Mensajes Cristianos
Mensajes Cristianos Texto bíblico: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición.” (1 Timoteo 6:9)
No debemos ser esclavos del dinero
La tentación de poner al dinero en el primer lugar de nuestras vidas es muy grande. Vemos que el mundo entero gira en torno a él, y que los más grandes crímenes se cometen por poseerlo.
Esto es porque la codicia es un pecado muy terrible, que incluso nos hace abandonar las creencias y convicciones morales. Cuando el deseo de dinero es desmedido, nos olvidamos que lo material es pasajero, y que la vida eterna no se gana con él. (Eclesiastés 5:10).
Vemos en el desastre que está ocurriendo mundialmente que el dinero no logra todo lo que queremos. Hoy en día, están enfermas personas que poseen muchos bienes y no pueden comprar la salud con ellos. Y a la vez hay personas muy pobres que poseen el bien más preciado que es la salud.
Esto nos tiene que enseñar que la avaricia y la codicia no llevan al hombre a ninguna parte. Al contrario, pueden llegar a ser la causa de su perdición eterna. Si tenemos bienes, es para usarlos en la ayuda al prójimo y de esa manera ganar bienes en el cielo.
Si poseemos riquezas, es porque Dios permitió que prosperemos. Tenemos que vigilar nuestro corazón, para no darle al dinero un lugar que no le corresponde. Dios tiene que ser lo primero en nuestra vida, y los hermanos por los que derramó su sangre tienen que ser nuestra preocupación (Proverbios 3:9).
La alegría verdadera la dan los bienes espirituales
El afán de riquezas no trae sosiego a nuestra alma. Al contrario, lo que sobreviene con la avaricia es la intranquilidad y un deseo que siempre estará vacío, porque siempre querremos más.
El hombre que se abandona a la avaricia no será capaz de tener una verdadera alegría. Porque la alegría verdadera está unida a la paz, y la paz no puede estar unida al deseo desmedido (Proverbios 10:22).
Lo único que nos da tranquilidad es la conciencia limpia. Si seguimos la inspiración del Espíritu Santo que nos impulsa a ser mejores hijos de Dios, tendremos la paz interior. Esta conciencia se logra también haciendo el bien al prójimo que lo necesita. Como las circunstancias actuales son muy difíciles, tenemos muchas oportunidades de ejercitarnos en el bien.
Si miramos a nuestro alrededor, veremos cuántos hermanos están necesitando de nuestro auxilio. Por pequeña que sea, la ayuda que prestemos con nuestros bienes materiales se multiplicará en bienes espirituales que son infinitamente más valiosos. Al publicano Zaqueo, que había desperdiciado su vida acumulando bienes, le valió la salvación de su alma (Lucas 19:1-10).
Debemos ser indiferentes a la riqueza y a la pobreza
Al creyente, le da lo mismo la abundancia o la pobreza. Porque el centro de su vida es Dios, y está seguro de que Él no permitirá que le falte lo necesario. Pero debemos ejercitarnos en esta indiferencia, ya que nuestra tendencia es a buscar la seguridad de los bienes materiales.
Si tenemos una familia a nuestro cargo, no podemos dejar de lado la preocupación porque no les falte lo indispensable. Sin embargo, también tenemos que aceptar cuando las cosas no salen como desearíamos, aunque pongamos nuestro esfuerzo. Lo que nunca debemos dejar de hacer es trabajar, porque el Señor quiere que tengamos la dignidad a través del trabajo.
El apóstol Pablo nos da ejemplo de esta indiferencia, que no por eso rechaza el trabajar. Dios no quiere que seamos vagos, sino que quiere que trabajemos dándole gloria y haciendo las cosas como si fueran para Él. De esta manera, lo haremos con excelencia y sabiendo que lo que nos mueve no es el amor al dinero sino a Dios (Filipenses 4:12).
Conclusión
El dinero puede apoderarse de nosotros. Si no sabemos ponerle un límite al deseo de poseer, podemos terminar siendo esclavos de los bienes materiales. De a poco y sin darnos cuenta, el centro de nuestra vida es tener cada vez más y más sin importar la manera de conseguirlo.
De este modo, estaremos cada vez más lejos de Dios. Porque no se puede amar a Dios y al dinero. Tenemos que optar por buscar los bienes espirituales en primer lugar, o vivir subyugados a la esclavitud del dinero. Necesariamente amaremos a uno y aborreceremos a otro (Mateo 6:24).
Debemos aprovechar los bienes que nos ha entregado Dios para ponerlos al servicio del prójimo, especialmente en estos momentos de tanta dificultad.






