Cuando estemos en tentación

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Lectura Biblica: Santiago 1:2-3  “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

INTRODUCCIÓN

El apóstol Santiago nos exhorta en su carta a no desanimarnos frente a la tentación, no dejarnos abatir. Porque sufrirlas, probando la fe, trae una enorme recompensa. La tentación puede venir de diversas fuentes. Incluso nosotros mismos, con nuestra inclinación al pecado, somos ocasión de caída.

Hay veces en las que sentimos que estamos en el lugar incorrecto para conservar nuestra amistad con Dios, y sin embargo nos quedamos. Sentimos que esa persona con la que estamos interactuando nos está alejando de Dios, y nos quedamos junto a ella.

Al hacer eso, estamos dando cabida a la tentación en nuestro corazón. La tentación en sí misma no es un pecado, pero darle cobijo y dejarla hacer nido en nuestra alma, es poner en peligro nuestra salvación.

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Por esto el Señor, en Mateo 5:30, nos dice que si alguno de nuestros miembros nos es ocasión de pecado, lo cortemos y lo alejemos de nosotros. Porque es preferible llegar con algún miembro menos al cielo que ser echados enteros al infierno.

Observemos qué radical es el ejemplo que nos da Cristo respecto de la tentación. Incluso si algo tan cercano como un miembro es ocasión de caer, debemos alejarlo de nosotros. ¡Cuánto más entonces deberíamos evitar a aquélla persona, aquél lugar, que nos aleja del amor de nuestro Padre!

Entonces, es claro el evangelio sobre la tentación. Debemos resistirla, aunque nos cueste algo muy preciado. Porque nada hay más preciado que la salvación de nuestras almas. Incluso con nuestra caída, el mal no es sólo para nosotros, sino que nos volvemos escándalo para los hermanos por nuestro pecado.

¿Cómo resistir? Primero, debemos evitar la ocasión, no dejarla anidar en nuestro corazón. Segundo, debemos orar fervientemente a Dios, para que nos de fuerzas. Digámosle que nada es más importante para nosotros que la amistad con Él. Que queremos ser sus hijos y hacer su voluntad todos los días de nuestra vida.

El Señor nos dará la corona de la victoria

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. (Santiago 1:12)

A los que participaban de una competencia física en la época de Jesús los premiaban con una corona en sus cabezas, una corona de laureles. Era el símbolo de la victoria, de haber llegado a la meta primeros, venciendo obstáculos y soportando la fatiga.

La corona que nos promete Cristo, no va a caducar como esa corona de laureles. No se secará, sino que permanecerá para siempre. Porque no será algo perecedero, será la vida eterna misma junto a Dios.

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Y Dios la ha prometido para aquéllos que le aman. No para los que Él ama, porque Dios ama a todos, justos e injustos. Es para aquéllos que retribuyen su amor con buenas obras y fe, buscando su compañía, y haciendo su voluntad.

Pero volviendo al inicio, lo principal en la lucha con la tentación, es no dejar que viva en nuestro corazón. Dice también la carta de Santiago: “La concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. (Santiago 1:15).

La concupiscencia es la inclinación al mal que ha quedado en nuestra alma, heredándola de nuestros primeros padres. Cuando nos dejamos dominar por ella, le prestamos oídos, engendra el pecado. Y el pecado, cuando entra en nuestra vida, nos quita la amistad con Dios. Nos trae la muerte espiritual.

Por lo que debemos desechar toda inmundicia y abundancia de malicia, recibiendo con mansedumbre la palabra, que puede salvar nuestras almas. Lo que debemos evitar es solamente oír la palabra y no ponerla en práctica. Si dedicamos nuestra vida a escuchar la Palabra de Dios, pero poniéndola en obras para nuestros hermanos, seremos los más dichosos de la tierra.

Porque habremos vencido muchas tentaciones, y habremos conquistado la corona de la vida con la ayuda de Dios.

Conclusión

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Como dice Santiago, debemos sentirnos dichosos en medio de las pruebas. Porque las pruebas, llevadas con fe, soportadas confiando en Dios, generan constancia y paciencia. Aún así, no hay que buscar la tentación, hay que evitarla.

Porque no somos inmunes a la atracción del pecado, pero confiando en Dios, aferrándonos a su amor, lograremos conquistar la corona de la vida eterna que nos promete.

© Elena Torres. Todos los derechos reservados.

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