Si no tengo amor nada soy

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos.. Lectura Bíblica: Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy”. (1 Corintios 13:2)

Introducción

Muchas veces ensalzamos a los que se muestran llenos de ciencia y sabiduría. Muchas veces honramos a los que tienen una fe profunda. Quizás nosotros mismos seamos bendecidos con dones parecidos, dados por Dios como herramientas para conducirnos a la salvación a nosotros y a los hermanos. Y sin embargo, en la Escritura misma vemos que ante Dios esto no es lo más importante.

Lo más importante es el Amor. Sin amor, no somos nada ante Dios. Porque Él nos justificó mediante el amor de su Hijo que se entregó en la cruz, en el acto de amor más grande de la historia.

El que no era merecedor del escarnio, de la tribulación, el único verdaderamente inocente, se inmoló por nosotros. Como Cordero de propiciación o una libación, se derramó por nosotros.

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¿Y de quién somos discípulos nosotros? Del Cordero de Dios que se entregó por los pecados. Del que murió por amor a todos los hombres, santos y pecadores.

Es por esto que no somos nada sin el amor. Porque es el amor lo que salva al mundo.

Lo dice también la Palabra: “El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. (1 Juan 4:8)

Entonces, vemos que antes que el conocimiento, antes que la mera doctrina, está el amor. Porque el amor vivifica y le da un sentido a vivir bajo la ley de Dios. Si no es por amor, es solo por cumplimiento. Y hasta los demonios reconocen el poder de Dios y su ley, pero sólo sus hijos lo aman.

¿Cómo es el verdadero amor? (1 Corintios 14:4-8)

Pablo nos muestra las características del verdadero amor. Este amor que nace de poner en el centro de nuestro corazón a Dios.

Lo primero que nos muestra es que por amor se sufre. Necesariamente la vida en este mundo acarrea el sufrimiento, porque este es consecuencia del pecado que entró en el mundo. Y cuando predicamos, cuando vivimos de acuerdo a los mandamientos, el mundo nos hará sufrir.

Pero la recompensa interior es tan grande, que no nos importa. Es por esto que surge la segunda característica, la benignidad. El que ama es benigno con el prójimo, buscando el bien para todos, aunque él sufra.

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El amor no se jacta de esto tampoco. No se envanece, es decir, no proclama a los cuatro vientos el bien que pueda llegar a hacer al prójimo. Solamente lo deja a la vista de Dios omnipresente.

Por vivir el amor, nos separaremos de lo que es indebido. Si nos guiamos por el amor, sólo nos puede conducir a cumplir la ley. Porque la ley se resume en lo que nos enseñó Jesucristo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22:37-39)

Entonces no necesitaremos otra guía que el amor. No buscaremos el bien propio, no nos irritaremos. No guardaremos rencor al hermano. Será como una armadura que nos protegerá en la batalla de la fe.

No nos gozaremos en la injusticia, o sea que en la presencia del mal nos sentiremos incómodos, fuera de lugar. Por lo tanto buscaremos la compañía de los justos, para caminar juntos a la salvación. Y a los injustos nos acercaremos para invitarlos a vivir esta felicidad, pero no para imitar su vida.

Si vivimos en el amor la mentira nos resultará aborrecible. Porque el amor se goza en la verdad que es Dios mismo.

El amor todo lo sufre, lo cree, lo espera, lo soporta. Tan fuerte es esta armadura de Dios, que las flechas del odio no podrán atravesarla.

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Debemos vivir en estos tres dones, la fe, la esperanza y el amor. Pero el mayor de ellos es el amor. Porque cuando estemos junto a Dios, la fe no será necesaria, porque estaremos en su soberana presencia. La esperanza se verá cumplida, porque gozaremos de la Vida Eterna. Lo que será eternamente es el amor a Dios, porque Dios es amor.

Conclusión

Es necesario que vivamos en el amor; a Dios ante todo y al prójimo como a nosotros mismos. Todos los otros dones que podamos recibir no son nada si no poseemos el verdadero amor. Porque de él se desprenden los mejores frutos espirituales, que renuevan nuestra vida y la hacen agradable al Señor, como una ofrenda perpetua.

© Francisco Hernandez. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Francisco Hernández

Sirviendo a Jesucristo desde hace más de 20 años. No soy pastor de una iglesia, pero me gusta estudiar la biblia y redactar mensajes cristianos para ser participe de la gran comision.

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