Mensajes Cristianos
Mensajes Cristianos.. Lectura de la Biblia: Mateo 6:25-34
Introducción
A lo largo de la historia, y también en nuestros días, podemos hallar varias versiones filosóficas de la vida. Es decir, diversos criterios para hablar de ella y para llevarla adelante.
Como decíamos unos domingos atrás, los desastres que van sucediendo en el mundo, y los continuos brotes de maldad que van apareciendo en estos días y que afectan a todos por igual, pero lo más lamentable es el caso de muchos creyentes que de pronto comienzan a alejarse de la iglesia y terminan dejando al Señor a consecuencia de que las cosas no acontecen como ellos quisieran.
Sabemos que el enemigo es astuto y “como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 1 Pedro 5:8. Y aquellos que dejan que su fe decaiga son presas fáciles pues a esa altura han desviado su mirada del Señor para ponerla en las cosas del mundo, y mirando al mundo como éste lo ve, olvidando que “el mundo entero está bajo el maligno” 1 Juan 5:19 y comenzando la búsqueda de un motivo o razón de su vida desde distintas perspectivas, todas ellas alejadas de la verdad de Cristo.
La perspectiva existencial
En primer lugar vamos a examinar la vida desde lo que podríamos llamar la perspectiva existencial. Este es un término bastante empleado en la actualidad. Está de moda creer en el existencialismo y se le considera lógicamente, como algo nuevo dentro de la amplia gama de las ideas existentes en el mundo.
Pero la realidad es que no se trata de nada nuevo ni mucho menos, sino que por el contrario. Es algo tan antiguo como el pensamiento del hombre. Y dentro de la concepción humana, a este punto de vista lo podríamos llamar fatalismo, porque en el existencialismo hay siempre un elemento fatalista.
Muchos de nosotros no podemos comprender por qué el pensamiento existencialista se ha apoderado con tanta fuerza de las mentes del mundo actual. Pero revisando un poco la historia, encontramos que la popularidad del existencialismo surgió a finales de la II Guerra Mundial, cuando toda Europa quedó en un estado de confusión.
Un estado donde las grandes ciudades estaban en ruinas, y todo aquello en lo que anteriormente los hombres habían puesto su confianza, es decir, el gobierno y la religión tal como la conocían, habían sido impotentes e ineficaces a la hora de impedir la catástrofe y el caos generado por la Guerra Mundial.
Finalizada la guerra, los hombres quedaron con sus esperanzas destruidas respecto de sus creencias.
En medio de semejante caos, donde todo aquello que apuntara a llevar paz a las naciones había fracasado, se preguntaban unos a otros: “¿En qué podemos confiar?” Ciertas respuestas aparecían entonces como bastante obvias, como que no podían confiar en la religión porque a pesar del cúmulo de oraciones no se había logrado nada en cuanto a parar la tiranía de Hitler. Por otro lado, no podían confiar en el gobierno porque es el instrumento de ese poder dictatorial.
Piense Ud un poco, frente a esta situación, ¿en qué podían confiar? Fue allí cuando alguien sugirió que en lo único que se podía confiar era en nuestras propias reacciones frente a la vida al experimentar las diferentes cosas que nos van sucediendo.
¿En qué podemos confiar?
Experimentamos entonces los sentimientos y las reacciones ante los acontecimientos, y aunque es posible que no haya dos de nosotros que tengamos las mismas reacciones, por lo menos la reacción de cada persona es real para ella misma. Siendo así que dijeron: “Lo único en lo que podemos confiar es en nuestra reacción frente a los acontecimientos y la existencia”. Eso es el existencialismo que tanto se habla hoy como si fuera una nueva corriente de pensamiento.
Salomón
Salomón dice de alguna manera: He probado y he descubierto que reaccionó frente a los acontecimientos, que he tenido ciertas experiencias en la vida a las que no he podido escapar, por lo que reconozco que hay: “Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír…” Eclesiastés 3:2-4
Uno mismo se da cuenta de que todos estos hechos reales y por lo cuales nos vemos todos afectados se nos vienen encima. Además, nos damos cuenta de que el hombre tiene el anhelo de hallar algo más profundo, de encontrar un significado a su vida.
El hombre necesita averiguar qué significa la vida, pero como cristianos debemos saber que Dios “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (vers. 11).
Salomón nos esta diciendo que el hombre no puede quedarse satisfecho con sencillas explicaciones superficiales acerca de las cosas.
Sino que tiene un anhelo de búsqueda más profunda que le lleva a ver más adentro de si mismo, porque la eternidad está en su corazón.
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado. Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí, escondí mi rostro y me indigné; y él siguió rebelde por el camino de su corazón” Isaías 57:15-17.
Él se dio cuenta, cómo debemos hacerlo nosotros, de que no podemos escapar a los acontecimientos de la vida y que todos los hombres pasan por ellos. Pero también debemos darnos cuenta de que todos los cuerpos van a parar a un lugar cuando todo ha terminado, y todo se convierte en polvo. De manera que no hay nada mejor para el hombre que alegrarse en sus obras.
“Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?” Eclesiastés 3:22
¿De qué nos sirve perder la esperanza que el Señor nos brinda?
Otra corriente que ha avanzado en el mundo es el capitalismo, y es allí que se destaca la competitividad de la empresa en la vida. Para muchos, oír la palabra “capitalismo” es pensar en una palabra maravillosa que describe el grupo de los que ganan un millón por mes. O a alguien está construyendo su propio imperio y por esto debemos admirarlos, entonces dicen: “El capital es la respuesta para una vida feliz”.
Pero la palabra de Dios siempre termina examinando la vida como verdaderamente es. Y nos dice que el capitalismo no es la respuesta definitiva a las cosas. Quizás sea mejor respuesta que otros enfoques, y esto no es nada nuevo, ya que también Salomón probó este enfoque competición-empresa, y se dio cuenta que produjo injusticias y opresión. Descubriendo que la motivación de esa competencia materialista es el egoísmo del hombre, y que va causando desigualdades aún entre los hermanos. Por lo que, “Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos” Eclesiastés 4:13.
¿De qué sirve el capitalismo, o el tener mucho dinero?
¿De qué sirve llegar a lo alto de la cima social o económica, si un joven que está abajo de todo y que no tiene más que algunas ideas inteligentes puede llegar a colocarse por encima del que está arriba?
Entonces, ¿De qué sirve el capitalismo, o el tener mucho dinero?; mejor nos es recordar a Jesús. “que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis antes, no sólo a hacerlo, sino también a quererlo” 2 Corintios 8:9-10.
La religión
Por último hablemos de la religión. De aquella que reconoce la existencia de Dios e intenta hacer el bien y comportarse rectamente, a pesar de lo cual nos hace ver que no hay ningún valor en ella. Estamos hablando de las personas religiosas que aparentan una excelente relación con Dios, pero que a su vez pueden hacer cosas que no son éticas y pueden oprimir a otros.
Como cristianos debemos saber que no hay poder alguno en el legalismo religioso capaz de impedir el mal, o para cambiar la falta de igualdad que esa misma religiosidad engendra. Por lo tanto, debemos entender que esa clase de religión tampoco funciona. Ya que no es más que vacío interior y vanidad del hombre, que no ha dejado a Cristo crecer en su interior.
Conclusión
Como vemos, siguiendo la línea del existencialismo, materialismo, y la religiosidad, nunca se logra la tan mentada “buena vida” que el mundo anhela. Como cristianos solamente podemos llegar a la conclusión de que a pesar de que el hombre puede tenerlo todo
“Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él. Porque éste en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es cubierto” Eclesiastés 6:3-4.
Si usted lo tiene todo, pero al satisfacerse a sí mismo descubre que sigue habiendo un anhelo, un vacío interior que no puede satisfacer ninguna de estas cosas, es porque Cristo no ha crecido en Ud. Entonces todo viene a ser lo mismo, y lo único que ha logrado es la vanidad de la vida, pero no la buena vida que solamente el Señor le puede brindar.
© Miguel Angel Robles. Todos los derechos reservados.