Cristo, la Ley y la Gracia – Parte I

Reenier Gonzalo Prado

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Estudios Bíblicos

Estudios Bíblicos Estudio de Hoy: Cristo, la Ley y la Gracia – Parte I

Estudio Bíblico Cita Bíblica: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” Hebreos 1:1

Introducción

Dios siempre se ha comunicado con los hombres, y lo sigue haciendo hoy día, no ha variado en ello para nada ya que el cambio en Él es imposible siendo que es inmutable.

Entre las muchas maneras que habló, además de los sueños y visiones y de los muchos profetas enviados, sobresale el haber hablado directamente con los israelitas desde el Sinaí en la promulgación de la ley de los Diez Mandamientos.

Únicamente ha distinguido en su forma de hablar el concederle toda autoridad a su hijo Jesucristo para hablar en su nombre; pero no del mismo modo usado con los profetas bajo el viejo convenio, el de la ley. Jesús jamás habló como ellos: “El Señor dice…”; sino con una autoridad mayor: “…Yo os digo”, “…Un mandamiento nuevo os doy”, “…Toda autoridad me ha sido dada…”.

Pero en esta ocasión Jesús no nos trajo la palabra de Dios; ¡Él era la Palabra de Dios hecha carne!, cuando Jesús hablaba, Dios mismo hablaba; por eso los judíos no podían entender por qué mencionaba a Abraham como si le hubiera conocido siendo que tenía menos de 50 años (Juan capítulo 8).

Asimismo de que había descendido del Cielo, que era uno con Dios o de llamarse Hijo de Dios; que a los ojos de aquellos judíos equivalía a ser como Dios, razón por lo cual a ellos él sonaba como un endemoniado o blasfemo, pero él hablaba con verdad porque Dios estaba en Cristo reconciliando consigo mismo al mundo pues ciertamente El Padre moraba en Jesucristo, era Dios quien hablaba y Jesús era mucho más que un mensajero o profeta, era su Templo.

Tampoco trajo consigo una nueva revelación, simplemente le dio cumplimiento a las muchas promesas hechas por Dios en La Ley y Los Profetas quienes ya habían anunciado la Gracia que vendría; pensar lo contrario sería quitarle a las escrituras su carácter mesiánico y la utilidad de La Ley de haber sido sombra y figura de lo que ha llegado bajo el Nuevo Pacto. “ No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” Mateo 5:17.

De igual manera Cristo le dio al pueblo judío, la mejor exposición y explicación de la Ley, El Sermón del Monte, este es sin lugar a dudas la mejor interpretación del contenido de lo dicho por Dios en ese lugar, Jesús convalidó y enalteció la autoridad de la Ley de Dios dada a Moisés, nunca la quebrantó, y advirtió de las consecuencias de llamar pequeño a cualquier mandamiento allí contenido, esto es equivalente a hablar de la utilidad de esta ley aun en sus pequeñeces.

Pero la ley no quedaría para siempre porque Dios ya había anunciado la llegada de un nuevo convenio con el pueblo heredero de las promesas hechas a Abraham.,

“…Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo…Jeremías 31:33

Por eso Jesús, que “nació de mujer y bajo la ley” comunicó poco sobre lo que vendría y regiría una vez llegada La Nueva Alianza; tal papel fue asignado por Dios para que lo hicieran los discípulos suyos comisionados por él, a quienes llamó Apóstoles.

Su papel fundamental consistiría en dar a luz a este pacto, este pacto fue institucionalizado por él en la copa y el pan de aquella Santa Cena cuando dijo: “…Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; y esta es la copa del Nuevo Pacto en mi sangre que por ustedes es derramada…” 1 Corintios 11:23-25, de esta manera exacta entró en vigencia el nuevo convenio a partir de la cruz.

Ante esta realidad, nos vemos impulsados a afinar algunos aspectos siempre pasados por alto que:

• Los primeros escritos inspirados fueron las dos tablas de la ley
• El término “testamento” es inadecuado para referirnos a los 2 convenios Divinos.
• El mundo ha estado bajo 3 leyes: la Conciencia, la de Moisés y la del El Evangelio.
• La humanidad será juzgada según la ley en que cada quien vivió.
• La abolición del Antiguo Convenio no anula la autoridad de los Diez Mandamientos.
• Los pactos o convenios fueron hechos con el pueblo de Israel.
• Dios es el único que salva en ambos pactos.
• Nunca pudo haber contradicción entre la Ley y la Gracia.
• Jesucristo fue y será el único ser humano en cumplir La Ley.
• Fue necesario que Jesús hubiera sido declarado maldito por sentencia de La Ley.
• Juan El Bautista y Jesucristo, son los dos últimos profetas bajo el Pacto de la Ley.
• El marco Jurídico vigente en los Evangelios fue el de la Ley de Moisés.
• El único libro histórico del Nuevo Pacto viene a resultar ser Hechos de los Apóstoles.
• El Nuevo Pacto llegó gracias a la muerte y resurrección de Jesucristo.
• La Iglesia se funda en Pentecostés con la llegada del Espíritu Santo.
• La justificación es básicamente el perdón de los pecados.
• Sin la justificación no hubiera llegado La Era del Espíritu.
• El Nuevo Pacto tiene vigencia Eterna.
• Que tenemos más mandamientos bajo el Nuevo Pacto que bajo el Antiguo.
• Bajo el Nuevo Pacto existe mayor responsabilidad ante Dios que bajo El Viejo Pacto.

Ahora bien, aunque nos resulta mucho más fácil sintetizar estas verdades que explicarlas, hallándonos imposibilitados de hacerlo lo suficientemente amplio, tenemos la responsabilidad de hacerlo por el solo hecho de presentarlas.

Es una verdad innegable que Dios no se contradice nunca ni falla cuando habla u ordena algo, siendo que tiene Sabiduría Infinita (siendo Él el origen y la sabiduría), la dificultad de comprender sus procedimientos esta solo en nosotros por causa de nuestra incredulidad y por no considerar que la revelación es progresiva.

La progresividad de la revelación hace que la Ley y la Gracia luzcan como contradictorias, pero no es posible distinguir lo singular de esta gracia como sobreabundante, sino aceptamos que el pecado abundó porque el propósito de la Ley era desentrañar el carácter pecaminoso de las trasgresiones a esta ley. La Gracia sin el telón de fondo de La Ley no se apreciaría igual.

Dios nunca pretendía salvar por la Ley y tampoco la Gracia salva en sí misma, solo Dios salva; a causa de la Ley Dios mostró su misericordia al pueblo, por causa de la Gracia Dios nos dio vida eterna, por tanto la gracia como la misericordia están localizadas es en Dios y en ninguna manera son sustanciadas ni infusas, sin embargo, fueron concertadas en Pactos pues Dios se obligó en ellos a sí mismo, de allí que entonces no exista contradicción entre la Gracia y La Ley, y ambas cohabitan en los propósitos Divinos.

¿Entonces por qué fue abolido el Antiguo Pacto de la Ley?

Lo fue porque el producto y la realidad cambiaron en la distinción de ambos convenios, la ley producía ira, de allí la necesidad de las ofrendas de paz, del sacerdocio y por supuesto del templo.

En la Gracia estando ya reconciliados por la ofrenda de Jesucristo a través de su cuerpo, el producto imperecedero es paz eterna, ya no es necesario el sacerdocio temporal humano, llegó el eterno sacerdocio de Cristo quien logro esta Paz, por eso se le llama al Nuevo Convenio: El Evangelio de la Paz.

Bajo La Ley mandaba la carne o el viejo hombre, bajo la gracia manda el Espíritu o nuevo hombre. Antiguo Testamento, el primero, la muerte era la gran soberana. Nuevo Testamento, el segundo, La Vida es Eterna. En el afirmar de estas cosas nos vemos obligados a aclarar que lo que fue anulado, abrogado o prescribió no fue la vigencia de Los Diez Mandamientos, sino El Convenio Basado el ellos “Éxodo 34:27”, es decir, en las condiciones impuestas durante el tiempo en que tardaría en llegar la gran reforma que traería el Heredero de todo, con su obra perfecta de reconciliación y salvación:

“…ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas…” Hebreos 9:10.

Porque es imposible pensar que matar, robar, adulterar, mentir, codiciar, irreverenciar al Creador, el mofarse de Él, representándolo o adorando imágenes, en deshonrar su nombre y algún otro mandamiento del decálogo, dejaría de ser condenado por Dios en alguna otra circunstancia.

Los Diez Mandamientos en sí, tienen vigencia permanente en el mundo y constituyen en menor o mayor grado, la base de la moral, las leyes y las costumbres de la casi totalidad de las naciones y culturas del mundo.

Rechazamos asimismo, la idea que vino desde los tiempos de Tomas de Aquino de que de la Ley de Moisés fue abolida únicamente el ceremonial presente en ella, porque él enseñaba que la misma estaba estructurada en ley civil, moral y ceremonial.

Ningún judío acepta tal división, y es el mismo escritor de la epístola a los hebreos que sale al paso para negar esto diciéndonos: “Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley…” Hebreos 7:12

Dándonos a entender cuan estrechamente estaba vinculado todo en la ley, claro está, bajo el entendido de que La ley de Moisés jurisdiccionó únicamente en Israel. (Ver también la resolución apostólica del primer concilio de Jerusalén en hechos capítulo 15 y leer la carta de Pablo a los Gálatas).

Antes de la promulgación de la ley de Moisés los hombres sabían por el razonamiento de sus conciencias, lo que era bueno o malo; y aun hoy en día algunas culturas que se muestran cerradas o apartadas de lo que algunos llaman civilización occidental, los hombres y las mujeres dan al traste con estas mismas demandas, que son con toda propiedad, huellas de la presencia de la Sabiduría Divina, que tan bien los hace responsables ante Él, no invalidando sino confirmando su autoridad de juzgar a todos los hombres en cualquier tiempo o lugar.

De esta manera, quien recibió mayor luz de revelación de la voluntad soberana de Dios, tanto más se le demandara cuentas, nadie es irresponsable delante de Dios en este respecto, aunque mayor luz tuvieron los israelitas y mucha más los nacidos bajo la civilización cristiana.

Por otro lado, es necesario marcar los hitos históricos del inicio de ambos pactos; los mandamientos de la ley no comenzaron a darse a conocer cuando fueron promulgado los Diez mandamientos, porque ya Dios había escogido y reconocido al pueblo de Israel como el pueblo de su Pacto cuando dijo que este Pacto comenzó desde “…el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto…Jeremías 31:32; y ya les había ordenados algunos mandamientos previos a la promulgación del Decálogo.

Por ejemplo, Dios había establecido con antelación el sacerdocio Levítico al escoger a Moisés y a Aarón que venían de esta descendencia. En tal respecto, el escritor de la epístola a los Hebreos tenía razón cuando nos señala que bajo tal “…sacerdocio recibió el pueblo La Ley”, hebreos capítulo 7 verso 11; aunque más adelante se les ratifica en su oficio.

De igual manera, el mandamiento del día de reposo de los judíos, le fue anunciado a los israelitas antes del decálogo, (Éxodo 16:22) y si bien es cierto que forma parte de los 613 mandamientos que se afirma contenía La Ley de Moisés, en el Decálogo mismo solo se lo recuerda Dios al pueblo, (consideramos que la biblia en poco, o en nada hace uso de la tautología o repetición innecesaria).

Esto es para nada extraño a los cristianos, pues conocemos bien la respuesta de Cristo a aquel judío que le preguntó: ¿Cuál es mayor de todos los mandamientos?

A lo cual Jesús lo lleva a Deuteronomio capítulo 5, la famosa Shemá judía, y no solo señalo al primero, sino también al segundo y este tampoco se ubica en el Decálogo.

Reconocemos lo audaz de esta afirmación, sin embargo, parte de la dificultad de aceptar este hecho como autentico, radica en no comprender que el Decálogo nos llega a nosotros desde los libros de Éxodo y Deuteronomio, en los que Moisés estaba siendo histórico al remontarse al momento mismo de su pronunciación abierta al pueblo, y no directamente de la dos Tablas de Piedra en las cuales el conteo de los mismos tiene que sumar 10, admitiendo al mismo tiempo que ellos son las primeras palabras inspiradas de La Biblia, escritas directamente por El Dedo de Dios.

Apreciemos pues en todo esto, el carácter estrictamente moral y espiritual del Decálogo y de su vigencia para todos los tiempos y lugares del mundo, librándolos de la observancia de algún día en particular que no sea por gusto propio, sea domingo, viernes, o sábado; primero, sexto o séptimo. Colosenses 2:16, Romanos 12:5-6.

Además de lo dicho y afirmado referente al Antiguo Pacto, conviene considerar algunos aspectos más que son también esclarecedores de este convenio.

Primero, que fue mal llamado Testamento, por cuanto Dios no funge como testador en la Ley ni mucho menos habló de “última voluntad”, sino que lo entendemos como una serie de disposiciones Divinas que gozarían de carácter temporal y que únicamente se le llama viejo o antiguo en relación a la entrada en vigencia del Nuevo Pacto.

Cuando el escritor de hebreos en el capítulo 9 de esta hermosa y clarificante carta habló de una similitud entre este convenio y un testamento, es bajo el entendido de que ambos hablan de herencia y de muerte.

De la herencia que recibirían y recibieron los israelitas y de la muerte de las víctimas que eran animales, con cuya sangre se sellaba este pacto. Sería igualmente imposible aplicar este término al Nuevo Pacto, por cuanto Cristo es el heredero y ningún heredero muere para cobrar herencia. Segundo, que solo tuvo jurisdicción en Israel por cuanto tiene como fundamento el que ellos eran los descendientes naturales de Abraham con su Pacto, cuya señal visible fue la Circuncisión, el Nuevo Pacto tiene también este mismo fundamento ya que ambos pactos son hechos con este pueblo.

No obstante si consideramos la demanda de Justicia Divina exigida bajo La Ley, fuera de ella o en el Evangelio; concluimos que el haber sometido Dios al pueblo de Israel a las condiciones de estar bajo esta rigurosa y completa ley, unido al tiempo extenso de más de 15 siglos que duró la prueba; fue más que suficiente para establecer que si algún otro pueblo o el mundo entero hubieran estado bajo su dominio, todos fallarían miserablemente igual o peor que Israel.

De donde sabemos que toda la raza humana llevará la misma sentencia que se les aplicó a los israelitas si no reconocen la Gracia Salvadora del Evangelio de Jesucristo. (Los siguientes aspectos de estas 20 premisas lo traeremos en el siguiente estudio).

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Reenier Gonzalo Prado

Siervo de Jesucristo, proclamando la Palabra de Dios a través de mensajes cristianos que exaltan al Salvador y edifican al pueblo de Dios. Mi llamado no es una ocupación, sino una entrega total al Reino. Cada mensaje que predico y escribo nace del deseo profundo de glorificar a Cristo, alumbrar corazones con la verdad del Evangelio y despertar una fe genuina en quienes escuchan. Mi compromiso es con la sana doctrina, la obediencia a las Escrituras y la guía del Espíritu Santo, para que todo lo que salga de mi boca y pluma esté alineado con el corazón de Dios.

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