Fundamentados en la Roca _ Parte I

Texto principal: Hechos 2:37 y 38

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”

INTRODUCCIÓN

Cuando se lleva a cabo el trabajo del evangelismo, son muchas y repetidas las veces en que nos encontramos con personas que inquietas, curiosas y/o confundidas nos preguntan el por qué de tantos evangelios diferentes. Con justa razón, nos comentan sus pensamientos sobre en qué creer siendo que para todos lados se ve una iglesia o una denominación religiosa que proclama su fe no sólo como legítima sino también como única.

En estos casos, les explico lo siguiente, tal como lo hago con miembros recién convertidos durante las enseñanzas de sus primeros pasos:

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Voy a explicarte lo que dice la Palabra de Dios. Sin añadirle ni quitarle. Luego, con esa información, tú verás qué creer y más importante, qué decidir. Mi trabajo es predicarte, no convencerte. El resto de la obra lo hará Dios en tu vida. Así que, ¿listo para empezar?

Salvación:

En el libro de Génesis capítulo 3 encontramos el comienzo de la perdición y la muerte de la humanidad. Adán y Eva pecaron. Desobedecieron a Dios cuando les indicó expresamente que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, pues la consecuencia directa sería la muerte. Este pasaje en particular se puede leer en el capítulo 2 verso 16 y 17 y en el capítulo 3 el verso 6 su cumplimiento.

Ahora bien, la muerte fue introducida al mundo de forma directa más no, inmediata. Si continuamos leyendo en el capítulo 3 veremos que Adán no murió a causa de un ataque fulminante; de hecho, el capítulo 5 verso 5 nos dice que Adán murió a la edad de novecientos treinta (930) años; lo cual si lo llevamos al tiempo presente parece una eternidad que provocaría la envidia de los amantes de lo fantástico y sobrenatural.

Por lo tanto, necesitamos entender que la introducción de la muerte tuvo dos connotaciones significativas:

Muerte Física: desde Adán hasta nuestros días, el tiempo de vida del hombre promedio ha ido disminuyendo considerablemente, casi en la misma proporción en que el incremento de causas de mortalidad han aumentado. Se ha convertido en una ley natural, cumplir con el llamado “ciclo de la vida”. Esto es: nacer, crecer, reproducirse y morir. Los inconformes sueñan con seres de fantasía como vampiros, elfos y otras criaturas que pueden doblegar esa realidad; mientras que los científicos experimentan en laboratorios diferentes productos que puedan alargar la vida del ser humano y, algunas sectas y filosofías culturales apuntan a cómo simplemente acostumbrarse a ese ciclo y hacer del tiempo que tengamos sobre la tierra, el más satisfactorio posible. Pero en resumen, lo único seguro para el hombre mientras viva es que va a morir.

Muerte Espiritual: esta fue la muerte que ocurrió de manera inmediata al pecado de Adán, pero lamentablemente, es la que mejor ignoramos y por esa razón, es por la que no hacemos algo al respecto. En el libro de Génesis encontramos a Dios al momento de crear al hombre diciendo lo siguiente: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza;…” (Capítulo 1 verso 26).

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Cuando era niña y comenzaba a caminar en este camino espiritual, mi padre me preguntó: _“¿Sabes qué significa Semejante?”

Recuerdo que le contesté: _ “Semejante se refiere a que compartimos los mismos derechos y deberes”

El diccionario por su parte, refiere que Semejante significa parecido o similar. De donde Semejanza entonces, implica la relación de dos personas o cosas que comparten puntos comunes.

En el momento que el hombre fue creado compartió tanto imagen como derechos con Dios. Su asignación o responsabilidad en la tierra no fue otra que la de administrar la creación de Dios. Menudo trabajo lleno de bastantes ocupaciones. Para empezar, tuvo que asignarle nombre a todas las especies de aves, animales, reptiles y seres vivientes que compartían con él aquel paraíso terrestre. Si usted que lee es botánico, zoólogo, o científico, sabrá que esa no era tarea sencilla; y si a eso le sumamos, que debía Señorear sobre todas las especies, encontramos que Adán era el Administrador del mundo.

No obstante, su pecado le dejó sin casa, sin empleo, sin eternidad y peor que todo, sin espíritu. La semejanza que compartía con Dios quedó inexorablemente rota y el abismo entre hombre y Creador fue abierto.

Se imagina, ¿cómo sería despertar en las mañanas y que Dios viniera a darle los Buenos Días o que al regresar de trabajar le estuviera esperando para cenar con usted y hablar aménamente sobre su día?

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Bueno, algo parecida era la relación entre Dios y Adán y por causa del pecado, ese vínculo fue roto. Tal y como está escrito en el libro de Romanos, capítulo 3 verso 23:

“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”

El pecado pasó a convertirse en un elemento más de nuestro ADN. Es nuestra herencia; y nos guste o no, somos pecadores desde que nacemos.

Dicho esto, ¿Le gustaría recuperar esa relación tan estrecha e íntima con Dios, como en su momento la tuvo con Adán? ¿Quiere ser amigo de Dios y que él sea el suyo? Pues, para lograr todo eso necesita deshacerse del pecado. Necesita revivir su espíritu. Necesita pasar de muerte a vida.

Permítame explicarle lo siguiente que está en el evangelio de Marcos capítulo 12 verso 27:

“Dios no es Dios de muertos, sino de vivos; así que vosotros mucho erráis.”

Partiendo de este principio, es necesario entender que Dios no tiene nada que ver con la muerte. ¿Está bien? Él dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida…” (Juan 14: 6) usted y yo no podemos aspirar a una relación tan estrecha con Dios en tanto estemos muertos ante él, ¿Y cómo es eso que estamos muertos? Fíjese lo que dicen estos textos bíblicos al respecto de nuestra condición delante de Dios:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2: 1)

“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo…” (Efesios 2:5)

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne…” (Colosenses 2:13)

Acerca de Predicas Biblicas

Predicas Biblicas un central de sermones cristianos dedicado a evangelizar a las naciones a través de predicas cristianas, estudios biblicos, y mensajes cristianos.

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