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El poder de la justicia – Parte V

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Como en la Cruz se dio el Ministerio del Cambio, y Él fue mi mediador (Mesites), mi sustituto, de la misma manera y con la misma fuerza, propiedad y autoridad que Dios imputó el pecado sobre Jesús, imputó la justicia sobre mí.

Cristo se llevó mi estado de pecado, pero Dios me dio su estado de justicia (2ª Corintios 5:21).

De la misma manera como Dios vio a Jesús como el germen del pecado, me ve a mí como la justicia misma.

De la misma forma como Dios puso el pecado en Jesús y lo declaró culpable, puso sobre mí su justicia y me declaró justo.

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Por esta causa corroboro lo antes dicho, que aun cayendo en el pecado más horrendo o más degradante de este mundo, por causa del misterio del cambio y de la sustitución que se dio en la cruz, dejaré de ser santo pero no dejaré de ser justo. Esto indica que no hay obras de pecado en este mundo que me condene.

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;… Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los Profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. (Romanos 3:10.25)

EN CUANTO A LA JUSTICIA DEBEMOS ESTAR CLARO

a) La justicia que está en mí, no entró por obras sino por imputación, indica que no hay obra que me quite la justicia.

Si la justicia hubiera entrado por obras, la tendría que mantener por obras.

Esto indica que sólo el que me dio la justicia me la puede quitar, y esto es imposible aun para Dios, porque ¿cómo puede Dios caducar lo que ya ha quedado determinado en forma absoluta en el tribunal supremo celestial? Por lo tanto, no hay pecado que determine tu condenación, no hay quien te pueda condenar, somos libre en Jesús por el Espíritu.

El hecho de la imputación es subrayado en la imputación del pecado de Adán a la raza humana con el efecto de que todos los hombres son considerados pecadores por Dios (Romanos 5:12-21). Esto se desarrolla más aún en el hecho de que el pecado del hombre fue imputado a Cristo cuando Él se ofreció como ofrenda por el pecado del mundo (2ª Corintios 5:14, 21; Hebreos 2:9; 1ª Juan. 2:2).

Así también la justicia de Dios es imputada a todos los que creen. Por causa de esta provisión se puede decir de todos los que son salvos en Cristo que ellos son hechos justicia de Dios en Él (1ª Corintios 1:30; 2ª Corintios 5:21).

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Siendo que esta justicia es de Dios y no del hombre y, que según lo afirman las Escrituras, ella existe aparte de toda obra u observancia de algún precepto legal (Romanos 3:21), es obvio que esta justicia imputada no es algo que el hombre pueda efectuar. Siendo la justicia imputada por Dios, ella no puede ser aumentada por la piedad de aquel a quien le es imputada, ni tampoco disminuir por causa de su maldad.

Los resultados y las propiedades de la imputación se ven en que la justicia de Dios es imputada al creyente sobre la base de que el creyente está en Cristo por medio del nuevo nacimiento que se da mediante el Espíritu Santo.

A través de esa unión vital con Cristo por el Espíritu el creyente queda unido a Cristo como un miembro de su cuerpo, no como una prótesis del cuerpo. (1ª Corintios 12:13), y como un pámpano a la Vid verdadera (Juan 15:1,5).

Por causa de la realidad de esta unión, Dios ve al creyente como parte viviente de su propio Hijo.

Por lo tanto, Él ama al creyente como ama a su propio Hijo (Efesios 1:6; 1ª Pedro 2:5), y considera que el creyente es lo que su propio Hijo es: la justicia de Dios (Romanos 3:22; 1ª Corintios. 1:30; 2ª Corintios 5:21).

Cristo es la justicia de Dios, por consiguiente, aquellos que son salvos son hechos justicia de Dios por estar en Él (2ª Corintios 5:21). Ellos están completos en Él (Colosenses 2:10) y perfeccionados en Él para siempre (Hebreos 10:10, 14). Por esta causa corroboro lo antes dicho, no hay obras de pecado que me puedan condenar después de haber sido justificado. Y esto lo dejó bien claro el Apóstol Pablo en sus escritos.

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1.3)

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¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:33.34)

Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. 10 En esa voluntad somos santificados( justificados) mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. 11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (a los que justifico)” Hebreos 10:8.14.

Cualquier pecado que cometamos ante Dios nos debe contristar, pero no condenar, porque no hay pecado que te pueda condenar después de haber sido justificado por Dios mediante el sacrificio de su hijo por su Espíritu Santo.

Yo me siento contristado y avergonzado delante de la santidad de Dios por el pecado que hice, pero nunca me siento condenado ante Él, porque Él nunca me condenará, y tampoco se avergonzará de mí.

A continuación voy a explicar en forma exegética -tomando en cuenta los medios de interpretación- algunos textos Bíblicos que han sido utilizados tradicionalmente por entes religiosos con una mala interpretación -en forma eisegética, fuera del contexto histórico- los cuáles han sido constituidos como una doctrina fuera de la realidad Bíblica, condicionando así la Salvación del hombre, negando la eficacia de la obra regeneradora que se dio una sola vez en Cristo, y que el hombre obtiene por la fe, y la disfruta por fe.

Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4 testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”. (Hebreos 2:1.4).

Acerca de José N. Briceño Aldana

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