Debemos nacer de nuevo para entrar al Reino

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos.. Lectura Biblica: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.….” (Juan 3:3)

En este pasaje del Evangelio, el Señor Jesucristo es interpelado por un maestro de los judíos, un principal llamado Nicodemo.

Éste le afirma al Señor que está convencido de que Él proviene de Dios, porque si no fuera así, no podría obrar los milagros y señales que hace.

Y Jesús, en su infinita sabiduría, en lugar de darle una respuesta abierta le propone una afirmación. “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.”.

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¿Qué es nacer de nuevo, Señor? Se pregunta Nicodemo. Y también debemos preguntárnoslo nosotros.

Nacer de nuevo no es como entendió el judío en un principio.

No es volver al vientre de nuestra madre para volver a nacer. Esta es la mirada terrenal de un hombre viejo.

Nacer de nuevo es renacer como nos indica el Señor, del agua y del Espíritu. Y el que nos hace nacer de esta manera es el bautismo, brindándonos un nacimiento espiritual.

En el bautismo somos sumergidos en el agua, que simboliza el paso por la muerte. Antes de ser hombres nuevos, debemos morir al hombre viejo. Y morir al hombre viejo es rechazar las obras del demonio, la vida del pecado en la que estábamos inmersos. En el contacto diario con la Palabra aprenderemos cada día más cuáles son esas obras y cómo rechazarlas.

Pero no basta el agua. Es necesario, para volverlo un nacimiento espiritual, que intervenga el Espíritu Santo. El que tiene el poder de vivificar y transformar todo. El que habitando en nosotros nos hace hijos de Dios.

Por eso más adelante dice el Señor a la samaritana: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:24)

Tenemos que nacer del Espíritu entonces para adorar a Dios como Él quiere que le adoremos. El bautismo es por esto un nuevo nacimiento, que nos hace comenzar a caminar los caminos de Dios para llegar al Reino que nos está prometido.

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El Señor pasó por la muerte para darnos la vida

Nicodemo quedó pasmado con las palabras de Cristo. No entendía, porque aún no era un hombre espiritual, era un hombre terrenal. ¿Cómo iba a entender entonces cuando Jesús le hablaba de las cosas celestiales? Y sin embargo, el Señor no dejó de derramar su sabiduría sobre él, porque sabía que de esa manera lo hacía sobre todos los hombres venideros que creen en su Palabra.

En su infinita misericordia, abre los misterios de Dios para que los meditemos diariamente, los internalicemos y vivamos de acuerdo a ellos. Y el más grande de estos misterios, es el que declara a continuación.

El Padre entregó a su Hijo unigénito. Lo hizo porque amó de tal manera al mundo, que quiso que todos los que crean en Él, no se pierdan, sino que tengan vida eterna.  Que tengamos la salvación que del Espíritu proviene.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.” (Juan 3:17)

¡Éste es el mayor misterio de amor! Es lo que nos debe hacer levantarnos cada día exultando de alegría. Porque el cristiano que medita en esto diariamente, no puede vivir en la tristeza. Ni tampoco en el pecado. ¿Cómo devolver con pecado, semejante muestra de amor?

El inocente, el único sin mancha, el Hijo divino del Padre, bajó de los cielos. Podría haber venido en toda su gloria y esplendor. Podría haber venido como juez, con un ejército de sus ángeles, a juzgarnos y condenar a todos. Pero no obra así el Señor.

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El ejemplo que nos dio fue el de la cruz. Vino en humildad, y lo humillamos más, con una muerte ignominiosa, reservada a los pecadores. Vino en mansedumbre, y lo fuimos a buscar con armas y palos, como si fuera un reo peligroso.

Entonces, si ése ejemplo nos dio el que nos hace nuevos en el bautismo, debemos seguirlo por ese camino. El hombre nuevo no es un hombre libre del sufrimiento. Porque es un hombre que sigue a alguien que padeció en la cruz. Y sin embargo, por la fe en la Palabra que es verdadera y no miente, sabemos que no es ese el final. Sabemos que RESUCITÓ. Y allí está la Buena Nueva más importante. El Señor Jesús padeció, murió y resucitó por nuestros pecados, abriéndonos las puertas del cielo, y llamándonos a resucitar con Él.

Conclusión

Debemos nacer de nuevo. Debemos resucitar por el bautismo a una vida lejos del pecado y cerca de Dios. Hagámoslo a semejanza de Él, que pasó por la cruz y llegó a la Resurrección. Hagámoslo en el agua y el Espíritu.

© Miguel Angel Robles. Todos los derechos reservados.

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