Todavía Pendiente el Reposo

Julio Ruiz

Estudios Biblicos.. Todavía Pendiente el Reposo

Estudios Biblicos: Todavía Pendiente el Reposo

CAPÍTULO 4: (Estudio 4A) Todavía Pendiente el Reposo

Estudio Bíblico de la epístola a los Hebreos

Así comienza el autor su revelación para nosotros:

1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado”.

El autor no podía comenzar con una mejor palabra que esta: “Temamos”. Creo que esta palabra a veces se hace lejana en nosotros por la cotidianidad en la que nos envolvemos, pero también cuando el pecado, como fue tratado en el capítulo anterior, hace el  trabajo de endurecer el corazón.

Cuando tememos a Dios, como alguien dijo, no importa si no tememos a los hombres, pero si no tememos a Dios, da lo mismo si tememos a los hombres. ¿Por qué debemos temer de acuerdo a este contexto del pasaje? Porque hay una promesa todavía para poder entrar en el reposo de Dios. La advertencia de por qué debemos temer, es porque pudiera haber alguno que, viviendo a espaldas de Dios, comprometa su entrada a ese lugar del reposo eterno.

El autor sigue trabajando con este asunto y nos presenta otro texto de advertencia:

2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron”.

Mis amados hermanos, el evangelio ha sido predicado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El tema acerca del reposo al que se había invitado a Israel antes, y se invita a la iglesia de hoy, sigue aún vigente. Su referencia es más hacia la herencia a tomar, vista en lo que sería para Israel la tierra prometida (Canaán); sin embargo, Israel no aprovechó tal promesa porque ellos tuvieron un corazón incrédulo. Era obvio que los israelitas no cultivaron la fe “una vez dada a los santos” del Antiguo Testamento, sino que se empeñaron en provocar a Dios con su actitud de incredulidad activa.

El asunto más importante de este texto es hacernos ver, que fue por la incredulidad de Israel que fallaron en no aprovechar todo lo que fue el ofrecimiento de Dios para que entraran en su reposo. Amados, nadie se perderá para siempre sin que haber tenido la oportunidad de conocer acerca de ese reposo divino. De esta manera concluimos, que es la fe la que trae el beneficio de entrar a ese reposo.

Ahora el escritor hace una separación que nos indica la diferencia, entre lo que hace la fe y lo que hace la incredulidad.

3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira,  No entrarán en mi reposo;  aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo”.

Mis amados, debemos ver lo interesante de esta Palabra para entender la posición del libro respecto al tema de entrar en el reposo. Por un lado, se afirma que lo único que nos da la seguridad de entrar en el reposo es nuestra fe. Es por eso la afirmación: “los que hemos creído entramos en el reposo”.

¿Hay alguna contradicción entonces porque el Señor juró que algunos no entrarían en su reposo? De ninguna manera, lo que está aquí de manifiesto es que la preocupación del escritor va más allá de la poca fe de los del pasado, cuya mayor característica era su incredulidad; por una fe perseverante que es la que al final triunfa. La incredulidad cierra la puerta, pero la fe la abre al reposo eterno.

Ahora necesitamos seguir viendo que lo que los israelitas no lograron, sigue estando al alcance de los hombres y mujeres de fe.

4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.

5 “Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo.”

6 “Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia,”
7 “Otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones”.

Veamos lo interesante de este pasaje. El hecho de que los israelitas hayan fallado en no entrar en la promesa, no canceló la verdad de que algunos, entre los que estamos nosotros, entraríamos en ese reposo. Por lo tanto, la promesa de la que habla David en su Salmo 95, renueva su ofrecimiento pues la condición: “si oyereis hoy su voz” sigue vigente. Así que el asunto sigue siendo, oír su voz  y mantener una fe perseverante. Veamos mejor esto, los primeros no entraron por su desobediencia, pero las puertas para el reposo eterno siguen estando abiertas para los que no endurecen su corazón.

Ahora el escritor sigue con su argumento acerca del entrar o no al reposo, trayendo el liderazgo de Josué, quien, aunque introdujo al pueblo a la tierra, aun así ellos no entraron en el reposo.

¿A qué se refiere todo esto? Así nos continúa diciendo:

8 “Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día”. 9 “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios”. 10“Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas”.

Mis amados hermanos, hay en estos versículos un hecho innegable y es que la conquista en el tiempo de Josué, no produjo la posesión permanente de la tierra. De hecho, por alguna razón se nos dice que Israel no conquistó la totalidad de la tierra, como si fuera un presagio, ya que el reposo al que los israelitas habían sido convocados no se había completado. La prueba de esto, es que la tierra de Canaán nunca ha sido realmente de reposo y hasta el día de hoy, más bien es una tierra de conflicto. Así que, el reposo que aquí se espera es el que finalmente gozaremos con el Mesías en su reino venidero.

De modo pues que la buena noticia de este texto, es que todavía queda un “reposo para el pueblo de Dios”. Y para entrar en tal reposo el creyente debe completar la obra, así como Dios la completó en seis días y después reposó.

Por lo tanto, y en vista de todo lo anterior dicho, se nos dice finalmente esto:

11 “Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia”. 12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. 13 “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.

Mis hermanos, la conclusión a la que llega el escritor es ésta: primero, procuremos entrar a ese reposo. Jesucristo nos espera para reinar con Él. La seguridad de esta promesa es dada por la certeza de que Palabra es: “viva y eficaz” (vers. 12). Y finalmente, está blindada por aquel ante quien hemos de dar cuentas.

Así que, al reflexionar sobre el reposo que nos espera, terminemos la obra como lo hizo el Padre en su creación, y que al final recordemos que el séptimo día es un símbolo, que representa para todos nosotros el gran reposo eterno que esperamos diligentemente, pues pronto sucederá. Amén.

CAPÍTULO 4: (Estudio 4B) Jesús el Gran Sumo Sacerdote

Así nos sigue hablando el escritor sagrado en sus inspirados temas y ahora, introduciéndonos en uno de sus favoritos: Jesucristo como gran sumo sacerdote:

14 “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión”.

Otra vez el autor nos presenta la conexión “por tanto”. Acordémonos, que el tema que ha venido tratando es acerca del reposo. En nuestra conclusión sobre tan intrincado pero a  la vez, esperanzador tema, el autor nos ha dejado claro que es una fe perseverante la que nos permitirá ser parte de semejante esperanza. Pero por si a esto le faltara algo, ahora se nos trae para nuestra consideración la garantía de Aquel que hará posible tal reposo, al decirnos que tenemos a la diestra del Padre, a uno que “traspasó los cielos”, en una entrada triunfal después de haber sufrido los rigores de la cruz, muriendo allí por nuestros pecados.

Mi apreciada gente, el autor una vez más nos habla de “nuestra profesión”. Es interesante, que mientras el mundo clasifica a cada persona de acuerdo a su “profesión”, creando en no pocas ocasiones un sentido de superioridad, a todos los creyentes se nos dice que “retengamos nuestra profesión”. Y esta “profesión” no es más que nuestra propia esperanza y fe triunfadora. La palabra claves es “retener”, y como sabemos que el creyente de por sí no puede hacer esto solo, se le dice que su “gran sumo sacerdote”, quien está delante del Padre intercediendo por él, le ayudará a sostenerse hasta el final de manera que también un día pueda traspasar los cielos y estar delante de su Señor en la patria celestial.

Amados míos, más grande seguridad no se nos podría haber dado. Si bien es cierto, que esta carta está llena de severas advertencias, muchas de las cuales pudieran poner al creyente a dudar de su salvación, la verdad es que hay más promesas que nos aseguran nuestra salvación eterna, porque ahora contamos con un salvador eterno que está en los cielos.

Consideremos esto, el sumo sacerdote del A.T. entraba sólo una vez al año al Lugar Santísimo, pero luego salía y seguía viviendo entre el pueblo. Pero ahora nuestro gran sumo sacerdote, para distinguirse de todos los anteriores, está escondido en medio de la majestad en las alturas y al lado de su Padre celestial, haciendo uno de los trabajos que ahora destaca su dignidad: el de Gran Sumo Sacerdote.

Después de esto, el autor a los Hebreos nos lleva a analizar las razones por las que, Jesucristo como Hijo de Dios, nos conviene como nuestro gran sumo sacerdote:

15 “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”

Tengo que confesar que este es uno de los grandes textos de este libro. ¿No es una bendición saber que la persona que intercede como sumo sacerdote en favor de todos nosotros, pasó por los mismos padecimientos que nosotros, siendo tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado?

Entonces, ¿de qué manera este sumo sacerdote se constituye en una bendición para todos nosotros? Pues, produciendo una gran confianza, porque al ser tentado en todo puede conocer, pero sobre todo, puede compadecerse de todas nuestras debilidades.

Hay en todo esto algo extraordinario. Jesucristo fue tentado en todo, pues al asumir la condición de hombre se sometió, si bien no a la naturaleza pecadora porque nunca la tuvo, sí a la naturaleza adámica antes de pecar, quien tuvo también la capacidad para escoger pecar o no, por cuanto ellos fueron creados en esa condición de libertad. Entonces, el pecado entró en el mundo a través de ellos, después de haber cedido a la tentación.

Apreciados oyentes, Jesucristo pudo percibir la realidad de la tentación como todos los demás hombres. Las de Él tuvieron que ser tentaciones aún más fuertes, pues su corazón y alma estaban desprovistos de pecado, lo cual le hacía más vulnerable al ataque diabólico y a sus ofertas tentadoras, tal como lo fueron después de los cuarenta días de ayuno y oración que pasó en el desierto, cuando fue tentado en todo por el diablo.

Pero por esa victoria que obtuvo sobre tan severas tentaciones, se le concede ahora toda autoridad para compadecerse de nuestras debilidades. Jesucristo es nuestro modelo pues resistió de una manera completa y perfecta la tentación, llegando a conocerla tal cómo es ella en la magnitud de su fuerza. Por lo tanto, aquel que fue sin pecado, tiene una mejor y mayor capacidad de compasión que la que tenemos nosotros, por cuanto somos pecadores. ¡Bendito sea el Señor por su oficio sacerdotal a favor de todos nosotros!

Por último, y atención a la confianza que produce el saber que tenemos un gran sumo sacerdote allá en los cielos, el autor nos deja este extraordinario texto:

16 “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

La Nueva Traducción Viviente (NTV) lo traduce de esta manera:

“Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos”.

Mis amados, lo primero que destaca el texto es que, en vista de ese tan gran sumo sacerdote, los creyentes debemos acercarnos confiadamente a ese lugar. La presencia de Cristo como nuestro sacerdote eterno en los cielos, debe producir en el corazón de cada creyente un sentido de descanso y seguridad.

Además, debe producir una confianza tal que nos levante cada día más de nuestro estado de pesimismo, de dudas y de apatía espiritual, y nos eleve a un estado de gloria, de victoria y de satisfacción. Que no quede ninguna sombra de duda respecto a lo que creemos y en quién creemos, de tal manera que nos renovemos en el Señor por cuanto Él está en el cielo sosteniéndonos y esperándonos.

Mis apreciados oyentes, la confianza a que se nos llama es porque hay en el cielo un “trono de la gracia de Dios”. Observemos que no es un trono de la ley, si así fuera no tuviéramos confianza alguna, pues la ley de inmediato nos juzga, y hay una sola sentencia para el pecador. Mientras que en el trono de la  gracia, si bien es cierto que no se pasan por alto nuestras faltas, el Juez que juzga nuestra causa consulta con el gran sumo sacerdote y al ver que somos de su pertenencia, Él intercede por nosotros. ¡Bendita sea la esperanza y la seguridad que tenemos los creyentes! Tener ese trono de la gracia, es saber que allí hay abundancia de perdón, de paz y de misericordia. Es saber que desde allí sale un manantial de agua viva que satisface al creyente sediento.

Observemos el resultado de acercarse a semejante trono: “para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.  En el culto del A.T., el pueblo tenía que esperar afuera en el atrio, mientras el sumo sacerdote se acercaba a Dios en el lugar santísimo.

Pero ahora, Jesús abrió el camino para que todos podamos venir, de manera personal y continua delante de Dios, por cuanto ahora cada uno de nosotros es su propio sacerdote. Es una gloriosa bendición saber que tenemos acceso directo a ese trono de gracia y así podemos entrar confiadamente al mismo, porque allí Jesucristo está guiando nuestra entrada ante el Padre eterno.

Por lo tanto mis amados, acerquémonos a Dios, pues haciendo esto encontraremos todo lo que necesitamos: una misericordia infinita para el perdón de nuestros pecados pasados, y una gracia inagotable para que resistamos la tentación del presente. Que así sea. Vivamos para aquel que intercede por nosotros ante el Padre celestial. Amén.

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CAPÍTULO 5: (Estudio 5) Jesús Sumo Sacerdote Según el Orden de Melquisedec

Julio Ruiz
Autor

Julio Ruiz

Pastor en Virginia en los Estados Unidos, con 42 años de experiencia de los cuales 22 los dedicó en Venezuela, su país de origen. El pastor Julio es Licenciado en Teología y ha estudiado algunas cursos para su maestría en Canadá.

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