Nuestro cuerpo es el templo de Dios

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Mensajes Cristianos Prédica de hoy: Nuestro cuerpo es el templo de Dios

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: 1 Corintios 6:19-20

Introducción

El templo de Dios es uno de los lugares en donde mas paz podemos llegar a sentir. Allí él se manifiesta con plenitud y alcanza a mostrarnos sus mandamientos y principios mediante un estado de adoración.

¿Cómo nos comportamos cuando vamos a la iglesia a escuchar y aprender de su amor? Con respeto, temor y ganas de absorber conocimiento. Desde pequeños nos educan para qué sea de ésta manera. Es un lugar especial.

Sin embargo, ¿alguna vez nos educaron para saber qué debemos tener ese mismo respeto hacía nuestro cuerpo? Ésta es una enseñanza vital, pues escrito está qué nosotros también formamos parte del templo de Dios, en tanto debemos cuidarnos y comportarnos cómo tal.
Entregar nuestro cuerpo cómo ofrenda a Dios es el precio de una prometida salvación eterna. Ésta paga mas allá de ser necesaria, también es maravillosa. Tenemos algo para entregar, un cuerpo único y especial para ser habitado por Dios ¿Qué otra cosa podríamos desear?

I. Nuestro cuerpo es el templo de Dios – Resistir la carne

a. No militamos según la carne (2 Corintios 10:3)

Dios nos pide morar en nuestro cuerpo pues conoce qué requiere de mucha voluntad de nuestra parte. La biblia explica qué la carne es la parte más débil del ser humano, y por ello debemos aprender a dominarla, a esto nos referimos con “resistir”, poder salir victoriosos de esa experiencia.

Sí hemos decidido vivir cómo templos de Dios, debemos permanecer limpios y puros para él, es decir alejados de los deseos de la carne y superando cada tentación en nuestro camino.

¿Cómo es esto posible sí la carne tiende el pecado? Creyendo plenamente y confiando en qué nuestro su amor es mas fuerte.
Dios nos pide porque sabe qué estamos capacitados para cumplir y dominar el cuerpo. Sí bien tenemos carne, no militamos ni vivimos según sus deseos, sino qué somos guiados por el espíritu santo en busca de la verdad.

b. Comer la carne de Jesús (Juan 6:56)

Para poder vencer la carne y estar en Cristo, debemos comer y beber su cuerpo y su sangre. Esto qué dijo Jesús a sus discípulos no debe ser tomado en sentido literal. Él se refería al sacrificio al qué debemos someter al cuerpo para poder vivir junto él y a su vez recibir reciprocidad de su parte.

Recordemos qué Jesús también tuvo un cuerpo cuyas singularidades fueron templo del Padre. Padeció dolores incluso mas atroces de los qué alguna vez nosotros llegáremos a sentir. Todo esto con el propósito de salvar al mundo y honrar el nombre de Dios. Él mejor qué nadie sabe de sacrificio.

Lo qué se nos pides imitar está condición de entrega con la cual Jesús encaró su misión. Para así poder permanecer en él y también nosotros vivir esa promesa eterna qué nos dio Dios.

c. Apartarnos del mundo (1 Juan 2:16)

Debido a qué vivimos en un mundo terrenal, nuestro cuerpo está todo el tiempo expuesto a deseos mundanos qué poco edifican en nosotros. Con el paso del tiempo éstos han ido aumentando, alejándose del respeto y temor qué merece ser el templo de algo tan sublime cómo nuestro Padre.

Entonces ¿cuál es la mejor decisión qué podemos tomar? Apartar nuestro cuerpo y espíritu del mundo. Esto significa vivir con inteligencia y decidirnos con valentía para hacer la obra de Dios.

Realmente no podemos vivir en ambos caminos. Jehová aborrece a quiénes se consideran tibios.

La carne designa necesidades muy diferentes a las qué él hace nacer en nosotros. Mientras uno nos lleva a las tinieblas, él suyo nos clarifica y muestra el camino. Y aunque lo conveniente no sea lo más fácil, es justo qué esa decisión sea radical.

II. Nuestro cuerpo es el templo de Dios – Buscar la santidad

a. Velar y orar con devoción (Mateo 26:41)

Conservar nuestro templo cómo casa de Dios, significa qué en él debemos buscar la santidad tal cual cómo si estuviésemos en la iglesia. Es decir, no debemos apartar nuestro corazón al estar en intimidad con el Señor, incluso en estos momentos es dónde mas debemos prestar atención a lo qué él nos quiere transmitir.

Nuestros deseos y sentimientos deben ser los mismos, para honrar a Dios, tanto en público cómo en privado. Pues debe tratarse de una intimidad qué no dependa de la opinión ajena, sino de poder ser habitables para Jehová.

Ésta conexión solo es posible a través de la oración. Cuando con fe y respeto hablamos con él, nuestras circunstancias cambian de perspectiva y podemos conseguir purificarnos por dentro. Pero todo esto debe hacerse con devoción, es decir entregando ese “extra” qué el sacrificio requiere.

b. Renovar nuestro santuario (2 Corintios 4:16)

Sí bien el cuerpo envejece con el correr de los años, cuando nos reconocemos cómo templo de Dios, nuestra percepción sobre esto comienza a ser transformada de una manera mas sensible.

Esa “vejez” qué el mundo cancela haciendo querer verla cómo espantosa, no es mas que un camino hermoso hacia la vida eterna. Cuando respetamos los tiempos y las circunstancias qué gracias nuestro cuerpo podemos vivir, entonces mas allá de las arrugas, en realidad nos estamos renovando.

Cuidar nuestro cuerpo para qué sea templo digno del Padre, implica esa evolución. Significa qué no vamos a permanecer siempre en el mismo lugar, pues la experiencia en éste mundo no lo permite. Y qué internamente Dios toma nuestro santuario y deja qué su gloria sea vista a través de él.

c. Discernir en nuestros hábitos (1 Corintios 2:14)

¿Alguna vez qué eso qué hacemos, eso somos? Hay mucha verdad en frase. Nuestros hábitos construyen el futuro de nuestro cuerpo. Cómo templo de Jehová cuidarnos desde el amor, actuar con recato y discernir entre aquello qué no nos conviene para crecer.

Por ejemplo, una persona diabética tiene varias restricciones porque no hacen bien a su salud. ¿Qué hace sí delante de ella aparecen todas éstas cosas de las qué no puede comer? Recuerda qué las consecuencias son peores qué cinco minutos de felicidad y antes de equivocarse se aleja.

Así debemos discernir nosotros sobre lo qué debilita nuestro cuerpo, para alejarlo e ir con mas velocidad hacia Dios.

Conclusión

Debemos cuidarnos internamente, procurar sembrar hábitos saludables, encontrar nuestro propósito en manos de Dios y permitir qué éste se refleje a través de nuestro cuerpo. Es urgente qué nos convirtamos un templo cuyo respeto sea digno de la presencia de Jehová. Éste cambio comienza con un gran pedido de transformación.

Entendernos hijos de Dios es una decisión radical. No podemos ser quiénes fuimos en nuestro pasado. Debe existir un compromiso real y una preocupación qué nos mantenga alertas para agradar y obedecer los mandamientos de la palabra. Esto significa resistir sabiendo qué podemos vencer.

Siempre antes de cualquier acto pensar ¿esto haríamos en el templo de Dios? Esa pregunta cambia por completo cualquier circunstancia. No solo en normas cómo el largo de la falda ó evitar contenidos ilícitos qué contamina; sino también en aquello qué pensamos y sentimos, pues esto es raíz de cualquier acto qué se pueda desatar.

Para poder actuar a través de ese estado de gracia, debemos recordar qué estamos en búsqueda de santidad y qué éste recorrido es el qué nos permite ganar la corona de la vida y la salvación.

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