Un hogar construido por Dios

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Prédica de hoy: Un hogar construido por Dios

Predicas Cristianas Lectura Bíblica: Hebreos 3:4

Introducción

La casa en la qué vivimos es uno de los lugares mas importantes qué tenemos. Más allá de paredes y muebles, es nuestra primera instancia de contención. En ella pasamos tiempo de calidad, creamos nuestros sueños y alimentamos tanto cuerpo cómo espíritu.

Es necesario qué hagamos de éste espacio más que un techo ó una cama en dónde dormir. Debemos aprender a construir un hogar qué honre a Dios.

Cuando la casa se convierte en hogar quiere decir qué nos sentimos a salvo en ella. Para qué esto suceda debemos dar paso a la presencia de Dios, con fe en qué él sea nuestro constructor principal de paz.

Una casa en dónde el conflicto es constante y la tristeza parece calcada a su superficie, necesita urgentemente del Padre. Debemos vivir de la manera en qué él nos enseñó, buscando con necesidad su unción. Invitarlo a diseñar nuestro hogar cambia por completo nuestras vidas, pues así aseguramos qué en ella morará siempre la verdad.

I. Un hogar construido por Dios – Hogar cristiano

1. Respetar la ley (Salmos 119:10)

Así como los gobiernos tienen una constitución para poder funcionar, el hogar también debe respetar una ley qué lo dirija. Éste código es sagrado pues gracias a él somos capaces de vivir en orden y armonía.

Cuando Dios es quién gobierna en nuestra casa, entonces toda escritura inspirada por su amor, es nuestra máxima pasión. La Biblia nos enseña a guardar sus mandamientos, aquello qué proclame debe ser cumplido amorosamente, no como obligación tortuosa, sino con corazón alegre.

No solo se trata de construir un hogar desde la individualidad, qué también es un aspecto importante, sino principalmente desde la conexión con Dios. La comunión con él, es el primer pilar a tener en cuenta para llevar a cabo la construcción de un hogar cristiano.

2. Templo de Dios (Hechos 2:46-47)

Nuestro hogar debe ser construido para ser templo de Dios. Mas allá del espacio en el qué vivimos, debemos prepararlo para qué sea pacífico y podamos sentir qué él manifiesta de su gloria y poder.

¿Cómo es posible lograr esto? A través de la oración, el encuentro sincero y la obediencia. Cuando no nos olvidamos del Padre y reforzamos nuestra conexión con él, podremos sentir su presencia en cada rincón qué habitemos.

Quiere decir qué debemos hacer una limpieza espiritual, guardar los hábitos qué nos identifican y guardarnos del pecado cuyo fin es alejarnos de Dios.

Leer la biblia, escuchar alabanzas y compartir en su nombre, no son actividades únicamente hechas para la iglesia. Sí todo esto se hace en comunión familiar, Dios toca corazones y transforma nuestras vidas en luz para poder glorificarse.

¡Nosotros mismos debemos ser la iglesia! En esa reunión y adoración constante, él nos entrega de su gracia, capaz de darnos amor y perdón.

3. Alejarse de la envidia (Éxodo 20:17)

En los hogares mundanos suelen compararse unos con otros, provocando así envidias y murmuraciones entre sí. Cuando Dios es quién construye nuestra casa, pecar de ésta manera está prohibido, ninguno debe codiciar lo qué tiene el otro.

El éxito de nuestro hermanos debe servir de inspiración en nuestras vidas, mas no para auto-sabotearnos. Debemos entender qué cada hogar vive un proceso distinto y tiene un diseño especial e irrepetible. No tenemos porqué ser iguales a un prototipo para alcanzar la perfección.

Dios ha dotado a toda su creación de cualidad únicas. Debemos buscar cual es la nuestra y cómo ésta puede destacar la luz en nuestra casa. De esto se trata la verdadera prosperidad en el hogar cristiano qué sirve a Jehová.

II. Un hogar construido por Dios – Edificar sobre la roca

1. Ser sólidos en acciones (Mateo 7:21-29)

El hogar construido por Dios debe ser firme mediante la fe. No se trata solo de decir palabras sin expresar su significado a través de nuestro carácter. Debemos ser ejemplo vivo del Evangelio.

Jesús enseñó qué un cristiano sólido, aquel qué ponía en práctica sus enseñanzas, era fuerte y resistente. Para ilustrar contó la parábola de la casa edificada sobre roca, siendo la roca esa fe en el Espíritu Santo. Cuando la conseguimos nada puede apartarnos de ella.

De igual manera, así en comunión, nosotros debemos preocuparnos por hacer cumplir lo qué predicamos. No solo en los momentos de felicidad, pues eso sería lo mas fácil; sino también cuando debamos vivir adversidad.

Sí en cambio hacemos nuestra propia voluntad, Jesús explica qué somos semejantes a quién construye su casa sobre arena. Es decir débil y expuesto a la tormenta, sin una base sobre la cual confiar.

2. Proveer en la adversidad (1 Timoteo 5:8)

El hogar debe estar unido tanto para compartir en las celebraciones, cómo en los momentos de dolor. Cuando los problemas ocurren y las soluciones parecen distantes es cuando la fe mas firme debe permanecer. Esto significa qué hemos hecho la ley de Jehová nuestra dirección.

Debemos convertirnos en proveedores para los nuestros. No solo de recursos materiales, pues también hay muchas otras maneras de entregar valor, incluso de mayor utilidad qué lo tangible.

Se trata de aprender a proveer los frutos del Espíritu Santo en comunión y de manera incondicional. Jesús es un gran ejemplo sobre cómo ser un buen proveedor. Su fe llegaba a puntos inimaginables y gracias a ello su hogar en peregrinación siempre era salvado del pecado.

3. Vivir con gratitud (1 Tesalonicenses 5:16-18)

Uno de los valores principales qué debe constituir a un hogar construido por Dios es el agradecimiento. La voluntad del Padre es qué podamos reconocer y dar gracias por todo con lo qué nos ha bendecido. En estos tiempos plantearnos tener un hogar es un verdadero privilegio.

No solo se debe dar gracias por las cosas materiales. Debemos amar y agradecer hasta el aire qué respiramos, pues es un regalo de parte de Dios. ¿De quién depende nuestra vida sí no es de él? Agradecemos cuidando y orando sin césar para qué ésta gracia siga creciendo sin precedentes.

Incluso nuestra gratitud debe superar los límites de aquello qué aún no hemos vivido, esto solo es posible sí somos constantes en nuestra fe. Cuando confiamos plenamente en Dios, no hay duda qué pueda derribar aquello qué con tanto empeño hemos edificado.

Conclusión

El proceso de construir un hogar es interminable. Constantemente debemos estar expuestos a conflictos, soledades y molestias, de esto se trata vivir en el mundo. Sin embargo, nosotros no somos iguales al mundo. Nuestro Padre nos ha diseñado para qué podamos marcar la diferencia y a través de ella estar a salvo.

Es decir qué nuestro hogar no se basa en lo superficial, sino en algo mucho mas importante qué es la presencia de Dios. Para él vale mas la humildad de nuestros corazones qué los objetos qué ocupen espacio en una sala de estar.

Un hogar cristiano necesita ser templo de Dios y reflejo absoluto de su ley. Requiere de mucha valentía y educación pues la disciplina siempre es incómoda pero necesaria para alcanzar el éxito. También necesita de gratitud para poder reconocer los milagros y la transformación en nosotros.

Sin duda la pieza principal de un hogar construido por Dios es el amor. Sin amor sería imposible llevar todo esto a cabo, pues es la fuerza principal de energía qué el Creador nos dio.

© José R. Hernández. Todos los derechos reservados.

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