Con Cristo a mis espaldas

Mensajes Cristianos… Devocionales Cristianos

El pueblo de Israel se encontraba atorado en medio de un gran predicamento. Tras su salida de Egipto, caminaron por el desierto del Mar Rojo y llegado al lugar de Pi- hahirot, entre Pigdol y el mar hacia Baal – Zefón, fueron perseguidos y alcanzados por el ejército de Faraón.

A los lados, estaban las montañas. De frente, estaba el mar y detrás, a toda velocidad corrían sus enemigos dispuestos a darle alcance y matarlos allí o hacerlos volver a su esclavitud.

Literalmente, se encontraban atrapados. No había salida aparente. ¿Te has encontrado en una situación similar? ¿Te parece que todo a tu alrededor te ha cerrado las puertas y que lo único seguro es el fracaso o la derrota pisándote los talones?

Pues, tengo dos noticias para ti:

La mala, es que tienes razón. Lo que te espera delante es tan gigante que podría devorarte sin dejar un solo rastro de ti y Dios NO va guiando tus pasos en este punto.

La buena, es que Dios va cuidándote la espalda, como un guardián.

Dios sabe qué es lo que viene corriendo detrás de ti sin darte tregua. Sabe perfectamente que no todos tus obstáculos se atraviesan en tu camino. También habrá enemigos que quieran atacarte por la espalda, cuando menos te lo esperes.

El día que despiertes sintiendo que Dios se ha apartado de ti y que a pesar de tus oraciones, tus ayunos y tu búsqueda constante de Su Palabra y sus mandamientos, eres vapuleado una y otra vez por tus adversarios, ten presente a Israel cuando todavía no cruzaba el Mar Rojo.

Israel se quedó sin su guía por toda una noche. El ángel de Dios se apartó de ellos al igual que la columna de nube que los había acompañado desde su salida de Egipto.

Aparentemente, todo estaba perdido.

¿Qué más se podría pensar cuando el ángel de Dios se aparta de delante de ti justo en el momento de la prueba?

Pues, que tu protector ahora es tu guardaespaldas. Porque cuando el ángel de Dios se apartó de Israel no lo hizo para alejarse de ellos, sino para protegerlos de quienes venían detrás de ellos.

Tanto el ángel como la columna se convirtieron en un escudo de protección impenetrable que mantuvieron al ejército de Faraón separado de Israel durante toda una noche. Más insólito aún, resultó que esa misma separación se convirtió en oscuridad y tinieblas para los egipcios pero luz, para los israelitas al mismo tiempo.

Para Dios no hay nada imposible. Eso ya lo hemos oído muchas veces, pero ¡cuán necesario se vuelve saber que NO estamos solos!

Cuando Dios no nos guía en la vanguardia nos cuida en la retaguardia. Su poder lo alcanza todo y no se limita a una sola acción, una sola vez y de una sola forma. La protección de Dios es multiforme.

Como humanos tenemos un ángulo de visión y sólo miramos en una dirección a la vez, mientras que Dios tiene una visión de 360° que lo abarca todo, sin dejar nada por fuera.

Ciertamente, es sobrecogedora la imagen que se tiene del mundo que se abre frente a nosotros cuando Dios se aparta de delante de nosotros. De pronto, las dimensiones de las cosas se vuelven más grandes y complejas (o quizás sea que como Dios siempre estuvo delante para guiarnos, nunca vimos su tamaño real o cuán fieras podían ser), y el temor nos invade como invadió a Israel al verse atrapado frente al mar y sin salida.

Sin embargo, dos cosas maravillosas están sucediendo en ese momento:

1) Dios ahora nos cuida las espaldas y,

2) Estamos a punto de ser testigos y protagonistas de un evento sobrenatural que ocurrirá justo frente a nuestros ojos.

Porque si detrás de nosotros, Dios está generando maravillas al protegernos de quienes quieren acabarnos, delante está creando un milagro que nos incluye a ti y a mí para demostrar Su poder y Su amor por nosotros.

Este no es el momento de desanimarse ni agachar la cabeza en señal de derrota porque lo ves todo perdido sino el tiempo de levantar la cabeza y marchar. Dirígete hacia adelante, aunque te parezca una locura, porque precisamente allí es donde encontrarás redención. Es justo en ese abismo, donde verás la poderosa mano de Dios en acción.

¿Qué esperas? Aún no te des por vencido. Lo mejor de este camino está por suceder.

Dios te bendiga.

Redactado por: Emily Sánchez.

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