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Mensajes Cristianos Mensaje de Hoy: El sacrificio de Cristo nos ganó la salvación
Mensaje Cristiano Texto Biblico: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” (Efesios 5:2)
Debemos imitar el amor de Cristo
La muestra más grande de amor la tenemos el sacrificio de Cristo por nuestra salvación. No existe mayor amor que el de Dios que se hace hombre para limpiarnos de nuestras culpas. Y si nosotros nos llamamos cristianos, es porque somos seguidores suyos. Por lo tanto, debemos imitar este amor y replicarlo en nuestra vida.
Pero nosotros no lavaremos las culpas de los demás. Ni siquiera podemos lavar las nuestras. Sólo Dios tiene el poder de perdonar. Pero mediante el sacrificio, podemos unirnos al sacrificio redentor de Jesús. Y de este modo ofrecer algo por la purificación de nuestros pecados y los del mundo entero.
Para hacer esto debemos meditar mucho sobre lo que significa la entrega de Jesús en la cruz. Es un acontecimiento que modificó todo el universo, eliminando la carga del pecado original. Si bien nacemos con este pecado, mediante el bautismo en su nombre es borrada esta mancha. Nosotros tenemos que combatir toda nuestra vida con las consecuencias de la misma. (Romanos 5:6).
Si Cristo murió por nosotros, nuestro deber como hijos de Dios es la gratitud. La conversión es el primer paso en este camino de acción de gracias por la salvación. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados y mudar de vida. Luego, podremos unirnos al sacrificio de Cristo por los pecados de los hombres.
No tenemos que juzgar, porque todos somos pecadores
No estamos exentos de caer en la tentación. Que Dios nos haya llamado a seguirlo, no significa que ya alcanzamos la salvación. En el transcurso de esta vida, deberemos vivir ajustados a las enseñanzas de Cristo. Así podremos esperar que en su misericordia nos conceda la recompensa del paraíso.
Mientras tanto, todos somos pecadores. Y por lo tanto, no podemos gloriarnos de nada, más que del amor de Dios por nosotros. Si somos conscientes de esto, no juzgaremos a nuestro hermano que peca. Sino que intentaremos que vuelva al rebaño, como quisiéramos que lo demás hagan con nosotros. (Mateo 9:13).
Cuando estamos reunidos en la iglesia, puede ser que vengan a nuestra mente pensamientos de soberbia. Mirando al que está al lado o más allá, puede ser que pensemos: “Soy mejor que ellos”. Así pensó el fariseo en el templo, y cuando salió, no estaba justificado de su pecado. (Lucas 18:9-14).
No debemos ser así, sino reflexionar que todos somos pecadores ante Dios. Cristo derramó su sangre por todos, pero principalmente por los pecadores. Reconocernos como tales nos hará crecer en la humildad y adelantar en la vida espiritual. Lo contrario, nos alejará del amor de Dios y nos llenará de soberbia.
Debemos pedir al Espíritu Santo que nos purifique
El sacrificio de Cristo en la cruz es eficaz. Pero su eficacia en cada uno depende de cómo abrimos nuestro corazón al amor de Dios. Y el amor de Dios es el Espíritu Santo que se derrama sobre aquellos que creen y esperan. Vivamos llenos de este Espíritu, y a Él pidámosle la gracia de la conversión del corazón.
Tenemos que invocar desde lo más profundo de nuestra alma al abogado puesto por Dios. Él intercederá por nosotros y nos inspirará lo que tenemos que hacer para ser agradables ante sus ojos. El poder de la sangre de Cristo es infinito, y mediante ella es posible que pecadores como nosotros entren en el cielo. Pero tenemos que confiar y arrepentirnos de las obras de la carne, para empezar a obrar las del Espíritu (1 Juan 1:7).
En la unión con los hermanos encontraremos el apoyo para seguir a Cristo. Porque Él fundó a las iglesias sabiendo que solos no podemos salvarnos. En la comunidad de los bautizados estará el consejo oportuno, la palabra de aliento necesaria. De este modo, como comunidad, nos uniremos al sacrificio de Cristo en la cruz para la salvación del mundo.
Conclusión
El amor de Cristo por los hombres se mostró en su sacrificio en la cruz. Tenemos que imitar este amor entregándonos por los hermanos. Y uniendo nuestro sufrimiento a la cruz de Cristo, mostraremos nuestro arrepentimiento por nuestros pecados.
No debemos juzgar a los demás, porque todos somos pecadores. Tenemos que ver a los demás con humildad y saber que no nos salvamos solos. Es el poder de la sangre de Cristo el que nos lava de los pecados y puede abrirnos las puertas del cielo.
© Renzo Garcia. Todos los derechos reservados.






