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Predicando a Cristo

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Saber hacerlo, y predicar a Cristo es importante pues no solo que hablamos del Señor, sino que presentamos al mundo la salvación ofrecida por Dios para la humanidad a través del sacrificio de Cristo, y a consecuencia de nuestro trabajo para la obra nos aseguramos la vida eterna en los cielos junto al Señor.

Leamos la Palabra de Dios en 2 Reyes 4:1-7

Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. El le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede”.

La predicación del evangelio es lo que hace efectivo el esfuerzo de ganar almas para Cristo y es además lo que nos permite crecer como congregación y generar recursos para seguir avanzando en la construcción del templo y otras cosas nuevas en el futuro que el Señor nos plantee como propósito.

En realidad la predicación del evangelio es el eslabón fundamental entre las almas descarriadas y la necesidad de satisfacer la demanda del Señor al decirnos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criaturaMarcos 16:15.

Podemos tener aceite como la viuda, es decir, podemos tener recursos, talentos, cualidades, capacidades, y capacitación, pero si no sabemos vender el aceite no nos servirá de mucho; es por eso que Eliseo le dijo a la viuda “ve y vende el aceite”, y hoy yo les digo lo mismo a ustedes, vayan y vendan lo que tienen, vayan y prediquen el evangelio, ganen almas para Cristo y entonces podrán crecer en aquello a lo que el Señor les ha llamado, y además, prosperarán como se merecen, y harás prosperar a la congregación y al reino de Dios.

Aunque no seas o te sientas un evangelista, igual necesitas predicar el evangelio para que otros se sumen, y entre todos ayudemos a crecer la obra de Dios; si te sientes verdaderamente cristiano, entonces ve y vende la visión de Cristo pues esto es fundamental para entusiasmar a otros y para generar los recursos humanos necesarios para que esa visión se pueda desarrollar a lo largo del mundo.

Si has comprendido de qué se trata el evangelio, ve y vende un proyecto de vida nueva a aquellos que están perdidos en el pecado del mundo, pues además de ser un proyecto donde se ofrece un cambio de vida y de esperanza, le estamos proponiendo un modelo de restauración familiar, de sanidad divina, de crecimiento económico, pero sobre todo, le estamos ofreciendo la vida eterna junto a Cristo.

Para vender un producto no alcanza con que sepamos producir mercadería hermosa y útil, pues además necesitaremos saber comercializarla, y también debemos contemplar la forma de presentarlo a los demás.

En el caso del evangelio, la mejor y más atractiva presentación que podemos hacer es nuestro propio cambio de vida, es nuestro propio testimonio de vida, y digo de vida porque no se trata de ser un cristiano en la congregación y un mundano cuando estamos fuera de ella, debemos saber que si no logramos que esto llegue a los necesitados pecadores, y estos lo adopten como nueva forma de vida, no nos servirá demasiado ni a nosotros ni a los demás.

Todos necesitamos saber predicar, sobre todo en un mundo de continuos cambios como el que estamos viviendo…

Todos necesitamos saber predicar, sobre todo en un mundo de continuos cambios como el que estamos viviendo, con un desarrollo de estrategias del enemigo que nos demanda una permanente renovación y capacitación para enfrentarlas; y así como gracias a la venta de medicamentos se pueden generar investigaciones para el tratamiento y la cura de otras enfermedades, gracias a la predicación de cada uno de los cristianos se puede generar y desarrollar nuevas congregaciones que hagan al crecimiento de la obra de Dios.

Para esto debemos saber predicar con honestidad, pues “de más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, Y la buena fama más que la plata y el oroProverbios 22:1, es decir que antes de comprar un producto, un servicio, un proyecto o una visión, la gente nos comprará primero a nosotros, y si no logramos presentarnos y acreditarnos como un cristiano honesto, confiable y creíble, cuya vida es testimonio vivo del proyecto o visión que pretendemos llevarles, difícilmente la gente confíe y crea en lo que ofrecemos.

El capital más grande que tenemos los cristianos es nuestra honestidad, honestidad que se traduce en ser lo que pretendemos que los demás sean a la hora de conducirnos en el ámbito de la familia, del trabajo, y de nuestras relaciones, pues para poder vender algo es fundamental estar convencido de lo que se vende, ya que no hay nada mejor que ofrecer algo que a uno le gusta porque esto transmite la satisfacción de lo que se ofrece, y tiene que ver con cumplir y satisfacer las expectativas generadas en los demás de esa nueva vida.

Lo que facilita el interesar a los demás por algo es ser un conocedor de lo que se ofrece, el gran desafío del cristiano al predicar el evangelio es convertirse en un referente para esas personas de lo que le estamos ofreciendo, y de que se nos asocie directamente con Cristo y el evangelio, de manera que no podemos comprometer nuestra honestidad porque estaremos comprometiendo nuestro propio futuro en Cristo, mientras que si predicamos de forma honesta tendremos siempre las puertas abiertas para poder hablar del Señor.

Por lo general, los que han hecho riqueza fueron excelentes vendedores, a pesar de que en muchos casos la venta y el enriquecimiento no fueron un fin en sí mismo; y al leer la Biblia vemos que en la antigüedad una mujer sola estaba condenada a la dependencia de los demás, pero no era así en el caso de Lidia, pues “una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decíaHechos 16:14.

Hay cristianos muy capaces, con muchas promesas de Dios, o ministerio declarado, pero que no avanzan, mientras que otros, mucho más limitados, crecen y progresan debido a que tienen claro a quien sirven y que sin importar el costo del sacrificio personal, saben que vale la pena pagarlo.

Quizás hoy tienes que tomar conciencia de esta cualidad indispensable para tu crecimiento ministerial, quizás debes entender que a partir de hoy el saber predicar a Cristo debe ocupar un lugar especial en lo que haces para la obra de Dios, para poder crecer más en lo que haces para el Señor, o para cumplir con el propósito que tiene contigo.

La Biblia dice que Lidia adoraba a Dios y que el Señor abrió el corazón de ella, esto significa que los vendedores, como los predicadores, tienen un corazón sensible y pueden ser consagrados a Dios; y no debemos olvidar que si la viuda no hubiera ido a vender el aceite, hubiera seguido en una situación lamentable a pesar de tener muchos recursos.

Un predicador es sensible a las necesidades de aquellos a quienes va a hablar, es por eso que no habla en principio del evangelio sino que trata de averiguar sus necesidades y si podría necesitar la visión y el cambio de vida que le va a proponer; y luego, al trasmitirle el mensaje de salvación hace hincapié en la necesidad que tiene de Cristo, aconsejando no perder más el tiempo sino buscar a Dios rápidamente.

Al predicar el evangelio debemos hacerle tomar conciencia de que necesita de Dios aunque no lo comprenda mucho, pues es el único que puede solucionar definitivamente sus problemas, es decir, apunta a la recompensa que tendrá de Dios a causa de su cambio de vida.

Es tiempo de progresar ministerial y económicamente sabiendo activar todo lo que eres en Cristo, y todo lo que posees en Cristo, predicando el evangelio del Señor siendo de testimonio pues es la única forma en que lograrás un sólido crecimiento ministerial en lo personal, y ganarás almas para hacer crecer la congregación, siendo bendecido y de bendición a los demás.

© Luis Alberto Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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