El dinero

Predicas Cristianas

Normalmente no nos gusta que nos toquen los temas del dinero en la iglesia, los vemos complicados por las fortalezas creadas en el mundo, normalmente no los vemos bien y no nos agradan, pero debemos entender que esto pasa porque no estamos cumpliendo con lo que Dios establece en Su Palabra.

Cuando cumplimos con lo que Dios establece no tenemos problema con lo que se hable, no hay problema que nos hablen de los recursos porque al estar bien con Dios en eso no nos va a afectar lo que diga la Palabra, sino que nos vamos a gozar porque estamos haciendo lo que debemos hacer.

Es como cuando una persona está viviendo en pecado y se habla desde el púlpito en relación a ese pecado específicamente, la persona se siente incómoda, se siente mal y siente que la predicación fue porque alguien fue a decirle al pastor que estaba en ese pecado, y cree que la palabra se preparó para él, pero la palabra de Dios se prepara para que vaya a todos, que nos alimente a todos, y que nos fortalezca a todos.

Leamos la Palabra de Dios en 2 Corintios 9:5-8 “Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.

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Cuando Dios nos bendice, nos da en abundancia y recibimos bastante, ¿Cuánto le tenemos que dar a Dios?, le seguimos dando el diezmo; para recibir la plenitud de las bendiciones, por lo menos una vez al año necesitamos recordar los compromisos económicos que tenemos con Dios, y si hablamos una reunión en relación al dinero nadie se debe incomodar sino que todos se deben sentir bien.

En la Palabra de Dios encontramos tres cosas importantes en relación al dinero, la primera son los diezmos, y dice el Señor: Todos los diezmos deben ser consagrados a Dios, pues a Él le pertenecen, es decir que el diezmo no es algo que nos pertenezca a nosotros, y eso lo debemos tener claro, cuando nos pagan, de lo que recibimos, hay una parte que es de Dios, no es nuestro, eso ya es de Dios.

Dios así lo establece, incluso como vio que el pueblo no cumplía le dijo: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas” Malaquías 3:8; también nosotros muchas veces tenemos la intención de dar el diezmo pero no se lo damos completo por alguna razón, y es de esto que también habla Malaquías, pues si le tengo que dar diez y no le doy nada, o le doy menos, le estoy robando, el diezmo es lo que Dios exige y no es tuyo.

Cuando doy el diezmo al Señor, Él reprende y echa fuera al devorador para que no malgaste mis recursos; yo no puedo orar y sujetar al devorador para que no malgaste mis recursos porque es algo que Dios hace personalmente como lo promete en la Palabra; mientras que con la ofrenda estoy sembrando para tener más recursos, es una siembra, y si yo siembro una cantidad, voy a poder cosechar en esa cantidad, “esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” 2 Corintios 9:6.

La ofrenda es lo segundo, tengo que ofrendar, y si no ofrendo porque diezmo, dice el Señor que le estoy robando, y la ofrenda es algo que se desprende de mi corazón para adorar a Dios; tengo que ofrendar lo que yo quiera, no hay una cantidad sino lo que considere en mi corazón de acuerdo a mis recursos, no hay un límite.

Decíamos que tenemos que ofrendar de acuerdo a la voluntad de Dios, quien establece dar también las primicias, aunque no estamos acostumbrados a dar, más bien estamos acostumbrados a recibir, por lo que tenemos que analizar qué es lo que damos para no dar lo que no nos sirve, o lo que nos sobra.

Muchas veces pensamos: Si doy, se me acaba, entonces mejor no doy; tengo tantos gastos que no me alcanza para dar, no puedo dar; y así nos metemos en un círculo en donde estamos declarando y manifestando miseria, estamos declarando pobreza y necesidad, y la manifestamos para con Dios.

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¿Por qué le voy a ofrendar a Dios?, es mucho dando primicias, mejor doy nada más que el diezmo, y cuando pueda….., aun sabiendo que la Palabra nos enseña que cuando damos, vamos a recibir, que si nosotros sembramos vamos a cosechar, pero si no sembramos no vamos a tener jamás una cosecha, es una ley natural.

Simbólicamente, antes de venir al Señor vivíamos en Egipto, vivíamos en el pecado, vivíamos conforme lo establecía el enemigo, esa era nuestra condición; pero cuando aceptamos a Cristo, le recibimos en nuestro corazón, nos arrepentimos de nuestros pecados, y empezamos  caminar en la voluntad de Dios, espiritualmente somos sacados de la tierra de servidumbre, y somos llevados a la tierra prometida.

A una tierra de bendición, una tierra en la cual hay prosperidad, hay bendición, hay bienestar, hay salud, es una tierra diferente a la que vivíamos; y si sigues viviendo en las mismas condiciones hoy que antes de recibir a Cristo, entonces hay problemas y tú tienes que ver por qué están las cosas así.

Tu condición hoy debe ser mejor, debe ser diferente que la que tenías antes, si es igual o peor es porque no estás haciendo lo que Dios establece, algo está fallando y lo tienes que revisar para encontrar qué estás haciendo mal, en qué estás fallando, para que puedas ser bendecido y prosperado.

¿Qué quiere decir el Señor con esto?, que debes confiar en que lo que le estás dando a Dios, porque es algo que ya tienes en tu mano y que sabes que va a seguir la bendición durante toda la vida mientras sigas haciendo y dando lo que Dios te manda; es la convicción que tenemos, que Dios nos va a prosperar, nos va a multiplicar nuestros bienes, entonces “dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” Lucas 20:25.

Dios santifica lo que damos, y al santificar lo que damos está santificando todo lo que vendrá; si yo traigo mis diezmos, ofrendas, y primicias Dios las santifica y queda santificada toda la cosecha que voy a recibir y lo que ya estoy recibiendo de bendición por adelantando, dar a Dios lo que es de Dios es decirle: Yo sé que tu mano de bendición va a estar conmigo pues ya santificaste todo lo que voy a recibir, y te doy gracias por todo.

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Muchas veces la falta de conocimiento en relación al dinero, en otros casos la falta de conciencia, o la ignorancia del tema, hace que no tengamos la bendición y la prosperidad que debemos tener en nuestra vida como hijos de Dios.

A Dios le tengo que presentar lo mejor de mí, y es por esa razón que debemos tener un cambio en nuestro corazón, por eso tenemos que tener cambios en nuestra vida, tenemos que quitarnos las obras de la carne, porque si no lo hacemos, ¿Qué vendríamos a presentarle a Dios cuando venimos a adorarle, cuando levantamos nuestras manos?; sería como decirle: Señor, te adoro con todo mi corazón, con mi corazón lleno de alcoholismo, de adulterio, de drogas, de resentimiento, de soberbias, de falta de perdón; con mi corazón lleno de mentira, lleno de discordia…, ¿Crees que esa ofrenda la recibiría el Señor?.

Dios, cuando le traemos algo, mira primero nuestro corazón “porque Dios ama al dador alegre” 2 Corintios 9:7, entonces tengo que venir con un corazón transformado, donde haya frutos del Espíritu para que cuando levante las manos y adore a Dios, le esté diciendo: Señor, mira mi corazón, te adoro con todo mi corazón porque tengo amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza, porque ahora camino como Cristo, te adoro con estos pensamientos que son los de tu Hijo.

Fíjense que no dice la Escritura que Caín había escogido lo mejor, eso significa que tomó algo, tal vez hasta mucho, pero no lo seleccionó, y esa ofrenda la trajo a Dios y le dijo: Aquí está, pero Dios vio el corazón y dijo: No puedo tomar esta ofrenda, no es grata pues no cumple con lo establecido, no fue preparada, no fue lo mejor, y Dios no quiere que nos presentemos y levantemos delante de Él ofrendas, primicias y diezmos así porque sí, tiene que salir de nuestro corazón como lo mejor, convencido que eso es lo mejor.

Hoy declaramos que tenemos bendiciones porque es una promesa de Dios, y que tenemos trabajo porque Él nos lo da, y tenemos recursos económicos porque la mano de Dios nos está bendiciendo, y lo tenemos que reconocer así como reconocemos los milagros, las sanidades, y toda la bendición que nos trae, pero también reconocemos que eso es suyo y hay una parte que tenemos que dar si queremos ser bendecidos por el Señor, si queremos tener prosperidad.

Oremos: Bendito Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo te damos gracias por tu Palabra, porque así como nos guías en otras áreas, también nos guías en la prosperidad económica; porque así lo estableciste, sabemos que para ser bendecidos necesitamos dar, porque más bienaventurado es dar que recibir.

Señor queremos reconocerte, pero Padre, nos cuesta trabajo, nos es difícil porque hemos nacido en un mundo que nos ha enseñado que no tenemos que dar, sino que tenemos que recibir; que no nos tenemos que gozar por dar, sino que nos tenemos que gozar cuando nos den.

Pero necesitamos que a través de tu Espíritu Santo nos fortalezcas para cambiar nuestra mentalidad, y tener en mente de que al dar vamos a recibir y vamos a ser bendecidos; Señor, ayúdanos para que hagamos conforme a tu propósito, sabiendo que no puede haber prosperidad económica si no damos, si no tenemos el hábito de dar lo que tú estableces que demos.

© Luis Coria. Todos los derechos reservados.

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Acerca de Luis Alberto Coria

Mi nombre es Luis Alberto Coria, estoy casado con Nora Griselda Correa y tenemos cuatro hijos. Soy un fiel seguidor de la palabra de Dios.

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