Dios oye tus súplicas

Predicas Cristianas – Mensajes Cristianos

«Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas»  (Salmos 116:1).

En los Salmos de David hay misterios maravillosos sobre la extraordinaria, santa, infinita, amorosa, paciente y misericordiosa personalidad de Dios.

Muchas veces, leemos las Escrituras pensando en nosotros mismos, es decir, ensimismados en nuestros problemas, en una situación difícil que estamos viviendo, o en una necesidad en concreto.

Así leemos la Biblia, encerrados en el «yo», con lo cual no estamos mirando a Dios y lo que nos quiere revelar a través de la profundidad de Su Palabra, porque estamos distraídos en lo que el hombre hace o deja de hacer.

Recordemos que nosotros no podemos buscar a Dios por nosotros mismos, siempre que lo hacemos es porque Él nos guía con Su mano invisible hacia Su Verdad.

«Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero»  (1 Juan 4:19).

Así pues, cuando acudimos a Dios, es porque Él nos está guiando a buscarlo. David era guiado por Dios continuamente a clamar a Dios, y siempre obtenía de Él, oportuno socorro y respuesta.

Dios nos lleva a clamar a Él, a postrarnos y suplicar ante Su presencia. Este clamor y súplica no es algo que ocurre sin verdadera entrega de corazón.

Cuando Dios nos lleva a clamar y a suplicar, lo hace de modo tal que nuestro corazón endurecido sea constreñido a padecer para que se transforme día a día en un corazón de carne.

En el Salmo 116 vemos una oración de acción de gracias de David, que cantó por haber sido librado de la muerte:

«Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas»  (Salmos 116:1).

Aquí la obra milagrosa se manifiesta cuando Dios lleva a David a suplicar para librarlo de la muerte. Así que no tengamos la menor duda de que cuando somos constreñidos a suplicar a Dios, Él nos está oyendo y nos librará de la situación que nos aflige.

«Desde la angustia invoqué a JAH, y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso». (Salmos 118:5)

Cuando clamamos a Dios con un corazón sencillo y humillado, Él no solo responde y nos libra de la angustia, sino que además nos pone en un lugar «espacioso».

Esto significa que nos traslada desde la situación de desasosiego, a una situación cómoda y tranquila, en la que sentiremos una paz que sobrepasa todo entendimiento y en la que estaremos a salvo.

He aquí les dejamos un secreto de David, él sabía que los ojos de Dios estaba siempre sobre los justos, y siempre estaba atento a sus oídos:

«Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos» (Salmos 34:15)

© Flor Karina Zambrano Franco. Todos los derechos reservados.

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