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Practica lo que predicas

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Uno de los grandes estorbos que he encontrado en el camino de ganar un alma para Cristo ha sido la Decepción, pero no vaya usted a pensar que se trata de la mía por no conquistar esa victoria de ver a un pecador llegar arrepentido a los pies de Cristo. De ninguna manera.

Me refiero a la Decepción que escucho y percibo de esas mismas personas a quienes estoy evangelizando o tan siquiera intentando testificarles las maravillas de Dios y que fueron testigos o víctimas en primera fila del ataque despiadado de “Seudo Cristianos”.

Y usted se preguntará, ¿Quiénes son estos Seudo Cristianos? Bueno, son aquellos impostores del evangelio que tras la cortina de piedad y el nombre de evangélicos destruyen el buen Nombre de Jesús, disminuyen la efectividad y credibilidad en la Palabra de Dios y ensucian la reputación del pueblo del Señor.

El apóstol Pablo conocía muy bien a estos sinvergüenzas y estoy segura que en más de una oportunidad le tocó toparse con alguno o desenredar el desastre que alguno de ellos causó.

En las epístolas a Timoteo lo encontramos dándole indicaciones a su pupilo respecto de éstos personajes vergonzosos. En la primera epístola, capítulo 4 versos 1 al 5, Pablo se refiere a ellos como apóstatas de la fe, que escuchan a espíritus engañadores y espíritus de demonios; también los califica como hipócritas mentirosos que se las ingenian para convencer a otros de leyes, normas y sobretodo prohibiciones que no buscan santificar sus almas sino tan sólo otorgarles dominio y poder sobre los demás.

Respecto a esto me gustaría aclarar, que por escuchar espíritus, Pablo no apuntaba a sesiones espiritistas, donde se fumara el tabaco o se leyeran las cartas del Tarot; él estaba advirtiendo sobre aquellos débiles en la fe que prestan su oído para escuchar las fábulas y las habladurías de quienes en lugar de buscar de Dios, alimentan su carne de chismes y murmuraciones malintencionadas, cuyo autor es Satanás y cuya trama es la de entretejer toda clase de enredos detrás de éstos débiles para que el tropiezo sea mucho más rápido y fácil, tanto para ellos como para los que apenas están por comenzar el camino.

¿Cuántas veces ha escuchado la expresión: “Si ese es cristiano, mejor me quedo como estoy porque, más santo soy yo sin ir a la iglesia que ése que se mete la biblia bajo el brazo y hace toda clase de desastres”?

Seguramente muchas, y eso es lo triste. Porque como me enseñó un pastor en una ocasión, cuando el ratón se come el queso, la gente NO dice: El ratón se comió el queso, sino, los ratones se comieron el queso.

Tenga esto bien presente, nuestras acciones hablan por nosotros mucho más de lo que lo pueden hacer nuestras palabras. En el camino de Dios, estamos llamados para ser Luz al Mundo, y siendo que este mundo se halla en oscuridad, nos volvemos por causa de Cristo extraordinariamente visibles. Cada uno de nuestros movimientos está siendo vigilado por Dios y sus ángeles, por Satanás y sus ángeles y por cada persona que nos rodea, ya sea que la conozcamos o no.

Estos apóstatas de la fe tienen su vista puesta en lo terrenal, no reaccionan conforme a los frutos del Espíritu porque no buscan ese alimento que viene del cielo sino que se dejan entremeter en asuntos carnales que para nada aprovechan, excepto para lastimar y provocar la caída de su hermano.

En la segunda epístola de Pablo a Timoteo, le exhorta con más detalle acerca de cuál debe ser la conducta y el carácter de un obrero aprobado por Dios. En el capítulo 3 versos 1 al 5 nuevamente, Pablo describe las características de éstos Seudo Cristianos y qué hacer con ellos:

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.”

Aquí es donde quería llegar. Fíjese que dice tendrán apariencia de piedad; esto significa que este tipo de personas puede perfectamente infiltrarse en nuestras iglesias y engañar a algunos (sino que a todos), convenciéndoles de su buena fe, honestidad, rectitud y transparencia pero son en realidad lobos rapaces que se disfrazaron de ovejas para engañar al rebaño y conducirlos al matadero.

Satanás se sirve de estas personas porque son cascarones vacíos que realmente no se han dejado llenar por el poder del Espíritu Santo de Dios en sus vidas, y acaban por convertirse en marionetas para lograr sus malévolos planes en contra del pueblo de Dios y de las almas que necesitan la salvación.

En más de una oportunidad me he topado lamentablemente con personas que tuvieron la desgracia de cruzarse en el camino con estos apóstatas. Escucho la decepción, y también el enojo en sus voces. Me dicen a veces, llenos de profunda indignación, que no quieren saber nada del evangelio, nada de la iglesia y nada de los cristianos.

Admito que me duele escucharlos porque soy hija de Dios y lo que ellos dicen no sólo me afecta a mí como miembro del cuerpo de Cristo, sino porque el receptor final de todos esos insultos, termina siendo Dios.

Hace ya algún tiempo, tuvimos un joven en la iglesia que recién se había convertido con su familia y tenía poco comenzar a caminar en el evangelio. Como muchos jóvenes de su edad, se enamoró de una joven de la iglesia. Por un tiempo, aquella relación daba la apariencia de marchar viento en popa y hasta se escuchó que estaban por comprometerse. Pero luego, todo cambió. De la noche a la mañana, la chica se apartó de la iglesia y reapareció meses después, soltera y embarazada de alguien más. El chico por su parte, siguió en la iglesia y comencé a inquietarme con él porque algo me decía que esta relación que no tuvo un final feliz podría costarle su vida espiritual y su salvación. Así que, le escribí un día y le dije lo siguiente:

“No creas que por estar en la iglesia, todos los que nos hallamos en ella somos perfectos. Te puedo garantizar que tarde o temprano, cada uno de nosotros cometerá un error y lo peor que puedes hacer es ponernos en un altar, porque cuando nos equivoquemos y sin querer te lastimemos, vamos a caer de allí haciéndonos pedazos y tú serías arrastrado junto con nosotros. Cuando llegaste a la iglesia pudo ser porque te invitaron, pero si elegiste vivir para Dios fue tu elección y no la de nadie más. Hasta tanto, Dios no te falle a ti, tú no tienes por qué fallarle a él. Dentro de la iglesia, tu mirada debe estar puesta en Dios, no en ninguna persona. Apoya todo cuanto puedas, solidarízate con tu hermano o hermana en el momento de la prueba, pero no abandones a Dios por la decepción que un tercero te causó, porque él sigue siendo fiel y verdadero. Él no te ha traicionado, ni mentido, ni burlado, ni abandonado.”

Este joven me contestó que nadie le había hablado así, y le creo. Sé que a veces, pensamos que podemos ser más santos que Dios cuando desestimamos las malas obras de los Seudo cristianos porque pensamos que les estamos haciendo un bien al retenerlos con nosotros sin llamarles la atención siquiera, pero ya Pablo lo escribió, a estas personas debemos evitarlas.

La biblia dice que por sus frutos los conoceréis (Mateo 7:15 – 20), si la tal persona habla de santidad, amor y paz, pero peca deliberadamente, infunde rencor y alienta la contienda, la tal persona es una mentirosa de la cual es necesario alejarse a toda velocidad.

No digo que quienes predican la paz y la santidad son en realidad unos hipócritas, porque no es cierto, hay hijos de Dios legítimos que hemos entendido que servirle a Dios no es de balde, y que somos sus embajadores en la tierra, los responsables de reflejar al mundo Su Amor. Pero la mejor forma de descubrir a estos Seudo Cristianos es observando sus obras.

Dicen por allí que el tiempo y Dios dan la razón a quien la tiene. No se desanime cuando predicando el evangelio se tope con personas que han sido burladas por engañadores y no encuentra la manera de predicarles a Cristo porque ante todo su propia reputación está en entredicho. Tenga paciencia y ejercítese en la piedad (1 Timoteo 6:3-10), porque para que esa persona y cualquier otra en su misma condición puedan ver el amor de Dios, primero deben verlo manifestado en usted. Sus acciones ganarán esa alma para Cristo, y luego él se encargará de enseñarles a ellos a discernir los espíritus, a diferenciar los que son de él y los que no.

Dios no necesita defensa pero sí embajadores reales, por lo tanto, asegúrese como buen hijo de Dios de practicar lo que predica. No destruya con los pies lo que ya Cristo construyó para usted y para mí en la cruz.

Dios le bendiga.

Redactado por: Emily Sanchez

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