El cristiano y las riquezas

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Mensajes Cristianos Texto Biblico: «Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Marcos 10:25)

Introducción

Este pasaje del evangelio de Marcos viene después del encuentro de Jesús con el joven rico. Este joven se fue triste, debido a que tenía muchas posesiones. Jesús le pidió que las deje todas, y lo siga. Pero el joven estaba muy apegado a sus riquezas.

Es entonces cuando Jesús dice esto a sus discípulos. Y ellos se asombran, viendo que es algo muy difícil y preguntándose quién podrá entrar en el reino entonces.

Pero para Dios nada hay imposible. Eso afirma el Señor. Entonces, no significa que por tener alguna posesión estamos lejos de Él. Sino que se puede tener riquezas, si no les damos el corazón.

En el Evangelio, vemos que los discípulos dejaron todo por seguir a Cristo. Han dejado su trabajo, sus esposas e hijos, su hogar, sus bienes, por ir tras el Señor.

Sería algo muy loable si estamos llamados a esto. Pero es algo que hay que discernirlo en el corazón con mucha oración. No todos tienen esta vocación. A los que lo hacen, el Señor les promete el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, y en el siglo venidero la vida eterna.

El dejar todo por seguir a Cristo es una fuente de alegría inmensa. Pero si tenemos familia, debemos procurar su sustento. Esto también es algo que Dios quiere para nuestra vida. Que tengamos un trabajo, mediante el cual procurar el sustento de los nuestros y de los hermanos necesitados.

¿Cómo hacer si tengo bienes porque fui bendecido por Dios con riquezas? Si ese es el caso, a lo que estamos llamados es a poseer, pero sin ser poseídos por los bienes. Deben ser herramientas con las que llegar al reino de Dios. Mediante ellas, podemos hacer mucho bien, muchas obras de misericordia. Y enseñar a nuestros hijos y familia que Dios nos puede bendecir con riquezas, pero no tenemos que darles el corazón.

No debemos apegarnos al dinero

Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:15)

Esto es lo que quiere Dios para nosotros. Podemos tener riquezas, pero no darles el alma. La avaricia nunca se sacia, siempre quiere más, y desgraciadamente, llega a realizar los peores actos para satisfacerla.

Es un vicio muy fuerte, que se arraiga en el corazón poco a poco. Un día negamos una ayuda al prójimo. Otro día cuando se anuncia que se está recolectando para realizar una misión, no nos damos por aludidos. Y así, de a poco, el dinero va ganando nuestra vida.

Dejamos de prestarle atención a la familia y a la oración por el trabajo. Nos cargamos con más horas laborales para ganar más. Evitamos el contacto con los que tienen pocas cosas, porque nos atrae más rodearnos de gente que tiene un estilo de vida lujoso.

El avaro no se da cuenta que lo es. Le parece correcto reunir riquezas, porque incluso las puede ganar honestamente. Pero se apega a ellas de tal modo, que se vuelven el centro de su vida. Y el centro de la vida del cristiano debe ser Jesús.

Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron en la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1 Timoteo 6:9-10)

Debemos contentarnos con lo que tenemos. Si fuimos bendecidos con éxito en nuestras empresas y negocios, alabado sea Dios. Pero es un peligro muy grande que exige de nosotros una fuerza espiritual y una humildad más grandes aún.

Si en cambio, tenemos lo necesario para el sustento y el vestido, estemos contentos. No tratemos de tener mucho más. Porque podemos caer en la tentación de estar pendientes de ello todo el tiempo y olvidarnos de Dios.

El apóstol llama al amor al dinero “raíz de todos los males”. Y esto es así porque por el dinero es que se cometen los actos más injustos y malvados. Pensemos un poco, ¿qué hay detrás del negocio de la droga? Dinero. ¿Qué hay detrás de las armas y la guerra? Dinero. ¿Qué hay detrás de la tala de árboles y la caza de animales? Dinero. Realmente es la raíz de todos los males, y no estamos exentos de caer en él.

Conclusión

No debemos darle el corazón a las riquezas. Nuestro corazón y nuestra alma deben ser de Dios. Podemos poseer bienes, pero deben ser herramientas para llegar al reino de los cielos, no un impedimento. Con las riquezas podemos hacer el bien, pero la búsqueda desordenada de aumentar nuestras posesiones nos puede llevar al pecado. Pongamos el centro en Jesús, y todo el resto de nuestra vida se ordenará.

© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Pedro Blanco

Mi familia y yo aceptamos a Cristo como nuestro rey y salvador hace más de 20 años. Fui ministro en mi iglesia local por 15 años. Es mi oración que el material que publique te sirva de bendición.

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