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Imitemos al Señor

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Mensajes Cristianos.. Lectura Biblica: Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” (Efesios 5:1)

¿Alguna vez vieron a un niño jugando a trabajar como su papá? ¿O imitando las posturas, gestos, dichos, que ve en él?

Seguramente que sí, porque es algo natural que aprendamos por imitación. Incluso las malas costumbres las adquirimos porque lo hemos visto hacer a alguien más, y desgraciadamente las incorporamos.

Así es la naturaleza humana. Conocemos el mundo en parte por imitar a los que llegaron antes que nosotros a él.

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Ahora bien, ¿qué nos recomienda el apóstol? Que así como imitamos a nuestros padres cuando éramos niños, imitemos a Dios para hacer buenas obras y vivir una vida en unión con él.

Por eso nos dice: “como hijos amados”. Tenemos la gracia de tener un padre amoroso, que nos da continuamente pruebas de su amor por nosotros. Debemos devolverle ese amor, imitándolo en sus obras y palabras.

Para esto también vino Cristo al mundo, para ser un reflejo del Padre. Con su vida en la tierra dejó para todas las generaciones el ejemplo que aprendemos en el Evangelio.

La carta a los Efesios, en este capítulo, nos da una pequeña pista de actitudes que debemos imitar, para ser hijos de Dios agradecidos con su amor.

“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” (Efesios 5:2).

Ésta es la regla máxima, sin la cual todo lo demás no es sino soberbia. Actuar en y desde el amor.

El ejemplo más grande de este amor, lo tenemos en Cristo. Se entregó como ofrenda, se inmoló. Pero no lo hizo para un beneficio suyo. De lo contrario no sería amor. Lo hizo por nosotros, para salvarnos.

Entonces, lo que debemos evitar, para ser imitadores, es lo que Pablo enumera a continuación: fornicación  y toda inmundicia o avaricia, ni siquiera tenemos que tenerlas en nuestros labios.

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Porque si no las evitamos, si no nos resguardamos en el espíritu de estas cosas, será difícil que el pecado no nos corrompa.

Somos mortales, somos débiles. Por eso no podemos ni debemos tener el pensamiento y el corazón ocupados en estas cosas, sino en las de Dios, para imitarlo.

Debemos obrar en la luz

Estas obras que nos muestra Pablo, son obras de las tinieblas. Se hacen en la oscuridad, se ocultan, porque no resisten la luz.

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.” (Efesios 5:8).

Los hijos de luz buscan que sus obras no sean hechas en las tinieblas, porque la luz pone de manifiesto todas las cosas. Cristo es la luz del mundo, nosotros, sus seguidores, debemos ser luz como Él. Y lo seremos en la medida que participemos de la luz que Jesús nos brinda en su Palabra.

No solamente basta para imitar a Jesús el que la luz brille en nuestra vida. Es necesario además aprovechar el tiempo, porque los días son malos. Tenemos que andar como sabios, no como necios, aprovechando esta vida para cumplir la voluntad de Dios.

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Una manera de lograr que nos inunde la luz es seguir el ejemplo que nos pone el apóstol. Él nos sugiere que para ser llenos del Espíritu, no dejemos de entonar himnos, cánticos espirituales, salmos, alabando al Señor en nuestros corazones.

Cuando nos reunimos con los hermanos, cuando estamos en nuestro hogar, debemos aprovechar el tiempo para alabar a Dios, y de esa manera purificar el espíritu de las obras de las tinieblas. La tiniebla no es más fuerte que la luz. Para ser echada, lo que hace falta es prender una antorcha en medio de la oscuridad. Y esa antorcha es la alabanza en espíritu y en verdad.

Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” (Efesios 5:14)

¿Estamos dormidos? Estar dormido significa que no escuchamos la Palabra, no estamos atentos y la Palabra no entra en nuestro corazón. ¿Estamos muertos? Estar muerto es tener el corazón endurecido por las malas obras, de tal manera que la Palabra no puede actuar, porque falta la vida en el alma.

Conclusión

¡Despertemos!, ¡Levantémonos de entre los muertos!, para que Cristo nos alumbre. Para esto tenemos que imitarlo, andar como Él anduvo. Así la gracia transformará nuestras vidas y seremos hijos amados del Padre que está en el cielo.

© Miguel Angel Robles. Todos los derechos reservados.

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