Inicio / Mensajes Cristianos / Hermanos para la muerte

Hermanos para la muerte

Mensajes Cristianos… Predicas Cristianas

La historia de Abraham cuenta que salió de su tierra y de su parentela cuando Dios se le presentó y le prometió bendecirlo (Génesis 12:1–13).

Entre esas promesas se hallaba la de tener un hijo con su amada esposa Sara, pero cuando al pasar de los años, dicho hijo no llegaba y la esterilidad hacía mella en la fortaleza de la fe de ambos, los dos cedieron ante la idea de alquilar un vientre (por aquel entonces, no existía la inseminación artificial así que la práctica se basaba literalmente, en prestarle el marido a la sirvienta para que concibiera de ella y luego cuando el niño naciera en las piernas de la señora, ésta lo adoptaría como propio); mas cuando el niño Ismael nació, los brazos de Sara la esposa, seguían vacíos, y ahora la esclava, recibía favores de parte del señor de la casa por causa del hijo que le había dado. Suena cruel pero lógico.

Ahora bien, quien todavía seguía recordando la promesa de Dios para con Abraham de convertirlo en una nación tan grande que su descendencia no podría ser contada, era precisamente Dios (el que hizo la promesa), y aun cuando Sara ya había entrado en la menopausia, Dios le concedió la dicha de tener su propio hijo Isaac, en plena vejez.

A nosotros se nos puede olvidar lo que Dios nos dice, pero eso no significa que a Dios también se le olvide su propia palabra, en especial cuando se trata de bendiciones.

Anuncios

Por un breve período de tiempo, Isaac e Ismael convivieron bajo el mismo techo, se sentaron a la misma mesa y claro está, compartían al mismo padre. Pero el tiempo de su separación llegó.

Si Ismael el mayor, fue noble o tierno con su hermanito menor, no lo sé, no lo vi, yo no estuve ahí. Sólo me guío por lo que dice la Biblia acerca de que Ismael se burlaba de Isaac (Génesis 21:9), y Sara le pidió a su esposo que despachara a Ismael junto con su madre Agar fuera del campamento en que vivían y así no heredarían juntos ambos hermanos.

Aunque la biblia dice que habría un tiempo en que ya no se estilaría el dicho: “los padres se comieron las uvas y los hijos recibirían la dentera”, o lo que es lo mismo “la culpa de los padres la pagarían los hijos”, ciertamente fue posterior a estos eventos.

Nadie le dijo a Sara que le sugiriera a su esposo acostarse con la sirvienta, ni tampoco nadie le dijo a Abraham que justo en esta ocasión le hiciera caso a la esposa. O que Agar se creyera con ínfulas de la patrona si en realidad no lo era.

Estos tres personajes tomaron decisiones erróneas basadas en su falta de fe y conocimiento hacia Dios. Si él prometió algo, no existe poder humano sobre la tierra, ni sobrenatural que le impida cumplirlo. Pero la paciencia no se volvió la virtud de ninguno de ellos y hoy todavía sufrimos los resultados, seamos o no judíos.

Abraham es conocido como el padre de la fe y parece contradictorio teniendo en cuenta el evento recién relatado, pero le explicaré el por qué. Se dice que Abraham creyó a esperanza contra esperanza (Romanos 4:18), el término se usa para indicar que creyó a algo superior que la esperanza misma que albergaba inicialmente.

Abraham, Sara y Agar apoyaron como esperanza lo que tuvieron delante, lo palpable, lo orgánico y biológico. Abraham y Sara querían un hijo, el deseo más común de cualquier pareja sobre la faz de la tierra, ¿qué podría impedirles obtener esa dicha?

Anuncios

Ah, sí claro, Sara era estéril. Agar se sentía guapa y apoyada por causa del hijo que le dio a su patrón, ¿qué le arrebataría sus beneficios? Por supuesto, Sara era la esposa y la señora, y Agar según la ley, seguía siendo la esclava.

Entonces, ¿el problema era Sara? No. El problema fue no creerle a Dios y esperar en él. ¿Cuántas malas decisiones no se toman en nombre del desespero y la falta de paciencia? Muchas, y la culpa no es de Dios sino del que toma la decisión. A Adán y Eva se les dijo que no comieran del árbol de la vida, sin embargo, lo hicieron y todos (no solamente ellos), pagamos el precio de ese error.

Si un padre le dice a su hijo: “Espérame aquí para que podamos cruzar la calle juntos”, pero cuando el padre se aparta, el hijo se impacienta al no ver a su padre y corre apresurado a cruzar sin mirar para los lados. Ocurre el accidente. El padre regresa y lo que encuentra es una desgracia.

Todos buscan un culpable como forma de resolver el problema que tienen entre manos y desahogar el dolor, pero, ¿no se habrían ahorrado todo el llanto y el mal momento si tan sólo el niño hubiese sido paciente en primer lugar? Incluso la fe requiere de obediencia.

Agar e Ismael caminaron errantes por el desierto hasta caer rendidos por el sol, el hambre y la deshidratación. Agar se separó de Ismael como a un tiro de piedra para no verlo morir y justo cuando esperaba lo peor, se le apareció Dios y le dijo que había escuchado el lamento del joven y les proveyó de comida, agua y algo  aún mejor, una promesa. (Génesis 21: 15–21)

La mujer que fue esclava y el hijo del amo echado de la casa de su padre tenían ahora el amparo del Altísimo, no tenían que depender de los beneficios terrenales provenientes del linaje de Ismael. Esta promesa hecha por Dios para él y su descendencia no tenía por qué depender de nadie, más que de Dios, y ya se ha dicho que él siempre cumple sus promesas.

Anuncios

Esto fue lo que Agar entendió en su momento y lo que Abraham también comprendió cuando Isaac, el hijo prometido nació, que la esperanza está puesta en Dios porque él mismo es la esperanza. Nunca muere y siempre llega cuando se le necesita. Va contigo a todas partes y no depende ni de tu dinero ni de tu riqueza, o tu belleza, o tu fortaleza física.

La esperanza se cumple porque hay quien se mantiene para vivirla.

Isaac nació como resultado de una promesa. Lo insólito e imposible había ocurrido. Una mujer estéril daba a luz un hijo en su vejez. Dios cumplió su promesa.

Ismael recibió promesa de Dios en el desierto a punto de morir. Fíjese bien, que no la recibió de Abraham, su padre  biológico, sino de Dios mismo.

Ahora, cada hijo por su lado, tenía una promesa divina. Cada uno dependía de Dios para ver realizado su deseo y sus sueños. Aunque ambos fueron hijos de Abraham, su herencia dependía de Dios, no de ningún hombre, pues Abraham mismo, consiguió todo lo que tuvo y se convirtió en uno de los hombres más ricos de oriente, por la mano poderosa de Dios, no por sí sólo.

Por lo tanto, ¿Por qué durante generaciones y generaciones, descendientes todas de cada hijo de Abraham, pelean por la herencia de un padre terrenal al punto mismo de matarse entre ellas y arrastrar sin ningún tipo de contemplación todo lo que encuentran a su paso?

Cuando las tribus de Israel fueron repartidas en su nueva tierra, luego de salir de Egipto, y después de haber vagado por el desierto durante 40 años, entrando así a Canaán (la tierra prometida), la tribu de Leví (la de los sacerdotes) tuvo una distribución diferente en cuanto al parcelaje en el cual les correspondería vivir. Dios dijo de ellos: “…de la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte. Yo soy tu parte y tu heredad en medio de las tribus de Israel”. (Génesis 18: 20)

La esperanza en Dios no consiste en recibir una determinada propiedad o bien material, sino en que Él mismo cumplirá lo que prometió. Convirtiéndose, de esta manera, en nuestra propia herencia. Sin fecha de vencimiento, personal e intransferible. Porque lo que Dios ha determinado para ti y para mí, no es lo mismo que tiene preparado para todos los demás.

En tal sentido, resulta doloroso mirar las imágenes en la televisión y la prensa de cómo estos hermanos de padre (palestinos y judíos) se matan entre sí. Estos hermanos tienen de Dios promesa y si por algo debiesen de luchar, sería por ver cumplida esa promesa, no por tratar de arrebatarse el uno al otro, la herencia de un padre terrenal, muerto hace ya unos cuantos milenios atrás.

Abraham murió y ya no podía heredar más que lo que dio a Isaac, pero Dios sigue vivo y sus promesas no caducan. Esas son las promesas que valen. Esas son las promesas por las que vale la pena luchar, y ninguna de ellas amerita, quitarle la vida a otro ser humano.

“La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10: 22)

Ismael aún tienes tu promesa en Dios. Israel aún tienes tu promesa de parte de Dios. Hermanos, Dios es su herencia.

Dios les bendiga.

Redactado por: Emily Sánchez.

© Predicas Biblicas. Todos los derechos reservados.

Acerca de Predicas Biblicas

Predicas Biblicas. Portal cristiano dedicado a evangelizar a las naciones a través de predicas cristianas, estudios biblicos, y mensajes cristianos. Para incluir tu material en nuestro portal, crea una cuenta, ingresa a ella, y comienza publicar sermones cristianos, bosquejos para predicar, y cualquier otro material cristiano que edifique el Cuerpo de Cristo.

Ver también

Mensajes Cristianos - Enfrentando la Soledad

Enfrentando la Soledad

Mensajes Cristianos - Es posible y ocurre con mucha frecuencia que nos sintamos solos aun estando en medio de una multitud, es en realidad este tipo de soledad la que más afecta al ser humano..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *