Mensajes Cristianos
Mensajes Cristianos Texto Cíblico: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.” (3 Juan 1:2).
Tema: El Señor nos da la salud y nos protege de la enfermedad
En la confianza en Dios hallaremos la salud
Debemos abandonarnos al poder de Dios. Es la única manera de encontrar el consuelo en esta tierra. Porque aquí nos aquejan las consecuencias de nuestra naturaleza herida por el pecado.
La enfermedad no es enviada por Dios. Pero la permite, para que aprendamos la humildad, y confiemos más en Él. Tenemos que buscarlo a Él en primer lugar, y como recompensa obtendremos su protección.
Muchos pueden caer en la desesperación y creer que la situación actual es un abandono de Dios. Lo que está ocurriendo en el mundo no es que hemos dejado de estar en sus manos. Sino que es la consecuencia de la avaricia y el maltrato del hombre hacia la naturaleza.
¿Por qué lo permite Dios? Porque nos hizo libres, y desgraciadamente usamos nuestra libertad para el mal. No interviene en lo que nosotros mismos creamos, pero sí nos da siempre su consuelo y protección si recurrimos a Él (Salmo 147:3).
Todo el dolor que podamos sentir a causa de la enfermedad, puede recibir un alivio e incluso esfumarse totalmente si confiamos en Dios. Pero tenemos que tener fe en que Dios es un Padre amoroso que no castiga a sus hijos, sino que los corrige. Así llegaremos a la salvación, a través de la prueba y la confianza en Dios (Éxodo 15:26).
Por medio de la oración encontraremos el consuelo en la enfermedad
El mundo está pasando por una situación desesperante. La vida humana no fue valorada en su momento y ahora se reconoce que no hay nada más importante. Pero para llegar a este reconocimiento el mundo tuvo que sufrir un desastre.
El creyente debe saber que su fuerza está en la oración sincera. Es el medio que tenemos para llegar a Dios y hablarle de nuestra necesidad. Dios ya sabe lo que necesitamos antes de que se lo digamos, pero el hacerlo permite que crezcamos en la fe.
Si nuestra relación con Dios se fortalece por la enfermedad, quizás a causa de ella obtengamos un bien mayor que el mal que padecemos.
Pero no solamente la relación con Dios crece a través de la oración. En la Palabra de Dios está escrito que el que pide con fe, recibirá lo que pide. Tenemos que creer en la Palabra, que tiene el poder de echar a los demonios y sanar a los enfermos.
Si es voluntad de Dios que sanemos nosotros o las personas por las que pedimos, lo harán. Pero no significa que dejemos de pedir, como si todo estuviere predeterminado por Dios. En la oración encontraremos más riquezas que las que vamos a pedir a través de ella.
Oremos a Dios con la Palabra de Dios
Sobre todo la oración a través de la Palabra divina nos brindará el consuelo y los bienes espirituales que buscamos. Porque en ella está la abundancia de la salvación que Cristo vino a traernos. La alabanza a Dios es lo que nos hará más parecidos a Jesús, que buscaba a su Padre cuando sufría a causa de nuestros pecados (Isaías 53:4).
Es necesario que oremos junto a los hermanos, reunidos por la Palabra. Si no podemos hacerlo físicamente porque no lo aconsejan las circunstancias, oremos unidos espiritualmente. De la alabanza brotará la salvación, y si es voluntad de Dios, también la sanación del cuerpo (Jeremías 17:14).
Si no podemos reunirnos en una iglesia, convirtamos nuestro hogar en una iglesia doméstica. Así Cristo estará en nuestro hogar y nos protegerá de la enfermedad. Tendremos el escudo de Dios que no permitirá que nos hieran las saetas del enemigo. Y alabaremos al Señor recibiendo de Él el consuelo y la alegría.
Conclusión
Tenemos que confiar en Dios, sobre todo en estos momentos tan difíciles. Puede ser la ocasión para crecer en la fe y recibir la salvación que Dios da al creyente.
La enfermedad podrá rodearnos, e incluso herirnos, pero no derrotará el espíritu del cristiano. Confiamos en que Dios es más poderoso que cualquier mal físico, mientras no perdamos la salud espiritual.
Unidos como familia, oremos a Dios con mucha confianza. Quizás sea el momento de mostrar la valentía del que tiene la Palabra de Dios por armadura. No habrá mal que atormente al que vive en la presencia del Señor de los ejércitos (Apocalipsis 21:3-4).
© Pedro Blanco. Todos los derechos reservados.






