Fundamentados en la Roca III

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Fundamentados en la Roca Parte III

Fundamentados en la Roca Parte III | Estudios Bíblicos

Introducción

En el capítulo 8 del libro de los Romanos versos 9 al 11 leemos lo siguiente:

“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.”

En este punto has declarado que ya no quieres vivir según los viejos rudimentos del hombre mortal que se hallaba muerto en el pecado, sino que quieres vivir. Pues bien, esa nueva manera de vivir es la del Espíritu y no necesitas convertirte en fantasma para que tu espíritu reviva delante de Dios; lo que necesitas es que Dios se apodere de tu espíritu, y ¿cómo logras eso? Dándole cabida a Dios para que tome el control de tu revivido espíritu, tal y como lo refirió Jesús a Nicodemo.

Tener el Espíritu Santo de Dios es más que una experiencia sobrenatural es también un sello prometido. Lea por favor la epístola a los Efesios en el capítulo 4 verso 30 que dice así:

“y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

La palabra de Dios nos enseña y también nos ha advertido acerca de la Segunda Venida de Cristo y del arrebatamiento de la iglesia y que uno de los requisitos distintivos para todo aquel que desee ser levantado con Cristo en las nubes (bien porque durmió en Cristo y fue despertado por la trompeta o porque fue transformado en cuerpo no corruptible) y vivir con él por la eternidad es tener el Sello de su Espíritu Santo.

Del mismo modo, que entrar a un concierto o a un campamento requiere no sólo que hayas pagado la entrada sino que tengas el sello, banda o brazalete que te identifique como parte del evento para que puedas tener acceso, así de importante es para ti y para mí, tener el Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas. Es nuestro sello de que somos de Dios y de que podemos entrar al reino de los cielos. Porque escrito está: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”

Cristo pagó por nosotros la entrada al cielo y su Espíritu es como el código de barras que necesitamos para ser reconocidos como dignos de ser levantados, transformados y heredar lo que Dios ha preparado a todos aquellos que creen en él.

Para heredar el reino de los cielos, necesitamos el Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas, pues así está indicado en 2 Corintios capítulo 1 verso 22:

“el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.”

La palabra de Dios nos dice en el libro de Apocalipsis que las bodas del Cordero serán celebradas en el cielo entre Dios y la iglesia (¿eres parte de la iglesia?), y como en toda boda que se respete debe estar presentes las arras.

Según el diccionario, las arras son las monedas que se entregan durante el acto del matrimonio entre el esposo y la esposa para formalizar dicho acto. Como novio, el Señor ha otorgado esas arras a su iglesia a través del Espíritu Santo, ¿Vas a quedarte sin esa pieza tan importante del contrato nupcial?

El Espíritu Santo de Dios es de suma importancia para la vida de un cristiano, es su bebida para fortalecer el espíritu y resistir el diario batallar contra las huestes de maldad.

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.” (1 Corintios 10: 1 – 4)

Si la palabra de Dios es el pan de vida que alimenta nuestras almas, entonces su Espíritu es nuestra bebida que no nos permitirá tener sed jamás (Juan 4:13 y 14; 7:37 – 39). Esto es, no anhelar nuevamente lo que el mundo con sus deseos, tentaciones y pecados tiene para ofrecernos y regresarnos a la condición de muertos espirituales.

Hay bebidas que refrescan y otras que energizan, la bebida particular que Dios nos da a través de su Santo Espíritu nos da poder.

“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8)

No es tu fuerza de voluntad, ni tus conocimientos, ni tu dinero el que dará la pelea contra el enemigo, sino el poder del Espíritu Santo de Dios (Zacarías 4:6). ¿Quieres ganar la pelea? Deja que el Espíritu Santo de Dios que mora en ti, haga la obra, porque no se trata de tu batalla ni tampoco de tu gloria sino de la gloria de Dios.

El Espíritu Santo de Dios es nuestro guía (Juan 16:13 y 14) y nuestro Consolador (Juan 14:26). Lo que de parte de Dios necesite ser revelado o la orientación que necesites en tu nueva vida, el Espíritu Santo será quien te la dé.

Ahora bien, una pregunta importante hasta aquí sería: ¿Cómo sé yo que el Espíritu Santo de Dios está en mí? Porque leímos al comienzo de esta parte en el capítulo 8 de Romanos que si no teníamos el Espíritu de Dios no éramos de él, así que, se pueden leer dos cosas en este punto:

1) Se puede tener el Espíritu de Dios o el de alguien más. Un recipiente vacío se presta para ser llenado por cualquier cosa (Mateo 12:43 – 45). Una nueva criatura también. En Dios, o tienes su Espíritu o tienes el del diablo. O eres de la luz o estás en tinieblas. O eres carnal o eres espiritual. No se aceptan medias tintas (Apocalipsis 3:15 y 16)

2) Necesitas evidencia de tener el Espíritu en ti.

Cuando un bebé nace llora. No se trata de un canto de palabras que compongan un idioma con sintaxis, semántica y un profundo estudio que puedan evaluar los lingüistas. Se trata de llanto, puro y genuino, y es en sí mismo un lenguaje universal, que conlleva una particular interpretación.

Cuando el hombre común nace de nuevo, tanto de agua como de Espíritu, sigue el mismo proceso terrenal del nacimiento; sólo que esta vez, lo que se busca es el nacimiento de un hombre espiritual.

En tal sentido, lo que sigue a romper fuente y pasar por el bautismo en agua, es el llanto que le dice al mundo y a todo pulmón, que ese nuevo ser, está vivo.

El Espíritu Santo de Dios que se recibe hace lo mismo a cada alma que entra. Le da vida y toma el control total. Recordemos que cuando Dios creó a Adán en el huerto del Edén, sopló aliento de vida en su nariz para que pudiera así, ser un ser viviente.

Pues, ahora que lo que se busca es dar vida a un ser espiritual, lo que se necesita nuevamente es el Espíritu de Dios.

En el texto principal de este estudio, que está en el libro de los Hechos capítulo 2, encontramos la secuencia completa de los pasos a dar por cualquier alma que ambicione la salvación. Nótese que ese mismo capítulo relata cómo fue la Venida del Espíritu Santo a los ciento veinte (120) que estaban junto con los apóstoles en el Aposento Alto.

La Escritura dice en los versos 2 al 4 que:

“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”

En el libro del profeta Isaías se anticipó este nacimiento de Espíritu y su evidencia. El capítulo 28 verso 11 nos dice:

“porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo”

Y también en el libro del profeta Joel capítulo 2 versos 28 y 29:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones, y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.”

Ese derramamiento que tuvo lugar por primera vez aquel día de pentecostés, se repite hoy día en todas partes del mundo, donde el nombre de Dios es invocado y su evangelio anunciado.

Ninguno que quiera ver un nuevo nacimiento en Cristo Jesús estaría completo sin ese bautizo del Espíritu Santo y Fuego. La señal o evidencia de que el Espíritu ha tomado el control de la nueva criatura es la señal inequívoca de hablar nuevas lenguas, tal como lo anunció Jesús en el evangelio de Marcos capítulo 16 verso 17:

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas…”

El fuego del Espíritu Santo es lo que impregna sobre nosotros el sello que le permitirá a Dios reconocer que somos suyos de en medio de la multitud; tal como lo refiere la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13: 24 – 30). Su palabra dice que cuando él venga a buscar a su Pueblo, se tomará a sí mismo (Juan 14:3). Eso quiere decir, que tomará a aquellos que posean su mismo Espíritu. Dios no puede negarse a sí mismo (2 Timoteo 2:13); su Espíritu en nosotros, nos hace uno solo (Juan 17:21).

CONCLUSIÓN

¿Crees en Dios? ¿Crees en Su Palabra? ¿Entiendes que eres pecador y necesitas arrepentirte de ese pecado? ¿Aceptas que debes nacer de nuevo, del agua y del Espíritu para que puedas entrar en el Reino de Dios? ¿Quieres vivir con Dios por la eternidad?

A lo largo de mi caminar con Cristo y en la iglesia, he visto muchas personas que gustan de Dios a medias.

Quieren vivir para él pero bajo sus propias condiciones; eligen de la biblia lo que les conviene y les agrada pero no aceptan lo que Dios demanda en su totalidad. Intentan vivir una vida que pueda agradar tanto a la carne como a lo espiritual, y escrito está: “no se puede servir a dos señores” (Mateo 6:24).

Vivir para Dios no es una carrera electiva que cursas en la escuela y que si te provoca la dejas hasta la mitad o la cambias por otra. Vivir para Dios significa entrega absoluta. Darle sólo una pequeña porción de tu vida a Dios y reservarte el resto para ti, sólo te traerá consecuencias negativas.

La decisión que has tomado o que estás por tomar debe ser consciente y voluntaria. Nadie ha dicho que será fácil, pero tampoco imposible. No temas servirle a Dios. Te aseguro que tiene su recompensa, tanto en esta vida como en la eternidad.

¿Estás dispuesto a entregarle tu vida a Dios hoy? ¿Estás dispuesto a ser una nueva criatura en Cristo Jesús?

Es tiempo de que pases de muerte a vida. De débil a fuerte. De perdido a encontrado. De vacío a lleno. De huérfano a linaje escogido.

Es hora de que fundamentes tu hogar en el cielo y hagas de Dios tu habitación. Fundamenta tu fe en la roca que es Cristo Jesús (Mateo 16:18)

Dios te bendiga.

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