La Escritura nos enseña

Mensajes Cristianos

Mensajes Cristianos Texto Biblico:  “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16)

La Escritura nos enseña, aprendamos con docilidad

En la Palabra encontraremos la sabiduría divina. No podemos aprender si no reconocemos que necesitamos de la enseñanza. Del mismo modo que el que no tiene hambre no busca el alimento. El que es ignorante pero no lo asume, no busca la sabiduría. Por eso, una condición para el aprendizaje y la enseñanza es la docilidad al que enseña.

Si no tenemos un espíritu humilde, no podremos aprender lo que Dios tiene para enseñarnos. Es indispensable que tengamos la necesidad de buscar a Dios y su sabiduría. Porque si no lo hacemos, Él no podrá instruirnos. Dios ha dado tanta libertad al hombre, que incluso respeta su ignorancia. (Salmo 32:8)

La sabiduría según el mundo hincha el espíritu. En cambio, lo que Cristo vino a enseñar y encomendó a sus discípulos es la humildad. Por esto, en la Escritura encontraremos que se nos enseña a reconocer que el único sabio es Dios, y nosotros pobres criaturas que debemos seguir su doctrina.

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De lo contrario, si creemos que poseemos el saber, ya tenemos el corazón ocupado. Y el Espíritu Santo no tiene lugar cuando nuestro corazón ya está repleto de soberbia y autosuficiencia. Unido a saber vivir está el reconocer Quién nos dio la vida y la salvación.

A la enseñanza está unida la oración

Si no estamos unidos a Dios mediante el diálogo con Él en la oración, no podremos aprender. Porque el Señor habla al corazón que está atento a su voz. Y su voz está en la Palabra que se lee en la meditación y la paz interior.

Tenemos que buscar el momento del día donde podamos entrar a nuestro recinto interior y dialogar con Dios. El aprendizaje tiene sus secretos. El primero es la docilidad, y el segundo es darle al Señor el momento para que nos muestre su sabiduría. Y este momento es especialmente el de la oración confiada y humilde. (Juan 14:26)

El Espíritu Santo es quien nos traerá la sabiduría divina a nuestra vida. Tenemos que dejarlo actuar y darle el momento del día donde pueda hablarnos y podamos escucharlo. El ruido del mundo no es un buen lugar para la enseñanza. Debemos escuchar a Dios en la intimidad, y luego ponerlo en práctica entre los hermanos.

Así como aprendimos, debemos transmitir la sabiduría

Lo que Dios nos enseña no es para guardarlo celosamente para nosotros. Somos instrumentos de Cristo, que quiere que todos los hombres se salven. Entonces, tenemos que estar dispuestos a compartir los tesoros y bienes espirituales con los hermanos en Jesús y los que aún no lo son.

Es el mandato de Cristo que nos envió a predicar a todas las gentes. La Palabra debe proclamarse en toda la tierra, con el impulso del Espíritu Santo que habita en nosotros. El bautismo nos da esa fuerza, y nos habilita a llevar al Señor a todos los hombres que quieran escuchar su enseñanza. Pero antes, debemos aprenderla nosotros con humildad. (Mateo 28:19-20)

Si recibimos un tesoro tan grande, es una responsabilidad. Pero no nos fue dado para que lo escondamos. Sino que tenemos que hacerlo producir, para que cuando vuelva nuestro Señor lo halle multiplicado. Multipliquemos la Palabra a través de la evangelización, para que sean muchas las personas que conozcan a Cristo a través de nuestro testimonio.

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Conclusión

Si no tenemos un espíritu humilde, no podremos reconocer que necesitamos de la enseñanza divina. Podremos leer la Palabra como si fuera un libro, pero no nos dará sabiduría, sino mero conocimiento. Para que sea productiva, es necesario que reconozcamos que sin Dios no tenemos sabiduría verdadera.

Por eso, es importante que la Palabra abunde en nosotros. Tenemos que cultivar esto a través de la oración, para asimilar lo que nos enseñó Cristo en la intimidad del alma. Si tenemos la Escritura en nuestra mente todos los días, creceremos en su comprensión y riqueza. (Salmo 143:10)

No debemos guardarnos para nosotros esta riqueza. Es para que los demás reconozcan que Dios es el único sabio y el que da su salvación a los que lo escuchan. Manifestemos los bienes espirituales que hemos recibido, para que los demás también se acerquen a recibirlo en la Palabra.

© Renzo Garcia. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Renzo García

Servidor de Jesucristo y amante de la palabra de Dios.

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