Ojo con los violentos.

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“…Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan…” Mateo 11:12.

Sin duda alguna, estamos ante uno de los versos más difíciles de contextualizar y por consiguiente, interpretar. En primer lugar porque estamos ganados en principio a suavizar las verdades más contundentes de la revelación que Dios nos ha trasmitido, y en segundo lugar porque no hemos dimensionado o comprendido el conflicto permanente que hay entre la luz y la tinieblas, entre los hijos de Dios y los hijos del maligno.

En relación a lo primero, son bien conocidos los casos en donde los traductores de las escrituras, los mismos que nos han dado a conocer sus versiones de la biblia, tienen como propósito inédito el ganar el mayor número posible de seguidores al trabajo presentado por ellos, (que bien pudiéramos llamar también propósito comercial o deseos de adquirir fama y notoriedad), por lo que en muchos de sus obras encontramos además de explicaciones forzadas, la utilización de las acepciones de palabras menos engorrosas a la hora de traducir cualquier texto difícil, llegando a suavizarlo de esta manera.

En este sentido y en relación a lo arriba expresado decimos que en el peor de los casos, han llegado a la eliminación de algunos vocablos, como al parecer es el caso de mateo capitulo veintisiete versículo dieciséis, en el cual leemos que Poncio Pilato pudo haberles dicho a los judíos: “…¿a quién queréis que os suelte: a Jesús Barrabas, o a Jesús, llamado el Cristo?..” (Favor Leer en la versión Dios Habla Hoy de Las Sociedades Bíblicas Unidas); privándonos del privilegio de entender que es posible que los judíos tuvieran ante sí la disyuntiva de escoger entre dos “…salvadores” o Jesúes y que por su puesto, escogieron el equivocado.

En este texto, se cree que algún copista consideró que no era conveniente o de su agrado, que Barrabas llevara el nombre del Salvador, y decidió eliminar el sustantivo “Jesús” de aquel pasaje, por considerarlo quizás, indigno de ello.

Sin embargo hoy en día sabemos que muchos judíos llevaban también este nombre, como es el caso de un compañero de los apóstoles llamado Jesús y apodado “Justo” y que éste nombre era una variación del nombre Josué, por lo cual la supresión de esta palabra solo ha afectado a los buenos sermones expositivos, que algún buen maestro habría hecho y en nada la decisión de los judíos de aquel momento trascendental.

Pero también ha habido el caso de añadiduras al texto bíblico.

El más conocido es tal vez “la coma juanina” en 1ª de Juan capítulo 5 verso 7, el cual ha ido desapareciendo de las versiones más modernas, por saberse su historia como texto espurio o falso; atribuido a los autores de la bien conocida Poliglota Complutense, y que como prueba de ello, aun las versiones católicas más serias ya no la contienen.

Como prueba de lo que ya hemos afirmado, y en clara alusión al texto de Mateo 11:12, hagamos el ejercicio de citar algunas de las versiones más conocidas de Las Sagradas Escrituras para apreciar mejor lo dicho.

Biblia al Día: “…Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él…”.

Dios Habla Hoy, 2002. “…Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se le hace violencia, y los violentos pretenden acabar con él…”.

Nacar-Colunga 1944: “…Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el Reino de los cielos es forzado, y los violentos lo arrebatan…”

Nueva Versión Internacional: “…Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él…”.

Sin embargo creemos que el textus receptus (1550), ha sido fiel en la presentación de este pasaje. Por eso tenemos la versión Reina Valera 1960, que está basada en el trabajo de Erasmo de Róterdam aquí citada en el encabezado de este tratado. Nada más procederemos a interpretarlo lo más fiel posible a su prístino significado, el que creemos nos dio el Salvador.

Tenemos que aceptar que no es posible eludir la dificultad de un lenguaje crudo y desafiante, pero que sin embargo está en perfecta concordancia con la verdad bíblica de que el Rey Jesús exige, al igual que en las bienaventuranzas, un carácter donde esté presente un tipo particular de violencia, y que en esta ocasión no se está refiriendo al conflicto existente entre el bien y el mal, entre los Hijos de la Luz y los hijos de las tinieblas, entre los creyentes y los incrédulos.

No es posible evadir palabras como “violencia”, “arrebatar” y “violentos” que en apariencia desarmoniza con el carácter de los hijos de Dios de llegar a ser mansos y humildes como el Maestro. La violencia siempre ha venido de parte de los del mundo y no de los de la iglesia.

Jesús hablaría nuevamente de esto con sus discípulos en ocasión de aquella noche de su pasión, en la mal llamada ultima cena (pues Cristo siguió comiendo con sus discípulos, luego de resucitado), cuando les dice a ellos que para aquel momento de horas aciagas, de que quien tenga una capa la venda y se compre una espada, a lo cual los discípulos le replican que por allí tenían una, por lo cual Jesús se impacienta y les dice “…ya basta…” porque no entendían su lenguaje.

¿Pero a cual violencia se refiere? Si pensamos que fue la que se le aplico al Bautista, entonces convalidaríamos algunas traducciones de este texto que nos presentan algunas de las versiones que presentamos al principio, como la versión Dios Habla Hoy, en donde se dice que la violencia se le hace al Reino de Dios y que los violentos aquí aludidos pretenden acabar con él, induciéndonos a pensar que se está refiriendo es al conflicto entre los Hijos Del Mundo en contra de los Hijos Del Reino.

Pero es de hacer notorio que el Señor Jesús no incluye a Juan en él, pues dice que a pesar de que este era con toda propiedad el más grande de los nacidos de mujer por haber recibido dos grandes privilegios: haber sido lleno del Espíritu Santo desde el vientre materno, y por ser el heraldo o precursor del Mesías; ya que contrasta al menor en el Reino de Dios como más grande que Juan el Bautista.

En cambio encontramos que en texto paralelo que nos ofrece El Evangelio de Lucas, se nos señala a quien se refiere, allí se indica que los publicanos y todo el pueblo justificaban a Dios, bautizándose con Juan, en contraste con la posición asumida por los maestros judíos. Ambos textos, mencionan que Jesús enrostra a los judíos su inexcusable incredulidad ante estos dos profetas que con estilos diferentes habían sido enviados por Dios y ellos rechazaron.

Para el momento en que Jesús hablaba, Juan estaba preso, y aunque algunos se vean inclinados a pensar en dos tipos de discípulos, los de Cristo y los del Bautista, gracias al buen trabajo de Juan, tendían a ser uno solo, los de Cristo, ya que Juan direccionó a los suyos a seguir a Jesús, pues bien decía, “……en necesario que el crezca y que yo mengue.

Estando en la cárcel Juan entra en un declive de su fe y llegó a dudar de si Jesús era o no el que había de venir. Jesús que inició su ministerio público interpretando en la sinagoga judía, leyendo Isaías 61, dijo “…Hoy se ha cumplido esta profecía delante de ustedes…” causando gran alboroto, al punto de ver consumarse uno de sus primeros atentados.

En esa ocasión Jesús reposta a los discípulos de Juan que le habían hecho llegar las palabras desesperadas de Juan, pidiéndoles a estos discípulos, que le contaran a él cuanto vieran y oyeran en aquella hora, en clara alusión al mismo pasaje de Isaías. Y es que juan también tenía en mente este mismo pasaje, quizá en la frase allí dicha de que el Mesías daría “…a los presos apertura de la cárcel…” Isaías 61:2.

Es evidente que no es en el ejemplo de Juan y sus circunstancias de donde tomaremos luz para resolver todo este asunto. La encontraremos en cómo se veía Jesús a sí mismo en relación con los súbditos de su Reino.

Sin embargo relacionaremos este asunto a unas de las últimas horas públicas y libres de Juan el Bautista. Sucedió que cuando Jesús realizó sino la última, una de las postreras visitas a Juan en el lugar donde éste bautizaba, que Juan al verle dijo otra vez: “…He aquí el Cordero de Dios…Juan 1:29, estaba allí con dos discípulos suyos y uno de ellos era Andrés, quien resultara ser hermano de Simón, llamado luego Cefas o Pedro.

Andrés vivía en la misma ciudad de Felipe, es decir Betzaida, que se cree estaba cerca del pueblo de Capernaum, el mismo donde Jesús se residenció.

Felipe entonces da a conocer el hallazgo del Mesías a un Judío llamado Natanael quien no tenía muy buena opinión de los de Nazaret, lugar donde Jesús se crio. Al verlo Jesús, alabó la integridad de su fe autentica diciendo de él: he aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño.

Si consideramos las ocasiones en que Jesús fue confesado por alguien como el caso del malhechor de la cruz, quien pudo ver a Jesús como El Rey de los judíos, allí Cristo le avizoró el eterno paraíso de Dios para los creyentes. O el ejemplo de Pedro, cuando dijo: “…tú eres el Cristo, el Hijo de Dios…”, Jesús también confesó a Pedro, diciendo: “…y yo también te digo que tú eres Pedro…” cumpliendo lo que había dicho al respecto: el que me confiesa delante de los hombres; yo también le confesaré delante de…“…, lo cual es una manifestación soberana de su Señorío.

De esta ocasión podemos inferir que también Natanael debe haberse confesado discípulo automático del Mesías aun sin conocerlo, (cosa que haría un verdadero israelita) y pudo haber estado pensando en el tiempo de su aparición, tal como fue dicho con lujos de detalles del momento exacto de su advenimiento al mundo, en la profecía de Daniel de las setenta semanas. Y mientras oraba debajo de la higuera, debe haber resuelto el ponerse a su disposición tan pronto apareciera, lo cual hizo de inmediato cuando reconoció a Jesús como el Hijo de Dios y llego a seguirle y servirle.

A Jesús le pareció de mayor trascendencia las cosas que llegarían a ver sus seguidores diciendo: “…De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre…”, Juan 1:51.

Ante esta aseveración de Jesucristo, no podemos sino trasladarnos al remoto momento en el que otro hijo de Abraham, Jacob tuvo la misma visión, en Betel, cuando se dirigía hacia Haran, en busca de consolidar su tan maltrecha vida a causa de haberse aprovechado de la miopía espiritual de su hermano Esaú y de la presbicia de su padre Isaac, bajo usurpación y haciendo honor a su nombre, (en hebreo, su nombre significa usurpador y el que se traba o engancha) burlo a ambos.

No obstante Isaac le bendice y le envía a la tierra de los parientes de Rebeca su madre, con el propósito de consolidar hogar y patrimonio propio, pues este era también el parecer de Rebeca; en el camino le agarra la noche en un lugar que llamó “…Puertas del Cielo” durmiendo apoyando su cabeza en piedras del lugar “…Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella…”. (Nótese el parangón entre esta visión y las palabras finales de Cristo a Natanael).

En el mismo sueño Dios le habla y le ratifica el mismo Pacto Abrahanmico con todas sus bendiciones tanto materiales como espirituales.

En esta visión Dios le anuncia que le traerá de vuelta a la tierra de Canaán de donde salía. Veintiún años después Jacob regresa por este mismo lugar sumamente temeroso por el encuentro con su hermano Esaú y nuevamente este lugar se muestra milagroso y sobrenatural; allí le salen al encuentro ángeles. Pero con uno en especial Jacob “traba” o se engancha en fiero combate toda aquella noche.

Para nada le suelta ya que sabía de quien se trataba, del mismísimo “Ángel del Señor” y a pesar de que el ángel le conmina a que le suelte, Jacob le dice que no lo hará si primero no le bendice y le quita la angustia que había en su alma.

Dios le pregunta entonces por su nombre y no le quedó más remedio que decirle, me llamo “…usurpador” es decir, Jacob. Tal nombre fue del completo desagrado del Ángel y se lo cambia por el nombre Israel, que significa: Haz luchado con Dios y le haz vencido.

Cuan impresionantemente vislumbrante nos resulta este pasaje bíblico para llegar a entender las palabras de Cristo de la tenacidad y de la fe que debe tener quien quiera “…arrebatar” de Dios las bendiciones que trae consigo el Reino de los Cielos.

No podemos despejar de este cometido, la violencia que se requiere, nada más que tener que asirse o engancharse (tal vez debiéramos decir: jacobearse), del Rey de aquel reino que ha descendido y está en el mundo.

Tal arrojo es necesario y a esto es a lo que Cristo se refiere. La misma fe, la misma entereza y la misma decisión de esperar ser bendecidos por Dios, quien también nos cambiara sustantivada menté nuestro nombre de pecador por el de creyente.

Esta verdad dejó también en Dios profundas huellas de beneplácito, (pues sin fe es imposible agradar a Dios), que muchos siglos después lo recuerda en Oseas capítulo 12. Leemos: “…En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros…” Aquí se nos da a conocer cuál fue la estrategia y armas usó Jacob para vencer al mismísimo Ángel del Señor: lloro y ruego. Vaya armas poderosísimas.

Cuan distinto se enseña a los creyentes hoy en día de “declarar” para obtener lo que se quiere o pide de Dios. Tal arrogancia es inconcebible en el carácter de los verdaderos hijos de Dios. Aun Cristo “…en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente…” Hebreos 5:7. ¡Tal debe ser el tipo de la violencia de los que arrebatan el Reino de los Cielos!

Redactado por: Erick Primcipal

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