Dios es luz

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos.. Lectura Biblica: Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.” (1 Juan 1:5)

Éste mensaje del apóstol Juan nos muestra una característica de Dios que nos debe llevar a la reflexión y la oración profunda.

Dios es luz, significa que la tiniebla no tiene nada que ver con él. Significa que las obras de la oscuridad, como son la mentira y la soberbia, no forman parte de él. Se oponen, se repelen.

Esto nos debe llevar a glorificar al Señor por su grandeza. Si observamos la luz, no hay tiniebla que se le resista. No es una lucha de igual a igual. No hay tiniebla tan profunda que un poco de la llama del amor de Dios no haga desaparecer.

Es así que si en nuestro corazón damos cobijo a la luz de Cristo, no morarán en él las tinieblas. Por esto se hace necesario avivar esa llama, esa luz, mediante la oración con su Palabra.

No hay tinieblas en él, no debe haberlas en nosotros tampoco. ¿Qué hace que disminuya la luz divina en nosotros? El pecado.

El pecado ensombrece el alma, no porque tenga consistencia, y eche a la luz por su fuerza. No tiene fuerza propia, sino que lo que hace es disminuir la unión con Dios, que es la fuente de la luz, es la luz misma. De esa manera, nos apagamos, dejamos que el amor se enfríe.

El Señor nos dice en su Evangelio: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12)

Ahí radica el poder de echar las tinieblas, en la cercanía con el Mesías Todopoderoso. Abandonémonos a su luz y su calor, que vivifique nuestras almas frías y nos haga resplandecer para mayor gloria de Dios.

Seremos luz si guardamos sus mandamientos (1 Juan 2:3-11)

Si verdaderamente conocemos al Señor, cumpliremos sus mandamientos. Éste es el termómetro del amor que le tenemos a Dios y a su Palabra. De lo contrario, somos mentirosos y la verdad no habita en nosotros, por lo tanto, tampoco la luz.

Si guardamos su palabra, tenemos el método más eficaz para saber que estamos en Él y no en las tinieblas.

Si decimos que estamos en Dios, que nuestra vida permanece en Él, debemos andar como Él anduvo. ¿Y cómo anduvo el Señor? Leamos el Evangelio y la claridad del testimonio nos cegará con su resplandor. No salió de su boca la mentira y el odio nunca estuvo en su corazón, así debemos andar nosotros también.

Siempre confiando en el Padre, poniendo su vida en sus manos. Siendo misericordioso y amando a justos y pecadores. Haciendo el bien incluso a aquellos que fueron a aprehenderlo para entregarlo a sus verdugos. Así de alta es la vara que debemos alcanzar. Pero todo lo podremos en el amor  y la luz de Dios.

“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas”. (1 Juan 2:9)

No nos mintamos a nosotros ni a los hermanos. Menos intentemos engañar al Señor. No podemos afirmar ante la asamblea que somos cristianos, seguidores de Cristo, si tenemos rencor en el corazón.

Y el rencor no es necesariamente deseo del mal hacia el prójimo. A veces basta con un poco de envidia, celos, mezquindad, para disminuir nuestra luz y entenebrecer el espíritu. Si amamos al hermano, permaneceremos en la luz, y no tendremos tropiezo.

Tropieza el que no tiene luz para ver, chocándose con cualquier obstáculo. El obstáculo siempre estará ahí, pero si andamos en la luz del Señor, tendremos la ocasión de esquivarlo y que no nos haga caer.

El amor y la luz deben vivir en nosotros

Meditemos continuamente esta verdad, que Dios es luz y amor. Permanentemente esto se nos manifiesta en la Escritura. Entonces, si amamos al prójimo, tendremos luz en el alma.

Nos permitirá ser testigos del amor que nos tuvo Cristo, que superó todo amor que hayamos conocido. Es un amor hasta sus últimas consecuencias, sin ningún atisbo de oscuridad.

Los demás nos reconocerán como sus discípulos si vivimos iluminados. Si vivimos en el amor.

Es el mensaje que hemos oído desde un principio, que nos amemos los unos a los otros. Porque si Él puso su vida por nosotros, nosotros debemos ponerla por los hermanos.

Debemos escuchar entonces qué nos indica nuestra conciencia. Si ella nos reprende, confirmándonos que no amamos verdaderamente al hermano, no intentemos ocultarlo al que todo lo ve. Si no nos reprende, debemos confiar en que cualquier cosa que le pidamos al Señor, la recibiremos.

© Miguel Angel Robles. Todos los derechos reservados.

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