No retrasemos la conversión al Señor

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Texto Biblico: «El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9)

Introducción

El Señor quiere que nos arrepintamos. Y no lo quiere para un bien suyo, no hay nada que nosotros podamos modificar en Dios. Es por amor a nosotros que intenta nuestra conversión, por nuestro bien espiritual.

Si nos convertimos, de corazón, realmente, el Señor nos dará la salvación. Esto implica cambiar de vida y abandonar el pecado en el que vivimos.

Por supuesto que sin su gracia no lo lograremos, por esto Él nos da también su ayuda para cumplir los mandamientos. Pero si de nosotros no nace un movimiento libre hacia su amor, Él no nos obliga a cumplir su Voluntad.

El Todopoderoso nos creó de esta manera, con un libre albedrío. Este libre albedrío podemos usarlo bien o usarlo mal. Cuando lo usamos bien, es cuando buscamos la voluntad de Dios en nuestra vida e intentamos cumplirla. Estamos atentos a la inspiración del Espíritu Santo y hacemos lo que está de nuestra parte para que habite en nosotros. Lo usamos mal cuando el libre albedrío es interpretado como libertinaje. El libertinaje es hacer lo que uno quiere, sin atenerse a la razón ni a las consecuencias de nuestros actos.

El movimiento hacia la conversión es un juego misterioso entre la gracia de Dios que actúa en nosotros y nuestra libertad para responder a ella. Cuando hay armonía en estas dos fuerzas, se da el comienzo de nuestro acercamiento hacia Dios.

Por supuesto, nunca podremos decir: “Estoy totalmente convertido” o “Ya gané mi lugar en el cielo junto a Dios”. No, nunca terminamos de convertirnos, porque nunca dejamos de ser pecadores. Nuestra debilidad espiritual es grande y todos los días debemos dirigirnos con humildad a Dios omnipotente y pedirle perdón por nuestras faltas.

Para convertirnos es necesario recibir al Espíritu Santo

Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38)

Si no nos bautizamos, no recibiremos al Espíritu Santo. Cuando lo hacemos, somos templos vivientes de Dios, siempre que no lo echemos con el pecado.

Por esto es importante la oración constante, pidiendo que el Espíritu habite en nosotros y nos guíe. Sin arrepentimiento, esta oración no será del todo sincera.

Por esto el primer paso es el arrepentimiento que produce la fe en Cristo y el conocimiento de nuestra miseria. Si no aceptamos a Jesús como salvador nuestro, y que necesitamos ser salvos porque el pecado nos esclaviza, no podremos recibir al Espíritu vivificador.

Dice Cristo en el Evangelio: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8). Con esto nos está llamando a no mostrarnos arrepentidos de la boca para afuera, sino a demostrarlo con verdaderas obras.

Las obras del arrepentimiento podemos figurárnoslas. Si tenemos un vicio muy arraigado, comenzar a quitar las ocasiones de recaer en él. Si somos propensos al juego, no debemos acercarnos a esos lugares que nos lleven a él, o a esas personas que nos influyen en nuestra decisión de jugar o no.

Hay muchos ejemplos en la Biblia, donde vemos que los que se arrepentían dejaban aquello que les impedía seguir a Jesús. Mateo, el publicano, dejó su mesa de cobro de impuestos. Zaqueo, prometió dar todos sus bienes malhabidos y dar el doble de lo que quitó con fraude.

Si somos sinceros con nosotros mismos y oramos con fervor, encontraremos la manera de encaminar nuestra vida. El Espíritu Santo nos guiará, y hará que lo que nos resulta duro al principio, sea fuente de gozo después. El Señor es poderoso y nos dará la fuerza que necesitamos para ser fieles al Evangelio.

Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” (Santiago 1:21)

La Palabra fue implantada en nosotros. La tenemos en nuestras manos todos los días. La oímos en la asamblea. Depende de nosotros si escuchamos lo que nos dice y lo ponemos en práctica. Porque mediante ella y las obras que aconseja, es que alcanzaremos la vida eterna.

Conclusión

No dejemos la conversión para después. Debemos volvernos al Señor y demostrarle con arrepentimiento sincero que queremos ser sus discípulos y abandonar el pecado. Si no lo hacemos, la Palabra habrá sido sembrada en vano en nosotros. Pidamos al Espíritu Santo que nos habite y nos inspire para seguir el camino que Jesús nos marcó hacia la Vida Eterna.

© Francisco Hernández. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Francisco Hernández

Sirviendo a Jesucristo desde hace más de 20 años. No soy pastor de una iglesia, pero me gusta estudiar la biblia y redactar mensajes cristianos para ser participe de la gran comision.

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