Mensajes Cristianos
Muchos son los cristianos que se hacen estas preguntas, al no ver concretadas las promesas del Padre: ¿Hasta cuándo tengo que esperar?, ¿Cuándo se cumplirá el tiempo para que se concrete la promesa?, ¿Será verdad lo que Dios me prometió?, ¿Ya estoy dudando de lo que Dios me hablo?, Etc.
El enemigo tiene un arma poderosa para arrebatar las promesas de Dios del corazón de los creyentes, y es llenar el corazón de dudas e incredulidad, “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a las ondas del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quién tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” Santiago 1:6-7.
Si creemos que Dios es real, justo, fiel y verdadero, dígame: ¿Cómo podemos entonces poner en duda sus promesas?; si dudamos es porque aún todavía no le conocemos, por esto, en este mensaje vamos a conocer un poco más de nuestro Dios de pacto y promesas.
Leamos la palabra: Números 23:19 “Dios no es hombre, para que mienta. Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?“.
Cuando Dios nos habla y revela su voluntad es para que le creamos y esperemos en el cumplimiento de la promesa, debiendo tener en cuenta que el tiempo y la forma de obrar para llevar a cabo su promesa le pertenece solo a Dios, “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” . Eclesiastés 3:1.
El tiempo y las circunstancias son algunos de los mayores motivos que el enemigo usa para desviarnos de las promesas, entonces veamos:.
TIEMPO: El tiempo del cumplimiento de la espera de las promesas de Dios es uno de los obstáculos que el hombre tiene en contra en el proceso de la espera, en el mundo se dice que: “El que espera, desespera”, y este dicho permite en muchos de sus hijos que se haga realidad también en sus vidas, entonces comienzan a desesperar, comienzan a tomar el problema en sus manos, toman decisiones apresuradas, comienzan a desviarse del propósito de Dios para sus vidas herrando el camino, andando en desobediencia y rebeldía, y así van retrasando aún más las promesas de Dios si es que ellos mismos no se encargan de destruirlas por su propia incredulidad al rechazar la promesa dada por Dios.
Podemos ver un ejemplo claro en las sagradas escrituras: Dios prometió un hijo a Abram, heredero de la promesa, pero en la espera, Sarai tomó una mala decisión, Génesis 1:1-6; Sarai mujer de Abram al no poder darle hijos, le entregó a su sierva egipcia Agar para engendrar hijos de Abram quién concibió y dio a luz, Génesis 16:1-4; Sara no esperó en el tiempo de la promesa, sino que se apresuró entregando a su esclava para darle prole a su esposo, pero aún así Dios no faltó a la promesa en la vida de Abram.
Las promesas de Dios no faltan a sus hijos porque el que promete es fiel para cumplirlas, “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aún fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quién lo había prometido” Hebreos 11:11.
Así como en el ejemplo dado, vemos muchos creyentes andando equivocados en el propósito de Dios para sus vidas y que comienzan a andar en sus propios caminos, en sus propios deseos, haciendo y ejerciendo la voluntad de la carne y no la del Espíritu; cuantos dolores, sufrimientos, lagrimas y fracasos se ahorrarían los hijos de Dios si aprendieran a esperar en sus promesas, Dios es siempre fiel, todo lo que Él promete hace, y quién lo impedirá, “…Lo que hago Yo. ¿Quién lo estorbará?” Isaías 43:13.
CIRCUNSTANCIAS: Los hijos de Dios debemos vivir por fe, Habacuc 2:4, no mirando con nuestros ojos naturales sino con nuestros ojos espirituales de la fe.
Las circunstancias adversas son las que el enemigo usa para debilitar nuestra fe, haciendo mirar como imposibles las promesas de Dios para nuestras vidas; como verdaderos hijos de Dios, las adversidades, los problemas, o las circunstancias no nos pueden mover de nuestra esperanza en las promesas de Dios, Romanos 4:18-21.
El creyente tiene libre albedrío, es por esto que tenemos capacidad de elegir libremente en tomar una u otra opción al respecto: Mirar con nuestros ojos naturales o mirar con los ojos espirituales.
Al escoger observamos que si miramos con los ojos naturales vemos muy lejos las promesas de Dios, vemos las circunstancias adversas que no hacen creer que es imposible que la promesa de Dios se cumpla en nuestras vidas, vemos la montaña que obstaculiza la visión, vemos los gigantes superiores al poder de Dios, y como consecuencia terminaríamos dejando de lado sus promesas, perdiendo por completo la fe en Él y herrando el camino de bendición.
La otra opción es mirar con los ojos espirituales de la fe; un ejemplo de fe es el de Abraham, padre de la fe, quién no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo desgastado y su edad avanzada al ser casi de cien años, o la esterilidad de Sara.
Abraham, nunca dudó de la promesa de Dios sino que se fortaleció en ella convencido que Dios era poderoso para cumplir lo que Él le había prometido, “Porque todas las promesas de Dios, son en él, Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” 2 Corintios 1:20.
Mirar con los ojos espirituales de la fe es esperar en Dios sin desesperar, es dejar de mirar los obstáculos y adversidades para soñar con la promesa, es allanar y preparar el camino para apresurar su palabra, es tener la convicción que ya la promesa es nuestra, es aferrarla en nuestro corazón y adueñarnos de ella:
“Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1.
Como hijos de Dios debemos creerle, debemos vivir y actuar en fe; si decimos que Dios es fiel y verdadero, ¿Quién podrá estorbar lo que Él dijo y lo que ha establecido?, ¿Qué gigante, que obstáculo, circunstancia o impedimento tan grande podrá existir para que Dios no pueda cumplir con lo que él ha prometido?
Lucas 1:37, ¿Habrá algo imposible para Dios?; Dios envió su palabra y su palabra se cumplió, “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” Isaías 55:10-11.
Como dijimos, Dios no miente, lo que Él promete lo cumple, lo que Él habla lo ejecuta, lo que Él dice lo hace pues Él es fiel y verdadero.
En Dios estamos seguros, Él no nos defrauda ni avergüenza, ya que para Dios no existen los obstáculos como no deberían existir para nosotros que le amamos, que le creemos, obedecemos y esperamos confiados en sus promesas; solo debemos cuidar las promesas de Dios para que ningún poder humano o del enemigo anule o destruya las promesas que Dios ha hablado a nuestro corazón.
Que la bendición del Dios Altísimo, sea derramada en cada corazón de sus hijos.
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