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Dios es Dios celoso

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¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?Santiago 4:5.

La idolatría es sin lugar a dudas la práctica más insultante que se le propina al Creador; su completa torpeza quedará al total descubierto el día del juicio final cuando los hombres recurran a sus ídolos y estos no podrán ayudarles, entonces arrojarán a la basura a los que fueron el objeto de la adoración de sus corazones. “Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra. Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase.” Isaías 2:19-20. Comparece con Apocalipsis 6:15-16.

La idolatría nace y sale del corazón de los hombres, porque este es idolatra por nacimiento, “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejíasGálatas 5:19-20, su universal extensión confirma esta verdad bíblica ya que no ha existido un solo pueblo que no tenga sus propios dioses.

Israel no fue la excepción y a pesar de ser llamado pueblo monoteísta, tristemente no dejó de practicar la idolatría, adoptando como objetos de culto, a los dioses ajenos de otros pueblos.

Asombrosamente, la idolatría nace como producto de la incredulidad del hombre cuando este se niega a aceptar como hecho cierto que la naturaleza toda, con su entrañable diseño, nos revela la existencia de Dios como autor de todo lo visible, y que por supuesto, Dios mismo debe ser por toda lógica, distinto a todo lo creado o lo que se aprecia en la creación.

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.”. Romanos 1:20-25.

Más allá de todo argumento “…no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres…”, (Hechos 17:29), pues con toda certeza, el ser practicante de un culto idolátrico, es parte de todo un Juicio Divino que oscurece la inteligencia de quien lo practica que no puede ver lo absurdo de esta práctica.

¿Y por qué pues los hombres la practican? La respuesta a este cuestionamiento es la misma del por qué somos: egoístas, avaros, vanidosos, orgullosos, mentirosos, glotones, intemperantes, crueles, perezosos, lascivos, iracundos y cualquier otra pasión o deseo desordenado presente en todos nosotros.

Como todo deseo o pasión, ésta se agranda en la medida que se le práctica, pero también crece por el satisfacer un deseo que es en sí mismo una fuente de placer, y pocos son los que logran rechazarlo. Lo tristemente notable de la idolatría es que es un acto de infidelidad o adulterio contra el Creador y Dador de la vida y de todas las cosas y, al igual que el adúltero disfruta del placer sexual con la persona ajena en un grado exagerado de expectativa engañosa; de igual forma terminará reconociendo que todo placer tiene una misma medida real e igual en nuestros cuerpos, pues no se puede ir más allá de los sentidos; que terminará produciendo muerte y destrucción.

Posiblemente se estarán preguntando ¿qué tipo de placer experimenta el idólatra?, pues el mismo que experimenta el auténtico adorador del Verdadero Dios, hablamos del gozo de tributarle a Dios toda la honra debida a su persona, toda la adoración de la que es digno y toda obediencia (aunque la obediencia no es placentera al inicio pero al final deja inmensa satisfacción), a la que tiene derecho; por eso es que hablamos de Adulterio Espiritual cuando se adora a otro dios u objeto de latría, y es análoga al placer que disfruta el adultero o adultera, por lo tanto, del mismo modo que Dios reservó el placer sexual para que lo disfrute el esposo y la esposa, el placer y gozo del adorar debe ser dirigido solo a Dios.

Si poco se adora a Dios, no notaremos que esto es un diseño y regalo Divino; resulta sorprendente la ignorancia en la mayoría de los creyentes de este hecho que tiene la adoración, y si no se tiene conciencia de este doble papel presente en toda adoración, poco se podrá comprender el fenómeno de la idolatría presente en el mundo, hablamos del placer espiritual que se experimenta al adorar a Dios o a los ídolos.

Como pasión, la idolatría al igual que todo pecado, entraña una concupiscencia de la carne tal como lo hemos señalado al citar a Pablo en su carta a los Gálatas, y la gente la practicará al igual que las demás pasiones de la carne, es por ello que podemos entender que los sostenedores de cultos idolátricos no fabrican la ficción sino al ídolo, pero que llegan a ser tan culpables como quien lo adora. “…semejantes a ellos son todos los que los hacen…” Salmo 135:18

Esto nos recuerda el tristemente papel que jugó Aarón en el caso del becerro de oro del desierto en donde su pobre escusa fue “No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal. Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro? Apartadlo. Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro.Éxodo 32:22-24.

No piense ni por un instante que estamos justificando a la idolatría

Solo explicamos el porqué de su extensión universal y como ya señalamos, llegará a estar presente en la raza humana hasta su encuentro con El Hijo de Dios en el Día Final; allí los hombres verán a la Única Imagen Visible autorizada por Dios de su Persona: Jesucristo; algunos teólogos hablan a este respecto de que Dios se hizo representable en su Hijo, entonces, creen encontrar argumento aquí para el uso de las imágenes de los ángeles, de santos del primer siglo, de los Apóstoles, de la que fue la madre de Jesucristo, y de Jesucristo mismo, pero este argumento es débil y hasta absurdo, por cuanto además de que no se conserva retrato o escultura de ninguno de estas personas, la Ley de Dios o Ley de Los Diez Mandamientos, condena toda representación tal como reza:

No tendrás otro Dios que a mí. No te harás imágenes talladas, ni figuración alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas y no las servirás, porque yo soy Yahvé, tu Dios; un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y hago misericordia hasta mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos.Éxodo 20:3-6, citado de la versión Católica de Nácar Colunga 1944. (Citamos en versión católica para demostrar que ellos mismos contienen en la Biblia que profesan predicar este mandamiento que prohíbe la Idolatría).

A Dios se le debe adorar es en Espíritu y en Verdad, es decir en la nueva naturaleza que llegó hasta los creyentes con el arribo del Espíritu Santo, desplazando al templo hecho de piedra por el de sus corazones en plena concordancia con las Sagradas Escrituras que ya tenían y la que hablaron y escribieron los Apóstoles. Tal naturaleza es llamado también El Nuevo Hombre y de ello habló Jesús con Nicodemo en su famoso dialogo del capítulo cuatro del Evangelio de Juan cuando dijo: “El que no naciere del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.

También Pablo hizo lo mismo cuando les dice a los de Corinto en su segunda carta capítulo 5 verso 17: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas.”, sin embargo, erraríamos mucho si solo nos concentramos en el efecto que produce la idólatra, en el hombre; puesto que el argumento de mayor trascendencia la encontramos en lo que ella provoca en El Ser Divino: Celo, Verdadero Celo; del mismo tipo de celo que experimenta el esposo o amado cuando su esposa o amada pone su mirada en otro o adultera con éste. Dios no puede justificar otra adoración que no sea a su persona pues no solamente es el Único Dios, sino que también nos creó para este noble propósito de adorarle solo a Él, por esto nos permite conocerle plenamente para que todos sus atributos constituyan en sí mismos el argumento que toda criatura pueda tener para tributarle adoración.

Los ídolos carecen de todo atributo verdadero

Por eso tienden a fabricarlos lo más atractivos posibles al construirlos con oro o plata, de marfil, madera lujosa, de talladura fina, los visten con trajes bien ornamentados y adornados con todo tipo de joyas preciosas. Les fabrican leyendas y todo tipo de historias ficticias, atribuyéndoles milagros de todo tipo y en todo lugar, les dan apariencia humana pero no poseen cualidad alguna que superen a la existencia humana.

Aunque les den boca, no hablan. Si les dan orejas, no oyen, ojos y no ven, pies y no andan; no tienen aliento ni vida, son todo un sinfín de contradicciones en sí mismos, pues no poseen poder alguno para hacer nada. Fuera de sus creadores y adoradores, no tienen facultad alguna para existir, tan pronto como se les abandonan, se enmohecen y degeneran, tienen que ser de tiempo en tiempo restaurados o retocados. No son Nada en el Mundo.

Dios en cambio ha sido desde siempre, no requiere de nada ni de nadie. Es esencia pura, espíritu puro, todo poderoso, autor de la vida y del universo, es bueno, noble, misericordioso, sabio, humilde, grande, tierno, amoroso, maestro, guiador, sustentador, milagroso, justo, dador de toda gracia, bien y consuelo, eterno, invisible, infinito, inteligentísimo, supremo, juez del universo, proveedor, dador de toda gracia, talentos y capacidades, riquezas y bienes, salvador y dador de la vida eterna.

Por sobre todas las cosas es un ser personal y moralmente santo, conduce la historia, crea las generaciones de personas y a todas las especies de animales a los cuales sustenta y cuida. Creó a las estrellas colocándolas en su lugar exacto en el espacio y direcciona el curso de las galaxias y establece las rutas de los cometas, meteoritos y demás cuerpos celestes, controla el clima y mantiene habitable el planeta, dirige a los Ángeles y establece límites a los demonios.

Un ser así es adorable en sí mismo, cuanto más si le conocemos de cerca y sabemos de su maravilloso propósito y revelación, porque es un ser personal, nos damos cuenta que se molesta o se complace en ser desobedecido y honrado, siente indignación e ira, alegría y contrariedad, Amor y Celo; pero esto último se lo provoca la idolatría de la gente y de los pueblos, especialmente en aquellos donde ha brindado mayores gracias y favores, privilegios y riquezas.

Este celo Divino se aprecia especialmente acentuado por aquellos que ama y acepta por hijos o miembros de su familia, no solo nos cela de otros dioses, sino del mundo también, requiere de nosotros el primer lugar, en todo pensamiento, sentimiento y voluntad, aspira y ordena que sus mandamientos sean para nosotros nuestros objetivos, que su Santo Propósito sea el más sublime de nuestros cometidos en el mundo, busca tener comunión íntima con los suyos, construye un cerco protector en derredor de sus hijos y los disciplina cada vez que lo considera necesario.

Pero no solo los ídolos provocan el Celo Divino, también lo hace todo aquello que cautiva nuestra atención y amor o que le destrona del primer lugar que solo le pertenece a Él.

Dios puede compartir nuestro amor por nuestros padres e hijos, considerará como aceptable las labores y empeños que tenemos; pero nunca aceptará que nuestros seres queridos sean para nosotros más importantes que El, o que le dediquemos más energía y tiempo a los quehaceres del mundo y no a la adoración de su persona y a la empresa que lleva a cabo en el mundo.

En este sentido, Dios encuentra competencia y desafío en nuevos dioses e ídolos modernos, como la tecnología, la ciencia, la filosofía, el arte, la música, el cine, la televisión, el internet, la moda, los juegos, el deporte y en medio de algunos otros el más sobresaliente competidor suyo: el dinero.

Este último es por demás atrevido y “poderoso” pues se mete en las iglesias y mueve el mundo; la avaricia es su mejor rostro y en esto resulta verdaderamente cierto la afirmación de que cada quien tiene el carácter del dios que adora, pues la avaricia es en tiempos modernos el mayor de todos los cultos, especialmente en los sistemas económicos en donde se alimenta el consumismo voraz y el capital económico está entronando permanentemente al dinero, llegando a ser éste el objeto de búsqueda primaria tanto de la gente como el de los gobiernos.

Pablo nos recuerda que la avaricia… es idolatría. Colosenses 3:5Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;”; sin embargo, ninguno de estos falsos dioses permanecerá, todos perecerán y Dios nuevamente resultará vencedor.

Solo las criaturas serán vencidas por cuanto muchos llegarán a sucumbir a los encantos de los ídolos antiguos y modernos, de oro o de plata, con forma humana o animalesca, tangibles o intangibles, ya que todo lo que el hombre hace en este mundo lo llevará como tributo u ofrenda a Dios, “Dios no puede ser burlado; todo lo que el hombre sembrare, eso también segará,” Gálatas 6:7).

Así como Caín y Abel, algunos serán bendecidos y aceptados y enormemente enriquecidos, porque si todo lo producido no agrada a Dios, la perdida será significativamente alta para algunos que se salvan y desastrosamente ruinosa para los que se pierden, por cuanto no supieron honrar y dar culto al creador, el cual es bendito por los siglos. Amen.

Redactado por: Erick Principal

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