¡Hijos o mendigos!

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Marcos 7:24-29 “…Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de el, vino y se postró a sus pies.» La mujer era Griega, y Siro fenicia de nacimiento; y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Si, Señor; pero aún los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio a salido de tu hija…”

Jesús fue muy claro al enseñarle a esta mujer gentil, el lugar que ocupan los hijos de Dios herederos de las riquezas inescrutables de Cristo; y da a entender a través de esta enseñanza que también los gentiles iban a ser herederos de eterna salvación Hebreos 5:9 “…Y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen…”

El dolor profundo de esta mujer por el sufrimiento de su hija la llevó a buscar a su único Salvador. Las actitudes de está mujer gentil, son las actitudes que todos los hijos de Dios deberíamos tener al llegar a los pies de Jesús, para comer de la mesa del Señor y ser saciados de todas las riquezas y bendiciones que tiene preparadas para que sus hijos la disfruten, Lucas 22:29-30 “…Yo pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asigno a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel...”

Esta mujer tenía el conocimiento y la revelación hacia la persona de Jesús, era poseedora de una gran fe, ella perseveraba en la búsqueda de la respuesta a su petición, sin desmayar ante todos los obstáculos que se le presentaba; esta mujer siendo gentil nos deja a los hijos de Dios una gran enseñanza de amor, de fe, de humildad que tocó el corazón de Jesús conmoviéndolo hasta darle la bendición que ella esperaba.

Solo el sufrimiento y la desesperación puede llevar a una mujer a tener un encuentro personal con Jesús el autor de la vida, la revelación de quién era Jesús pudo producir en esta mujer una fe inquebrantable y una sincera reverencia hacia El, una mujer que soportó la humillación, la vergüenza, el rechazo, por todos los que le rodeaban, sin importarle todos los obstáculos que tuvo que pasar para recibir la repuesta a su petición.

Tres pasos importantes que nos deja esta enseñanza para disfrutar de las bendiciones del Señor.

a. Tener el conocimiento y revelación de Jesucristo como nuestro único Señor y Salvador, conociendo su eterno sacrificio realizado en la cruz del calvario para la salvación de nuestras almas. Juan 4:14 “…Y nosotros hemos visto y testificamos, que el Padre ha enviado al Hijo, el salvador del mundo…”

Esta mujer se acercó en plena certeza y conocimiento de quién era Jesús, dejando en ese momento que se acercaba a Jesús su vieja vida, demostrándolo en la forma de su expresión, en su temor reverente y la humildad de quién venía en busca de ayuda, reconociendo a Jesús como el Señor y el salvador de su vida.

1º Corintios 5:7-8 “…Limpiaos, pues de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois, porque nuestra pascua que es Cristo ya fue crucificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad…”

De que fiesta estará hablando Pablo en esta enseñanza, ¿no será de la fiesta que pasamos cuando nos congregamos en la iglesia del Señor y nos sentamos a la mesa del banquete celestial?, ¿cuando tenemos nuestra íntima comunión con el Padre?, ¿cuando tenemos comunión unos con otros?, ¿cuándo compartimos el pan y el vino en la cena del Señor?, ¿cuándo habitamos los hermanos juntos en armonía, porque allí envía Jehová bendición y vida eterna?, es allí que Dios se revela a nuestras vidas.

b. Tener el conocimiento de quienes somos en Cristo Jesús que no somos mendigos, sino hijos de Dios y herederos de todas las riquezas espirituales, y comprender el honor que nos ha dado al ser resucitados con Él; Efesios 2:6 “…Y juntamente con El nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús…”

Jesús fue muy claro al decirle a estas mujer gentil el lugar que ocupan sus hijos en comparación con los gentiles (mundo) los hijos de Dios ocupamos un lugar único y privilegiado en su reino y no solamente sus hijos sino todos aquellos que se atreven a creer en el Señor Jesús como su único Señor y Salvador. Cristo nos ha sellado con su santo Espíritu, nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y nos guarda para recibir la vida eterna.

c. Tener una fe inquebrantable; la incredulidad y la duda es un pecado que destruye la fe en el corazón del hombre, muchas veces cuando no se halla prontamente la respuesta a nuestras oraciones, la fe comienza a quebrantarse y debilitarse, dejamos de orar, dejamos de creer, y es así que grandes proyectos se abortan o quedan en la mitad del camino sin concluir, simplemente por no saber perseverar en nuestras oraciones y seguir creyendo en las promesas que Dios nos ha dado.

CONCLUSIÓN:

Las respuestas de Jesús a nuestras oraciones no siempre son inmediatas, sino que a veces Jesús se toma un tiempo para responderlas para probar nuestra fe en El. Hebreos 11:6 “…Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan…”

Debemos reconocernos como hijos de Dios herederos de todas sus promesas, debemos tomar el lugar que Cristo nos ha dado, y apropiarnos de todas las bendiciones que están preparada para nosotros, NO estamos destinados a comer migajas debajo de la mesa como si fuéramos perrillos, sino que somos invitados a la fiesta, al banquete celestial, Cristo lo ha preparado para nosotros.

Hoy es el día de celebrar la fiesta porque la mesa esta lista comamos y bebamos; comamos la palabra de Dios que nos revelará al Padre y al Hijo obedeciendo sus mandamientos y estatutos, en ella encontraremos el camino, la verdad y la vida y bebamos de su santo Espíritu que nos santifica, nos da autoridad, poder y vida eterna.

La mesa celestial está preparada, todas las riquezas son para todos sus hijos, acerquémonos con temor reverente, humildad y fe y disfrutemos de sus riquezas.

© Eduardo Licett. Todos los derechos reservados.

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