Estudio bíblico basado en Oseas 13:14: La muerte parece pronunciar la última palabra cuando nos despedimos de alguien. Oseas 13 nos lleva a preguntar dónde sostiene Dios la esperanza de redención. Nosotros podemos enfrentar el duelo con la mirada puesta en la victoria de Cristo sobre la muerte.
Introducción
“…De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol…” Oseas 13:14.
La muerte surge y es una con el pecado, es como la otra cara de la moneda de lo que Dios creó en perfección y pureza. Tampoco Dios creo el pecado, ambas realidades llegan a cobrar existencia desde la criatura misma cuando esta desatiende o transgrede las leyes Divinas.
Y este fue el tristemente caso del primer hombre Adam, que por su transgresión o pecado trajo la muerte al mundo. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Romanos 5:12.
Sin importar mucho lo que los filósofos y científicos llegan a decir de la muerte de que esta es un fenómeno natural, no es percibida así por quien se le acerca o los familiares que ven partir a un ser querido, todos ellos la rechazan y la sienten como una calamidad, como un hecho impropio de la vida, como un castigo enorme que todos llevamos encima; y es que justamente eso es la muerte: una sentencia Divina, pero la decisión de traerla y acarrearla al mundo no fue sino de Adam, ya que Dios le advirtió de este enorme peligro y este aun así desobedeció.
Dios, por efecto de su soberanía, tenía que dar a conocer sus leyes y mandamientos al primer hombre, y lo hizo de la más simple y elemental manera posible.
Si nos detenemos a considerarlo en el contexto adecuado de una creación sin mal alguno, el prohibir comer de un fruto era un mandamiento simple y sencillo, fácil de cumplir y obedecer; todos conocemos ya como sucedieron los hechos, pero la decisión la tuvo solo Adam y este entendió bien el paso que habría de dar, tal vez consideró la situación de su compañera y ya en ella, por ser carne de su carne y huesos de sus huesos, una porción de su humanidad había sucumbido a la trampa del mal, su solidaria y nefasta decisión se apreciaría a lo largo de los siglos, pues el primer pecado es y seguirá siendo el más terrible de todos, por cuanto todos los que vinieron después comenzarían con el primero.
Dios le advirtió al hombre de esto cuando le dijo, “ciertamente morirás” si comía del fruto y efectivamente así sucedió, Adán no perece al instante pero muere justamente al momento, la Muerte de la que se advirtió no era la Física, sino la Espiritual, aunque 930 años después se completaría aquello que le fue dicho “polvo eres y al polvo volverás” Génesis 3:19.
En él sucedió como cuando se arranca una planta del suelo o se corta una flor, justamente mueren en ese mismo instante, pero se marchita lentamente hasta secarse, aun cuando al principio no se note que su fin ha llegado.
Muerte: enseñanza y aplicación
La muerte Espiritual en Adán se manifestó desde aquel mismo momento de su transgresión, y esto se aprecia por el miedo que éste experimentó cuando se acercó Dios, esta (la muerte) la trasmitiría a toda su descendencia y es la peor herencia que todos recibimos y legamos a nuestro hijos, constituye la causa de nuestros pecados personales en los cuales Adán no tiene participación directa pues lo hacemos nosotros, es toda una carencia de virtudes espirituales, de debilidades morales, de insuficiencia y entereza del alma para resistir al mal presente en nuestra naturaleza, son pasiones y deseos perversos y egoístas, un profundo raquitismo de la voluntad para hacer el bien, se traduce en odio al Señorío Divino y un aborrecer y repudio al prójimo; es por sobre todo una miopía y ceguera espiritual que desconoce a Dios.
Todos los seres humanos, con una sola excepción, Jesucristo, nacemos muertos espiritualmente y es lo que los antiguos cristianos llamaron El Pecado Original.
Jesús nace santo, pero con todo y eso no escapó tampoco al señorío de la muerte pues fue engendrado mortal y padece la Muerte Física, no toda la raza humana padecerá de la muerte física ya que en la segunda venida del Hijo de Dios, muchos serán transformados en un abrir y cerrar de ojos, de seres mortales a inmortales, por el regalo magnifico de la Vida Eterna prometida, los que hayan muerto resucitarán para nunca más padecer mal alguno, esto constituye el consuelo y la fuente de la esperanza del creyente, sabiendo que quien lo prometió es fiel y tiene todo el poder para cumplir lo dicho.
La Muerte es llamada la “gran soberana” pues todos en alguna manera hemos estado presos o estamos sometidos a su poder de donde nuestro salvador, como ya lo dijimos también murió, pero por muy poco tiempo ya que resucitó y vino a inaugurar el Reino de la Vida teniendo siglos vivo y sin posibilidad de nunca más perecer.
Una considerable cantidad de seres humanos serán entregados a la más terrible de todas las muertes, La Muerte Eterna, esta consiste en la eterna exclusión de la presencia de Dios y sus dones, en una soledad pasmosa al tiempo que un fuego eterno mantiene la existencia perpetua de dolor y sufrimiento sin que se llegue a borrar los recuerdos de los pecados cometidos y su consecuente pesar, quedando marcados para siempre con la imborrable sentencia del señor en el Juicio Final de: “Malditos al Fuego Eterno”, sin la posibilidad alguna de escapar de tal lugar y condición por cuanto transgredieron con sus vidas toda disposición Divina en sus leyes, mandamientos, estatutos ordenanzas y normas, “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Daniel 12:2.
Solo es posible escapar de tal lugar, si al igual que como en los tiempos de Noé nos embarcamos en el “Arca de Salvación” que se nos ofrece hoy en medio y por la Iglesia de Jesucristo, pero es necesario creer y depositar toda confianza en la obra salvadora del Hijo de Dios al tiempo que cumplimos con los cometidos que tiene signado por Cristo, su iglesia y Esposa.
“De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol.”. Oseas 13:14, esta profecía se verá cumplida en el Juicio del Gran Día, el día final, en donde la muerte (aquí habla de un lugar, ver contexto de Apocalipsis 20) será arrojada al Lago de Fuego que arde con azufre, al igual que el Seol o infierno, pero no es solo los lugares sino también las personas resucitadas en cuerpo y alma de quienes estuvieron como en una antesala de este Juicio, es decir, en uno lugares de ultratumba que la biblia llama Seol y la Muerte. “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.” Apocalipsis 20:13-14.
Nótese que a este lago de fuego no son arrojados los que proceden del abismo, que es el tercer lugar que se menciona en el anterior pasaje bíblico citado que hace referencia profética al Día del Juicio Final, allí tampoco concurre ningún habitante del cielo, de donde sabemos que la Iglesia no comparecerá a este Juicio Público pues ella ha sido Justificada por Dios a causa del sacrificio expiatorio y perfecto de Cristo en La Cruz que a todas luces fue un juicio también.
No es que los creyentes no seremos juzgado de ninguna manera, ya que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo tal como lo señaló Pablo en la Segunda Carta a Los Corintios Capitulo 5, verso 10 “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”, solo que en este juicio particular cada creyente es examinado por El Señor Jesús para tributarnos su galardón.
Ahora bien la muerte vista como lugar de ultratumba será arrojada al Lago de Fuego (que es la segunda muerte o muerte eterna), pero la muerte como propiedad o realidad en la criatura ha sido igualmente sentenciada por Dios, para darle perfecto y fiel cumplimiento esperamos verlo completarse por parte de Dios en dos fases y en dos tiempos.
El primer tiempo es el que hablamos de fin de la Muerte Espiritual y que esta acontece en el creyente en su alma o espíritu al momento de su conversión y regeneración por el Espíritu Santo y que es llamado también nuevo nacimiento, en donde recibimos el conocimiento personal de Dios y el cambio de nuestro corazón y de nuestra conciencia; y ésta es también su primera fase, en vida.
La segunda fase parece ser un misterio poco conocido y en ningún momento hablado en ningún lugar: la resurrección del espíritu del hombre, este acontece luego de la muerte y lo lleva a ejecución Dios al repotenciar nuestras almas al concedernos una especie de morada eterna en los cielos para que estemos en ese lugar y podamos disfrutar de sus delicias y de la bienaventurada visión del Omnipotente Dios.
Aplicación y reflexión
Varios textos apoyan este misterio descrito en el verso anterior, el primero lo tomamos del libro de apocalipsis capítulo 20 verso 4b: “y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”. (Aclaramos que estas almas estarán eternamente reinando también, pues Pablo habló de que El Reina desde el momento que se le dijo: siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por debajo de tus pies hasta que se haya vencido al último de sus enemigos: la Muerte.)
Un segundo texto lo hayamos en Hebreos 12:22-24, donde leemos que al relacionarnos con El Reino de Dios, nos hemos: “…acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”
Aquí notamos la presencia en el cielo, además de los ángeles y El Señor Jesús, de los primogénitos inscritos en el cielo y a los espíritus de los justos hechos perfectos o revitalizados para armonizarlo con el texto anterior de apocalipsis donde a esta resurrección la llaman la primera resurrección.
Además de los argumentos esgrimidos por Jesucristo de defender la doctrina de la resurrección ante los Saduceos, donde usa como argumento que tanto Abraham, Isaac y Jacob fueron resucitados por Dios por lo cual Él se llama a sí mismo Dios de ellos y que no podían estar muertos pues es Dios de Vivos, tenemos la aparición de Moisés y Elías ante Jesús en el monte de la trasfiguración, pero el de mayor peso nos lo provee Pablo en todo el capítulo 5 de 2 Corintios.
En este texto Pablo explica que al partir de este mundo, tenemos aguardándonos de parte de Dios una Morada, Tabernáculo, Edificio, Habitación Celestial para estar revestidos y no ser hallados desnudos delante de Dios y todos los habitantes del Cielo, esta es por demás una de las primeras sorpresas maravillosa que nos aguarda en el cielo, Y todo nos parece indicar que tal morada es una especie de “cuerpo espiritual” muy semejante al que deben poseer los ángeles.
El segundo momento es el de la resurrección de nuestro cuerpo biológico o natural, el de carne y huesos, a la misma semejanza del de Cristo, un cuerpo indestructible y eterno.
Aquí la segunda fase consiste en que Dios llegará a unir los espíritus o almas resucitadas de los santos que murieron en Cristo Jesús, con sus cuerpos esqueléticos ya resucitados también; pero a ellos, los que partieron ya de este mundo, se les dará el primer lugar y luego los que estemos vivos en aquel día, en un abrir y cerrar de ojos, seremos transformados en la misma semejanza de Cristo que siempre tuvo su espíritu vivificado y que recibió de Dios, luego de su resurrección, un Cuerpo Glorificado.
Así será vencida la muerte, con la resurrección de los hombres en un orden bien establecido en la escritura, Primero fue Cristo, el Primado de Dios, luego los creyentes en el Retorno de Jesucristo al Mundo, por último la resurrección o transformación de los incrédulos donde estos recibirán la indestructibilidad de sus cuerpos, pero no repotenciación de sus almas por haber rechazado el regalo de la Vida Eterna en el Evangelio de Su Hijo.
La muerte Eterna será la sentencia absoluta de Dios de arrojar en el lago de fuego a todo aquel que sigue o siguió las insinuaciones del maligno y a este lugar serán arrojados también Satanás y sus ángeles como un justo Juicio de Dios y por su extraordinario Poder y Sabiduría.
Redactado por: Erick Principal
Para seguir estudiando: Llaves de la muerte y del Hades; El Hades.
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