El amor hacia los enemigos

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos.. Lectura Biblica: Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen.” (Lucas 6:27)

Lo que nos pide Cristo es muy difícil, diría cualquier persona. ¿Cómo es posible que ame a mi enemigo?

Sin embargo, muchas veces vemos que Cristo no vino a abolir la ley, sino a darle cumplimiento. Antiguamente, con respecto a los enemigos, se devolvía diez veces más de lo que nos había perjudicado alguien. Si alguien asesinaba a un pariente, los deudos debían matar a diez de la familia del atacante.

Esto llevaba a una espiral de odio que no terminaba nunca, llevando a durar por generaciones las venganzas familiares.

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Es por esto que el pueblo judío adoptó una medida limitadora de la venganza, la ley del Talión. “Ojo por ojo, diente por diente”. No es aún lo mejor, pero era un avance frente a la violencia que suponía la anterior forma de manejarse frente a los perjuicios del prójimo.

Entonces debemos comprender que lo que Cristo plantea a sus discípulos es una doctrina revolucionaria. Hoy en día lo tenemos como normal, que al cristiano se le pida imitar la mansedumbre de su maestro. Pero no era así en ese tiempo, y por eso se detiene en explicar con detalle todo lo que implica el amar al prójimo.

Nos pide Jesús que pongamos la otra mejilla.

Frente a un ultraje, no solamente que no respondamos de manera más violenta, ni siquiera que respondamos de la misma forma. Nos pide que le demos la oportunidad a nuestro enemigo de volver a hacernos daño.

¿Por qué? ¿Qué ganancia hay en ello? Y es que Cristo se preocupa por nuestra salvación, y por la salvación de todos. Si alguien nos hace el mal, el primero en perjudicarse es él, porque comete una injusticia. Comete un pecado.

Al presentarle la otra mejilla, le estamos diciendo (y deberíamos pensarlo así): “Hermano, no voy a responder a tu ultraje. Porque soy discípulo del que se humilló y cargó la cruz por todos nosotros. Si Él, el Cordero sin mancha, no mandó que sus ángeles destruyan a sus enemigos, ¿cómo voy a pretenderlo yo? Si te respondiera, quizás no tengas la ocasión de conocer lo que es seguir a Cristo”.

Ojalá este pensamiento acuda a nosotros en un trance como éste, y seamos reflejo del Señor, que sanó la oreja de uno de los que fue a apresarlo al Huerto de los Olivos.

La regla de oro del amor

Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” (Lucas 6:31)

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Esta es la llamada regla de oro. Con ella debemos guiarnos en la vida como norma de comportamiento.

Y en esto también hay una gran evolución en la doctrina de Cristo. Los maestros de los judíos enseñaban: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.” Esta norma es negativa, habla de abstenerse de obrar de manera negativa, llevando a evitar hacer el mal al prójimo.

Lo que Jesucristo propone es superador y más exigente aún. No es simplemente no obrar. Aquí lo que se pide es que se obre antes de que el hermano lo pida. Porque así nos gustaría que se comporten con nosotros los demás.

Es superador porque no es un acto que promueva la buena convivencia. Es un acto de total amor, desinteresado. Porque de hecho no sabemos si el prójimo nos va a devolver nuestra buena acción.

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos.” (Lucas 6:35)

Aquí está la medida con la que tenemos que compararnos. El amor que el Padre tiene para con todos, tiene que ser el ejemplo que nos motive a imitarlo en nuestra relación con los hermanos.

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Conclusión

Si antes nos comportábamos tratando bien a los que nos trataban bien, y devolviendo el mal que nos hacían, no nos comportábamos como verdaderos cristianos. El Señor fue el primero en poner en práctica la regla de oro, sanando y alimentando a justos y pecadores.

Frente a los golpes de los judíos, y el tormento de la cruz, respondió: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Imitemos a Cristo, amando a nuestros enemigos, por amor a Dios.

© Miguel Angel Robles. Todos los derechos reservados.

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