El Poder de Temer a Jehová en Tiempos Inestables | Mensajes Cristianos
Mensajes Cristianos Lectura principal: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera.” Salmo 112:1
Introducción
Hermana, ¿alguna vez te has preguntado si vale la pena vivir en obediencia cuando el mundo parece premiar lo contrario? En un mundo donde lo malo se celebra y lo justo se ignora, muchas veces surge esa duda: ¿para qué seguir haciendo lo correcto? Tal vez tú te has esforzado por criar a tus hijos en el temor de Dios, has sembrado en oración y fidelidad… pero el resultado no ha llegado. O quizás, como yo en ciertos momentos, has sentido que tu esfuerzo por agradar a Dios pasa desapercibido. Pero el Salmo 112 es un cántico poderoso que nos recuerda que el justo no vive para el aplauso del mundo, sino para la aprobación del cielo.
Este salmo no es una simple promesa; es una descripción profética del alma obediente. Y comienza con una palabra que marca el tono de todo el mensaje: “Bienaventurado”. No es simplemente “feliz”; es bendecido profundamente, en lo interior, en lo eterno. Es el eco del corazón que sabe quién es su Dios.
I. La obediencia no es pérdida, es siembra
“Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera.” Salmo 112:1
El temor de Jehová no es miedo paralizante. Es reverencia, honor, respeto. Es reconocer que Dios no es opcional. Su Palabra no es sugerencia, es vida. Y ese que lo teme —dice la Escritura— se deleita. No obedece por obligación, sino por amor. Y ese deleite produce raíces profundas, frutos que no se marchitan.
El otro día vi en un reportaje de National Geographic (2023) sobre la región del Sahel, en África, donde comunidades que antes vivían en desiertos estériles ahora están cosechando frutos porque aprendieron a plantar árboles con raíces profundas. ¿Cómo resistieron el calor? Porque las raíces iban lo suficientemente hondo para encontrar agua. Así es el justo. No depende del clima social, ni de las noticias. Depende de su Dios.
En Proverbios 10:22 leemos: “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” Es decir, Dios no da para luego quitar, ni bendice para luego hacerte sentir culpable. La obediencia sincera no trae remordimiento, sino legado. Y ese legado no se mide en aplausos, sino en frutos que duran.
II. El justo permanece firme cuando otros caen
“No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová.” Salmo 112:7
Hermana, ¿te ha pasado que un solo mensaje de texto, una llamada, una noticia cambia tu día por completo? Las malas noticias llegan sin pedir permiso. Pero la diferencia entre el justo y el mundo no es la ausencia de pruebas, sino cómo reaccionamos a ellas.
Pablo escribió en 2 Corintios 4:8-9: “Que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos.” La firmeza no viene de la negación, sino de la convicción. No se trata de cerrar los ojos a la realidad, sino de abrirlos a la verdad de Dios.
por ejemplo, en abril del 2022, cuando la guerra en Ucrania alcanzó su punto más crítico, se publicó un testimonio en Christianity Today de una madre cristiana que perdió su casa pero no su fe. Ella dijo: “Todo lo que me quitaron, ya lo había entregado al Señor.” Su corazón estaba firme, confiado en Jehová. Así camina el justo.
III. El legado del justo es eterno
“Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita.” Salmo 112:2
Dios no solo bendice al justo en lo personal, sino también a sus generaciones. A veces pensamos que nuestras decisiones solo nos afectan a nosotras, pero no es así. Cada oración que tú haces, cada sacrificio de obediencia, cada palabra que siembras en tus hijos, construye herencia espiritual.
El salmista lo entendió. Por eso escribió también en Salmo 37:25-26: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición.” ¿Te das cuenta? Tus hijos, y los hijos de tus hijos, serán tocados por tu obediencia.
Y aunque el mundo no lo vea, el cielo lo celebra. El legado espiritual no se mide en cuentas bancarias, sino en corazones redimidos. El justo deja huella, y su nombre es recordado no por fama, sino por fe.
Conclusión
Hermana, tal vez no todo ha salido como tú esperabas. Tal vez la cosecha no ha llegado todavía. Pero quiero recordarte que Dios no se olvida del justo. No se olvida de tu obediencia silenciosa. No se olvida de tus lágrimas en oración. El salmo 112 no es solo poesía; es promesa. Y tú eres parte de esa promesa si temes a Jehová y caminas en su Palabra.
No dejes que las malas noticias te roben la paz. Tu corazón puede estar firme si está confiado en el Señor. Tu legado será poderoso si está arraigado en la obediencia. Como dice el final de este cántico: “El deseo de los impíos perecerá” (vers.10). Pero el justo vivirá para siempre en la memoria de Dios.
Siempre recuerda:
“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes…” Josué 1:9
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