hijos actuamos confiados en que pronto nos uniremos con nuestro Padre Celestial para disfrutar de sus riquezas en gloria por toda la eternidad, porque nos ha concedido ser coherederos con Cristo Jesús.

La labor del Ministro del nuevo pacto:

Como Ministros de Jesucristo debemos servir teniendo clara nuestra encomienda. Nunca digas “No estoy capacitado”. Dios nos dio una misión junto con las herramientas para llevarla a cabo: Estás capacitado. La misión es “Hacer discípulos” (Mateo 28:19), y la manera de hacerlo es “Formando a Cristo en una persona en todo: pensamiento, conducta, palabra”: Discipulado con corazón apostólico “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).

Algo muy importante es entender que cuando estamos formando debemos entender los procesos de Dios en la vida de las personas para no abortarlos. En el Reino de Dios no se abortan ni se abandonan los hijos, se les lleva con paciencia y amor hasta que Cristo sea formado en ellos. Cada persona es diferente y Dios actúa en ellos “como Él quiere”, cuidar las almas del Reino es nuestra labor, enseñando todas las cosas que Cristo dejó, exhortando en amor y misericordia, porque todo esto refleja el corazón compasivo de Jesús que le permitía acercarse al pecador sin temor a “contaminarse” o a ser “seducido”.

Movernos bajo las competencias del Nuevo Pacto es tener un corazón apostólico, que imparte paternidad en medio del cuidado y que jamás abandona, se cansa o se impacienta.

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