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Tu problema no es motivo de aflicción

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Como la falta de actividad engendra la tristeza, y como la tristeza ahoga el alma; así también la constante actividad genera la alegría, y ésta, reverdece el alma y saca de lo más profundo de ella raíces amargas para encontrar gozo y sanidad.

Algunas personas con defectos físicos muy marcados, se entristecen mucho al ver que en ciertas áreas no pueden ser como los demás, sin embargo, no se han detenido a buscar, en cuáles otras, Dios le ha bendecido.

El caso de mi tía Niñita es muy peculiar. Ella desde joven ha padecido de sordera y con mucho trabajo logra escuchar y descifrar lo que se le habla. No obstante, nunca se sintió deprimida por su limitación y en vez manifestarse como alguien aburrido, es muy alegre y de carácter bromista y simpático y cuando su audición no le responde debidamente, ella convierte la situación en una agradable broma y sin que se siente afligida, y es esto, precisamente, lo que hace que siempre esté rodeada de cordiales simpatizantes.

Recuerdo, en una ocasión, que como su esposo trabajaba la tierra y algo vendía de lo que cosechaba, la policía se presentó a su casa en ausencia de él exigiéndole por una licencia para vender. Uno, el más insolente se dirigió a ella y le dijo autoritariamente: -¿Dónde está ese con cabeza de elefante? – a lo que ella sin inmutarse respondió –Le agradezco su galantería, porque cierto es que mi esposo es muy elegante.

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Entonces el hombre, un poco más irritado: -Quise decir, ¿qué vende ese con cabeza de renacuajo?

-Las más lindas cabezas de ajo. –respondió.

-¿Pero sin licencia?

-Naturalmente – responde ella –no es bueno que halemos en su ausencia.

-¡Señora! ¿Es usted sorda o se pasa por bromista?

-Si usted me ve algo gorda, es por eso, por lo que mi esposo cosecha allá, cerca de la pista.

-Parece que no se ha dado cuenta que está hablando con Panchito y René, ambos de la policía.

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-No tengo, no podría brindarle un buchito de café, ni siquiera en poesía.

René miró atónito a Panchito, ambos se encogieron de hombros y finalmente el primero es quien habla: -Mejor que nos vayamos de aquí. –Y a esto Niñita respondió: -Cómo no, eso sí tengo, si se esperan les vendo, un cucuruchito de maní.

Los dos hombres se retiraron sin despedirse,

Y tras una ventana asomaba su cabezón,

Bien oculto en casa el bueno de Felipón,

Escuchando a su esposa, no dejaba de reírse.

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No siempre para broma, las cosas de mi tía eran. Algunas veces su sordera, en gran manera, le traicionaba; pero ella con su buen humor sabía salirse. Así fue, por ejemplo, cuando Monguito venía muy abrumado del hospital, porque su mamá estaba grave. Niñita esperaba que cuando ella le preguntare por la madre, Monguito, como la mayoría de las personas que albergan esperanza, le dijera que dentro de la gravedad estaba algo mejor; sin valorar, que Monguito era muy parco en sus contestaciones y siempre respondía al pan, pan y al vino, vino. Pues bien, mi tía le salió al paso y le preguntó: -¿Cómo sigue tu mamá, Monguito? – A lo que éste respondió: -Muy mal Niñita, creo que no se salva.

Entonces ella: -¡Ay, cuánto me alegro!

_¿Pero qué está usted diciendo Niñita?

Y ella: -Sí, comprendo, está muy viejita.

Monguito, luego de comprender lo de su sordera, movió negativamente su cabeza y continuó su camino.

Un defecto físico o la insuficiencia de uno de los sentidos, no debe ser motivo de aflicción. En Dios puedes encontrar la manera de tener un corazón alegre y la capacidad para desarrollar otras actividades colaterales. Las aflicciones vendrán, son reales; pero permanecer en ellas, nos hace los días difíciles. Todos los días del afligido son difíciles; mas el corazón contento tiene un banquete continuo. Proverbios 15:15.

Por otra parte las bromas y los dichos, cuando se hacen con la mejor intención, nos alegran y sanan el alma afligida. Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos. Proverbios 16:24.

De manera que en la vida del creyente, la tristeza y la aflicción pueden comenzar y molestar; pero nunca permitamos que consigan su fin.

© Antonio J. Fernandez. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Antonio J. Fernández

Mi nombre es Antonio Fernández, soy profesor universitario de matemática, y hace más de 20 años que sirvo al Señor. Mi esposa y yo asumimos el compromiso de serle fiel cada día de nuestras vidas, y de predicar Su palabra para cumplir con la misión que Él nos entrego.

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