Visión Profética

Predicas Biblicas

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Estudios Biblicos – Predicas Cristianas

Propósito: Entender que la iglesia debe seguir el modelo dado por Jesucristo para su edificación y crecimiento, sustentado en cinco dones especiales siendo la profecía uno de ellos.

I. EFESIOS 4: EL MINISTERIO QUÍNTUPLE

Analicemos por un momento Ef. 4:8, 11-13:

“Por lo cual dice: subiendo a lo alto llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres… y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros. A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

Cinco dones: Luego que “subió a lo alto”, o sea luego de ascender dio dones por medio de la manifestación de Su Santo Espíritu. Muchos creyentes y estudiosos de la Palabra seleccionan la lista de los dones que aparecen en el Nuevo Testamento y juzgan cuáles son para este tiempo y cuáles no. Pero la Biblia me enseña que todos ellos, fueron dados a los hombres, a su pueblo después de la ascensión de nuestro Mesías.

Constituidos por Jesucristo: Sigue diciendo “Que Él mismo constituyó…”, o sea Jesucristo mismo estableció cinco dones muy especiales, ahora bien, ¿Por qué razón se ha tenido tanto problema con los dos primeros y no con los otros tres? Si Dios no hubiese establecido apóstoles y profetas para este tiempo pues simplemente hubiese nombrado los tres últimos y listo, pero a Jesús le pareció, por su Soberanía nombrar cinco dones muy especiales para el crecimiento de la Iglesia. Si no hubiese sido necesario alguno de ellos pues Dios simplemente no los nombra o lo hubiese explicado más adelante: Si hoy día hay pastores, evangelistas y maestros ¿Por qué razón no pueden haber apóstoles y profetas?

Propósito de los cinco: Cada uno de estos ministerios fueron dados para perfeccionar al pueblo de Dios, “a sus santos”, para la obra del ministerio, para así edificar el Cuerpo de Cristo, y esto incluye a los apóstoles y a los profetas, ministerios muy juzgados hoy día (y lamentablemente muchas veces con razón).

Tiempo de funcionamiento: Estos cinco dones especiales dados a la Iglesia fueron asignados “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”, y aún estamos en ese proceso, por tanto, aún no es tiempo que desaparezcan. Sólo Dios sabe hasta cuándo funcionaremos bajo su modelo.

Apóstoles y profetas del Nuevo Testamento: Ciertamente la Biblia da un sitio muy especial a los doce apóstoles, incluso los llama “Los apóstoles del Cordero” (Apocalipsis 21:14) y describe honores especiales para ellos dados por Dios. Pero aun así hay referencias bíblicas en el Nuevo Testamento de otros apóstoles y profetas (Apóstoles: Bernabé y Pablo, Hechos 14:14; Jacobo, el hermano del Señor, Gálatas 1:19; 1 Co. 15:7; Silvano y Timoteo, 1ªTesalonicenses 1:1 y 2:6; Apolos, 1 Corintios 4:6-9; Epafrodito, Filipenses 2:25; importante saber que la palabra “mensajero” escrita en estos versículos es la misma palabra griega traducida como “apóstol” en otras partes de la Biblia. Profetas: Agabo Hechos 11:27-28 y 21:10; Profetas de Antioquía Hechos 13:1-2; Judas y Silas Hechos 15:32).

Es necesario entender que la Iglesia debe crecer bajo el orden establecido en la Palabra, reconociendo el honor de los ministerios y los ministros pero a la vez con la humildad y principalmente con el propósito claro, así debe ser edificada bajo el lineamiento dado por el mismo Señor Jesucristo y no perder de vista que dicho crecimiento es “sobre el fundamento dejado por los apóstoles y los profetas, siendo la piedra principal Jesucristo”, es decir, por la palabra enseñada por los apóstoles del Cordero (Efesios 2:20).

II. PROFETAS Y PROFECÍAS EN EL NUEVO TESTAMENTO

Muchas corrientes enseñan que los profetas fueron designados sólo durante el Antiguo Testamento y que en el Nuevo Testamento ya dejaron de existir, pues bien, analicemos con base en el Nuevo Testamento:

Profetas como don especial: Existen varias citas que evidencian el don de profecía como una manifestación de la sobrenaturalidad del Espíritu 1 Corintios 12:28-29; Efesios 4:11; Hechos 11:27; Hechos 13:1; Hechos 15:32.

Profetas que ejercieron su ministerio en la época neotestamentaria:

Hechos 11:27-28: Un grupo de profetas se trasladan desde Jerusalén hasta Antioquía y uno de ellos llamado Agabo profetiza un hambre para Judea, los hermanos se preparan y así ocurre el hecho profetizado.

Hechos 21:10: Agabo vuelve a profetizar en este caso refiriéndose a Pablo acerca de un hecho futuro que le acontecería.

Hechos 13:1-2: En la Iglesia de Antioquía habían profetas que hablaban por la unción del Espíritu.

Hechos 15:32: Judas y Silas también eran profetas.

Pautas dadas a los profetas para ejercer su ministerio en la Iglesia: Para que el ministerio sea ejercido bajo la pauta bíblica, hay una serie de instrucciones que deben tomarse en cuenta:

1 Corintios 14:3-4: Explica que el propósito de las profecías es para la edificación, exhortación y consolación del creyente y de la iglesia.

1 Corintios 14:29,33: Describe el orden y sujeción que deben tener los profetas al hablar a la Iglesia: por turno, no todos a la vez; la profecía debe ser juzgada; y el profeta tiene el control del don y les recuerda a los profetas que Dios no es Dios de confusión o desorden sino de paz.

III. EL PROFETA Y LA PALABRA PROFÉTICA

El profeta: Un profeta es una persona que comunica, por inspiración de Dios, mensajes dirigidos a otros. El mensaje puede referirse a situaciones presentes o futuras. En el Antiguo Testamento se les llamaba “varón de Dios”, “profeta” o “vidente”. El profeta representa a Dios delante del pueblo mientras que el sacerdote representaba al pueblo delante de Dios.

Profeta es un llamado especial de parte de Dios y está ligado al ministerio quíntuple de Efesios 4:11. El Señor Jesucristo constituyó los profetas como parte del equipo para la edificación de su Iglesia. El ministerio profético trae palabra de fe al pueblo, hay revelación, exhortación, consuelo, edificación y dirección (Isaías 30:21 “Este es el camino…”).

Palabra Profética: Es una manifestación del don de manera circunstancial, puede darse por cualquier creyente aún sin tener el ministerio profético, ejemplo: Zacarías era sacerdote, pero Dios lo usó en un momento determinado dando una palabra profética (Lucas 1:8, 67-79), Zacarías proclama una profecía sobre su hijo y sobre Israel. Dios pone palabra donde Él quiere. Todo creyente puede profetizar, además la Palabra nos instruye a anhelar profetizar “… pero sobre todo que profeticéis” (1 Corintios 14:1).

La palabra profética es dada para mantenerla como una antorcha encendida, es la palabra profética la que nos sostiene durante la noche, durante las pruebas, hasta que amanece nuevamente: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones” (2 Pedro 1:19); esta antorcha no la podemos dejar apagar.

De igual manera cada creyente declara una palabra profética en su vida cuando con fe confiesa las grandes promesas dadas en la Palabra de Dios, creyéndolas y manteniéndolas vivas como esa antorcha encendida hasta ver su cumplimiento (Josué 21:45; Hebreos 8:6; 2 Pedro 1:4; Proverbios 18:21).

Una palabra profética o una profecía no es una simple intuición, una adivinación, una sensación, un invento, un trance especial, es una palabra inspirada por Dios para edificar, consolar o exhortar (2 Pedro 1:21; 1 Corintios 14:3). Es una semilla que Dios encapsula en mi espíritu y yo la activo por fe.

IV. LA VISIÓN PROFÉTICA

En cada congregación se debe orar por la manifestación del don profético como parte de la edificación de la Iglesia. Sin embargo, Dios en su soberanía usa a cada creyente y cada congregación como Él quiere. Lo importante es entender que es necesario para la afirmación de nuestra fe como creyentes caminar en la visión profética.

Tomando como base 1 Corintios 14:1, donde el apóstol nos instruye a procurar o anhelar profetizar, ya sea como don o como palabra profética, veamos la importancia de esta enseñanza de Pablo:

Marca mi vida: Cuando leo la Palabra con mentalidad profética pidiéndole al Espíritu Santo su revelación, o cuando recibo una palabra profética, esa Palabra marca mi espíritu y comienzo a caminar sobre esa palabra que Dios me ha revelado y no sobre las emociones, porque la palabra profética me infunde seguridad para proseguir aún en medio de circunstancias adversas. La palabra profética me permite visualizar más allá de los hechos o el tiempo transcurrido y me lleva a moverme con fe y propósito, moviéndome en la sobrenaturalidad y creyendo hasta el último día de mi vida (Hebreos 11:39).

Afirma mi fe: La falta de fe es un estorbo para que la palabra se cumpla porque la palabra de Dios no es para el intelecto, no es para entenderla, es para creerla y para ser implantada en el espíritu. Cuando la palabra profética es implantada en el espíritu comienza a crecer y entiendo en fe que el Dios de pactos estableció sus promesas y juramentos para que fueran la seguridad, la firmeza y el ancla donde reposa mi alma. Mi fe se afirma al creer de corazón en un Dios fiel que jamás miente ni falla (Hebreos 6:19).

Oigo la voz de Dios: Mi oído espiritual desarrolla sensibilidad al Espíritu y aprendo a escuchar la voz de Dios, ya no oigo la voz del alma o de los comentarios, o de las circunstancias, o de los pensamientos adversos, por el contrario fijo mi visión en lo profético, lo que Dios ha dicho sobre mí y avanzo creyendo. Pablo instruye a Timoteo a pelear conforme a las profecías dadas y le explica que cuando abandonamos la palabra profética nuestra fe naufraga: “Ten en cuenta las profecías que hicieron acerca de ti para poder pelear la buena batalla” (1 Timoteo 1:18-19).

No permite que la lámpara se apague: En 1 Samuel 3:3-4, se describe algo interesante “antes que la lámpara de Dios fuese apagada” Dios llama a un profeta: Samuel. En la Biblia la lámpara es el simbolismo de la Palabra de Dios y en esta historia ya la lámpara se estaba apagando cuando Dios levanta un gran profeta. El profeta no permite que la lámpara de Dios se apague porque sabe la importancia de la palabra viva. La palabra profética me mantiene el camino alumbrado y puedo sentir dirección, guía y propósito.

Entiendo lo sempiterno de Dios: Cuando Dios nos da una palabra es un decreto, un pacto, un juramento, un pacto sempiterno que nunca acaba porque los principios de Dios son eternos. El significado de sempiterno es algo que perdura eternamente y se mantiene invariable y constante, tiene principio pero no fin. Las promesas de Dios y sus pactos son sempiternos, y cuando Dios implanta una palabra en nuestro espíritu pasa a ser un pacto sempiterno así como lo hizo con Abraham, Isaac y Jacob (Salmos 105:8-10). Mientras que un milagro es hecho como señal y suceden en un espacio de tiempo, la palabra profética permanece porque pasa a ser sempiterna.

Es una palabra personal: La palabra profética es dada de manera directa a la persona. Dios siempre se movió en lo profético, a Abraham le dio una palabra profética dirigida a él y a sus generaciones (Génesis 22:16-18), y Abraham, su hijo y sus generaciones caminaron sobre esta profecía. La palabra profética tiene propósito y se arraiga de manera personal. También vemos el ejemplo de Timoteo quien recibió palabra profética y militó siempre sustentado en dichas profecías (1 Timoteo 1:18-19; 4:14-15).

No permite el estancamiento y la rutina: En 1 Samuel 3:1-4, vemos una época de estancamiento en el pueblo y Dios levanta un profeta que pudo escuchar la voz de Dios: “Heme aquí, habla porque tu siervo oye”. El Señor necesita una iglesia que aprenda a escuchar la voz de Dios y que vaya más allá del estancamiento y la rutina que ha producido la religión y la tradición. Jesús vino para dar un vuelco completo a las tradiciones y a la religión, y la iglesia necesita entender esto. La palabra profética lleva a avivar la llama de la presencia de Dios porque activa la fe en cada creyente renovando el fervor del pueblo y la pasión por Dios y Su Palabra, así como por el servicio.

Creo firmemente que me acompañan las señales que Cristo determinó: En Marcos 16:17-18 Jesús estableció las señales que harían sus seguidores. Cuando me muevo bajo la visión profética creo en lo que Jesucristo dijo acerca de mí, creo que fui engendrado por simiente de Dios, no por simiente humana por eso pertenezco a una generación de prodigios y milagros (Juan 1:13; 1 Pedro 1:23). Debo ser manifestado como hijo de Dios con fe y bajo la sobrenaturalidad y la excelencia de mi Padre.

V. LOS FALSOS PROFETAS

De igual manera la Palabra advierte acerca de falsos profetas que se levantaron y se siguen levantando. 2 Pedro 2:1-3, nos explica que habrán no sólo falsos profetas sino falsos maestros que enseñarán cosas contrarias a la Palabra “herejías destructoras” y que su propósito no es la edificación sino la avaricia y “la mercadería con palabras fingidas”, asimismo los describe “como fuentes sin agua y esclavos de corrupción” (v. 17-18).

Por esta razón en 1 Juan 4, nos enseña a probar los espíritus de los profetas con instrucciones claras donde el amor es lo que debe predominar en los profetas de Dios.

VI. DIVERSIDAD DE DONES

Jesucristo por medio de su Espíritu ha establecido las funciones y los ministerios como Él ha querido, 1 Corintios 12:11, 17-18; y así como un creyente se puede desenvolver con un ministerio o un don, también puede tener diversidad de dones. Los mismos apóstoles lo experimentaron. Veamos:

  • Pedro era apóstol, pastor (apacienta mis ovejas), profeta (tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente), vidente (vio el lienzo) y evangelista.
  • Pablo fue apóstol, maestro, evangelista, profeta y vidente (llevado al tercer cielo, vio y escucho revelación).
  • Juan apóstol, profeta y vidente.
  • Profetas en la alabanza: 1 Crónicas 25:1

CONCLUSIÓN

Cada ministerio ha sido dado en la Iglesia con el propósito de edificarla, por eso Jesucristo mismo instituyó cinco principales dones para este ministerio de crecimiento congregacional. Todos son importantes y necesarios.

La palabra profética es esa lámpara que alumbra en medio de todo camino y le permite al creyente afirmar su fe y anclar su alma a esa palabra viva y no a sus emociones. La profecía me lleva a permanecer en la visión y el propósito de Dios con alegría sirviéndole mientras espero el cumplimiento total de su Palabra.

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